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La Expedicion del Granma por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Así fueron llegando un buen número de hombres a México,
los que se agregarían a aquellos que ya tenían avanzados
algunos preparativos. Del grupo de los 82 que salieron en el Granma,
la estadística sobre sus características revela que el promedio
general de edad era de 27 años. Una cuarta parte de ellos había
participado en las acciones de asalto a los cuarteles Moncada y Carlos
Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953. La mayoría tenía
como ocupación la de empleado. Más de la mitad había
alcanzado sólo la escolaridad primaria y apenas diez contaban con
una preparación universitaria o equivalente.
El exilio en la vida de los militantes revolucionarios ha sido una constante
siempre presente en sus anhelos libertarios. Para el exilio latinoamericano,
México es y ha sido tradicionalmente la casa imprescindible de
los hombres emancipadores de la gran patria latinoamericana. En México
han encontrado afecto, comprensión y un gran apoyo solidario hombres
de gran talla por su integridad moral y política. La lista es larga
y en ella se destacan José Martí, Julio Antonio Mella, Augusto
C. Sandino y, por supuesto, Fidel Castro y gran parte de los expedicionarios.
Por ello no es casual que de tierras mexicanas haya partido -e iniciado
también en gran medida-, la gesta del Granma.
Así como Fidel, todos los futuros combatientes del Ejército
Rebelde en su lucha contra la dictadura batistiana tomarían como
ejemplo las grandes gestas emprendidas por el pueblo mexicano en su historia.
Ellas representaban un gran estímulo para fortalecer su conciencia
latinoamericana y antiimperialista. El 10 de octubre de 1955, cuando el
M-26-VII conmemoraba el aniversario de la guerra que en 1868 iniciara
Carlos Manuel de Céspedes, Fidel Castro pronunció ante el
monumento a José Martí en la ciudad de México, un
emotivo discurso en el que afirmaba: El
que les habla aquí, puede asegurarles que el pueblo cubano se prepara
para librar la batalla decisiva, y no son palabras. Algún día
volveremos aquí para hablar de Bolívar, para hablar de Juárez,
para hablar de Sucre, para hablar de Hidalgo, de Morelos, de Martí,
de Cárdenas, de Madero, de Sandino, de todos los próceres.
Vendremos aquí con un pueblo libre, con un pueblo libre de Cuba
en la mano, y les diremos a los exiliados de los demás países:
allá también tienen, como en México, una patria donde
puedan vivir, una patria donde puedan prepararse para la batalla final.
Quien les habla aquí, quiere aprovechar la oportunidad para expresarles
quizás uno de los sentimientos más fervorosos de veneración,
de admiración y de respeto.
Nuestra admiración y nuestro respeto por los niños héroes
de México. Esos niños héroes cuyo espíritu,
como dijera el compañero Juan,(1)
va reencarnando en la juventud mexicana. Es decir, ustedes jóvenes
de México, pueden sentirse orgullosos, pueden sentirse convencidos
de poseer una de las mayores fortunas espirituales que haya poseído
ninguna juventud en el mundo. Este ejemplo extraordinario de los héroes,
allí donde cayeron, allí donde están esculpidos para
siempre en piedras sus nombres, allí es un lugar donde muchas veces
los exiliados cubanos vamos a tomar aliento, vamos a tomar fe, y vamos
a inspirarnos en su ejemplo.
Cuantas veces me detengo allí, junto a la torre majestuosa que
se alza en lo alto del templo, me parece verlos caer envueltos en la bandera
mexicana y subir de nuevo luego, hacia el cielo, para convertirse en estrellas
que guíen para siempre el decoro y la dignidad del pueblo mexicano.
Y yo envidio a los niños héroes de México, porque
los admito también, y creo que los niños héroes pertenecen
a México y pertenecen también a América, porque cayeron
luchando contra el imperialismo que ha puesto sobre toda la América
sus garras.
Y cuando veo aquel monumento de piedra, y cuando veo aquellas columnas
que en forma de antorchas se levantan, veo a la madre patria con aquelos
niños mártires en sus manos, veo aquellas águilas
con el pico mirando hacia el cielo y el pecho erguido en actitud desafiante,
porque jamás había visto nada tan imponenteque esas águilas
mexicanas; cuando veo todo eso, comprendo que aquellos que una vez osaron
pisar con sus plantas la tierra mexicana, cuando se detienen frente a
todos esos símbolos vivientes de la dignidad del pueblomexicano,
digo que esos que pisotearon y profanaron unavez la tierra azteca, esos
tienen que comprender que aquella guerra no fue una guerra perdida sino
que fueuna guerra ganada para la dignidad de México.
Mexicanos
y cubanos, reafirmemos la fe, reafirmémosla
Dentro de los problemas que el exilio cubano tuvo que afrontar, estaban
las propias dificultades de realizar la preparación del operativo,
situación que requería un discreto y reservado accionar.
Por otro lado, los servicios secretos de la seguridad del régimen
batistiano realizaron una serie de diligencias con algunos funcionarios
mexicanos, que provocaron la persecución contra los revolucionarios
cubanos. Un espacio relevante en esos acontecimientos lo ocupó
la Embajada de Cuba en México. Incluso desde ella se planearon
atentados que buscaban la eliminación física de Fidel Castro.
La noche del 20 de junio de 1956 se lleva a cabo por parte de la policía
mexicana la detención de Fidel Castro, Ramiro Valdés y Universo
Sánchez, así como la consiguiente detención en días
posteriores de otros miembros del M-26-VII y de algunos colaboradores
de esa organización. Algunos
de los detenidos fueron sometidos a crueles torturas y a diversos vejámenes
por parte de la policía. Después de que autoridades judiciales
ordenaron la libertad de un buen número de detenidos, incluso en
contra de las órdenes dispuestas por la Secretaría de Gobernación,
seguían presos Fidel Castro, Ernesto Guevara y Calixto García.
Fue sólo a través de la gestión del general Lázaro
Cárdenas ante el entonces presidente de México, Adolfo Ruiz
Cortines, que se logró la liberación del principal dirigente
del Movimiento. Al poco tiempo de recobrar su libertad, Fidel se entrevistó
con el ex presidente Cárdenas.
Para prevenir situaciones semejantes, gran parte de los integrantes del
operativo del Granma se trasladaron al interior del país.
Algunos de los puntos elegidos fueron tanto la ciudad de Jalapa como el
puerto de Veracruz; de estas ciudades saldrían más tarde
contingentes hacia Tuxpan para embarcarse en la misión.
Uno
de los principales preparativos de la expedición fue la necesidad
de conseguir la embarcación que fuera capaz de viajar de las costas
de México a las de Cuba. Ésta fue una de las preocupaciones
técnicas de Fidel. En una ocasión, cuando Fidel revisaba a mediados del año de 1956 un catálogo de armas, le llamó la atención una foto que apareció impresa; en ella aparecía una lancha torpedera PT. La característica de ella era la de poseer gran velocidad, maniobrabilidad y contar con una artillería de cañones de 40 mm., además de los torpedos, a lo que se sumaba la capacidad de los generadores de humo que les permitía ocultarse en su huida. En fin, este tipo de nave resultaba muy accesible para los propósitos expedicionarios. Primeira
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Página (1). Juan Juarbes, exiliado político puertorriqueño, se encontraba presente en aquel acto junto a su compatriota Laura Meneses de Albizu Campos y la cubana Eva Jiménez Ruiz -colaboradora del Movimiento-, también exiliadas residentes en México. |
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