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La cultura de la coca andina
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



Con todo es necesario identificar que la hoja de coca se encuentra desde 1961 ubicada como una droga ilegal. Aunque su consumo químicamente responde a los parámetros de un alimento.(30) Contrariando el sentido tradicional del uso de la coca, las Naciones Unidas han reconocido que el sistema de fiscalización de estupefacientes creció bastante desordenadamente y su complejidad llevó a refuncionalizar su sistema de fiscalización. Por ello en 1961 a la par del opio se incluyó el "arbusto de coca y el cannabis en la lista de plantas cuya producción se somete a fiscalización internacional".(31) Asimismo en dicho momento se estableció la permanencia de determinados monopolios nacionales, con el objeto de imponer a los Estados "la obligación específica de limitar la producción de plantas de estupefacientes exclusivamente a la cantidad necesaria para fines médicos y científicos".(32)

Por ello conviene remarcar que el uso de la coca es diferente al consumo de la cocaína y la más nítida diferencia es el precio de cada uno de esos productos en el mercado consumidor de drogas y en la correspondiente estructura de clases y cultura de los consumidores.(33) Así, resulta aportadora la visión que Enrique Mayer nos apunta al sostener que la coca queda ubicada en la categoría de los bienes de lujo, en la misma medida en que dichos bienes son "intensamente intercambiados, repartidos, distribuidos y convertidos en otros bienes equivalentes".(34) En ese sentido nos apunta que la coca fue la primera "mercancía" del mundo andino. Agregando en esa interpretación que la coca, es:

Una mercancía porque tiene valor de cambio, porque circula ampliamente entre todos los integrantes de la economía campesina. Pero la coca no sólo es una "mercancía" sino que es la mercadería con mayor liquidez que muchas otras. La coca funciona en la economía campesina como cuasi-moneda en competencia con la moneda nacional. Es cuasi-moneda porque cumple con las principales funciones de toda moneda: como medio de intercambio, como standard de pagos diferidos y como medio de acumulación de riqueza.(35)

Así, quienes acullican representan en el imaginario social un indicador de pobreza y es evidentemente un rasgo de la cultura tradicional andina. Esta diferenciación social en la perspectiva económica muestra que el gasto promedio mensual en el consumo de hojas de coca es "aproximadamente, 20 a 30 bolivianos (de 5 a 6 dólares). En algunas empresas mineras se les descuenta esta cantidad del salario para la compra y dotación de hoja de coca".(36) En tanto que el precio del consumo de clorhidrato de cocaína en el mercado internacional se encuentra reservado mayoritariamente para sectores económicamente ubicados en otras clases de la pirámide social.

El consumo de la cocaína en ellos, no tiene en esencia un carácter semejante al uso que se le imprime en la cultura tradicional andina. Por el contrario, el consumo en otros grupos sociales de América Latina y en otros mercados, principalmente como los de Estados Unidos y Europa, tienen la función de responder a las necesidades generadas en la dinámica de una sociedad industrial en la que se pretende maximizar las actividades y su rendimiento. O bien, se consume la cocaína para el disfrute recreacional durante el tiempo libre. De esta manera podemos distiguir claramente el consumo de coca y el de cocaína. En ese sentido,

Las funciones multiples y significación cultural de la coca para la población indígena es hoy un paradigma de la antropología andina contemporánea. (...) La tragedía del narcotráfico domina la escena e impide el desarrollo de una legislación y una política adecuada para el tratamiento de este complejo cultural tan íntimamente vinculado y afectado por el comercio ilícito de la cocaína.(37)

Finalamente, un elemento relevante que debemos de tomar en cuenta en el consumo de drogas en los países latinoamericanos, en especial por los que transita la producción de cocaína y otras drogas, es que en el largo y complejo camino a los principales mercados consumidores (Estados Unidos, Canadá y Europa), en ellos un determinado volúmen queda para el consumo doméstico, lo que manifiesta un lento pero creciente aumento en el consumo local, lo que también hace crecer las redes locales para la distribución y comercialización de esos productos.

Otro elemento nos muestra que dentro de los indicadores socio-económicos del consumo de drogas en Latinoamérica figuran como condicionantes la acelerada urbanización y el crecimiento de la pobreza.(38) Condiciones que han generado que casi en todos los grandes centros urbanos latinoamericanos se gesten condiciones para provocar en los sectores marginados y pauperizados una tendencia antisocial que favorece el consumo de drogas, particularmente entre los jóvenes. Ese segmento de la población latinoamericana, visto desde una visión resilente, muestra un escenario social donde hay:

Ausencia de redes formales e informales que apoyen su desarrollo positivo, pobreza, disponibilidad de drogas, ausencia de vínculos significativos, carencia de habilidades y competencia que refuercen su autoestima y un alto grado de violencia social e intrafamiliar.(39)

Por último podemos concluir, reconociendo el hecho de que la demanda interna de drogas es un fenómeno en el que viven inmersos un numeroso grupo de naciones de América Latina. Esa demanda es a su vez un reflejo de cómo el consumo de drogas prohibidas tiende globalmente a incrementarse. En virtud de esas condiciones se puede identificar que en los países pertenecientes a la región pero también en el mundo entero, las drogas son consumidas con mayor frecuencia por los jóvenes. El paradigma del modelo de consumo estadounidense es un elemento ideológico que incide en gran medida en el uso de drogas en la región, pero también es un reflejo del crecimiento del poder del narcotráfico en América Latina a nivel del proceso de comercialización de sus mercancías como la coca andina.

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(30) La hoja de coca de aproximadamente 100 gramos contiene: "18,9 calorías de proteína, 45,8 milagramos de hierro,1,540 miligramos de calcio y vitaminas A, B1, B2, E y C, que es más que la mayoría de las nueces, de acuerdo con un estudio de 1975 de un grupo de profesores de la Universidad de Harvard",(DE,12/10/00:http://cnnenespanol.com.2000/latin/BOL/10/12/coca/index.html, p. 2).

(31) Las Naciones Unidas y la fiscalización del uso indebido de drogas, p. 75.

(32) Ibid.

(33) Véase en el cuadro 8 la diferencia tan extrema entre los precios de la hoja de coca y la cocaína.

(34) "El uso social de la coca en el mundo andino: contribución a un debate y toma de posición", en: La coca andina. Visión indígena de una planta satanizada, p. 130.

(35) Ibid.

(36) Butrón G., Kathia, et al., Coca y cocaína. El consumo en Cochabamba, p. 74.

(37) Alejandro Camino, "Coca: del uso tradicional al narcotráfico", en: García-Sayán, Diego (editor), Coca, cocaína y narcotráfico. Laberinto en los Andes, Lima, Comisión Andina de Juristas, 1990, p. 98.

(38) Los niveles de pobreza en el mundo han crecido de manera general. Situación que ha sido reconocida por la asamblea anual que en 1999 realizaron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Para esas instituciones financieras internacionales la pobreza se muestra en indicadores tales como el hecho de que tres mil millones de personas viven con menos de dos dólares por día, Novedades, México, 29 de septiembre de 1999, p. B3. En lo que corresponde a la región latinoamericana, la CEPAL señaló durante la reunión preparatoria de la Cumbre Iberoamericana de 1999 que un cantidad de 200 millones de personas se ven afectadas por la pobreza, cifra que es superior a los 136 millones de pobres que había en 1980, Novedades, México, 3 de septiembre de 1999, p. B4.

(39) Ma. Elena Castro Sariñana, "Modelo de prevención de riesgo psicosocial en la adolescencia: 'Chimali'", en: Unidos por una sociedad libre de drogas. Contribución de expertos en reducción de la demanda de drogas de México y Centroamérica, p. 13.

 
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