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La Expedicion del Granma
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



Desde el día 29, nosotros teníamos por todos aquellos lugares, camiones, jeeps y tanques de gasolina. Había grupos de Manzanillo y de Campechuela; pusimos conocedores de la zona en todos los lugares.

También teníamos contacto con la familia de Crescencio, los Acuña, por si acaso desembarcaban por allá. Teníamos también a Carracedo, que le decían el Jabao; al hijo de Crescencio, Ignacio, que después murió en el combate de Jiguaní, que era tirador de caña del Central.

A la gente de Campechuela las mandamos para el monte, para que fueran preparándose. A todas éstas, sin armas, porque sólo teníamos dos M-1.

Cuando el desembarco estábamos en la Sierra. Llegamos la madrugada del día 29 a casa de Crescencio. Nos pasamos todo el día 30 esperando. Cuando nosotros llegamos a casa de Crescencio, le dije: "Crescencio, levántese; Fidel llegó por aquí y usted se tiene que ir con toda la gente suya a esperar a que llegue, sin decirle nada a nadie". Crescencio de lo más apacible, dijo: "Un momento". Fue al cuarto y al rato salió ¡de punta en blanco!: con zapatos bajos, guayabera, lacito y un sombrero de fieltro, como si hubiéramos estado en una fiesta y no en el campo. Y con un revólver a la cintura. En Niquero, Fajardo y su gente se encerraron en una nevera de una fábrica de hielo que, por suerte, no estaba fría.

Aquel levantamiento armado en Santiago de Cuba, si bien no se constituyó en un éxito militar, sí fue por el contrario una victoria política que logró elevar la moral combativa del pueblo y de la juventud cubana. Por las calles santiagueñas resonaron los gritos de: "¡Fidel ya está en Cuba!". Tras cinco horas de intenso combate, las fuerzas revolucionarias comenzaron a replegarse: "Encontré a Fidel conturbado, -relata Faustino Pérez- escuchando el radio, al mediodía del 30 de noviembre: esa era supuestamente la fecha del desembarco. Sabía del estallido, revolucionario en Santiago de Cuba y se mostraba preocupado".

Al caer la noche sobre el Granma, todos sus hombres se encontraban terriblemente inquietos. En Cuba todas las tropas se encontraban acuarteladas. La vigilancia, el cateo y las medidas de seguridad eran permanentes en el accionar de las fuerzas armadas batistianas


Culmina la travesía

El primero de diciembre el Granma ponía la proa en línea recta hacia Cuba. Por la noche de aquel día la Fuerza Aérea del Ejército cubano recibía órdenes de rastrear un yate de 65 pies con bandera mexicana. En la madrugada del 2 de diciembre se buscaba inquietamente el faro de Cabo Cruz. Era una noche negra, de temporal. La tripulación se encontraba demasiado preocupada.

El ex-teniente de la Marina de Guerra, Roque, buscaba afanosamente hacia el Este -continúa con su relato Faustino Pérez-, se veía moverse con prisa y consultar a menudo con Fidel. Por fin, subió al techo del yate y súbitamente se escuchó el impacto seco de su caída al agua.

"¡Hay que salvarlo!" -oí ordenar a Fidel.

Vivimos minutos angustiosos en la penumbra de la madrugada. Todos sentíamos los clamores desesperados de Roque. Nadie le veía. El "Granma" viró en redondo, inútilmente

Transcurrían los minutos, pero Fidel requirió un esfuerzo más.

A poco se oyó con desfallecimiento:

"¡Aquí... Aquí... Aquí...!"

Y un compañero, vista de águila y linterna en mano, logró localizarlo: ¡Estaba salvado Roque!

Aquella búsqueda duró más de una hora. Los víveres y el agua estaban a punto de acabarse. El combustible del Granma se iba a agotar de un momento a otro. La luz del amanecer iluminó la reiniciación de la marcha. Parecía interminable la travesía. En el horizonte, se dibujaba la silueta de lo que parecía tierra firme. Era una zona que defendía a la costa por una maraña de impenetrables manglares e infestada de insectos. Los expedicionarios se adentraron por aquella tupida selva. Se encontraban cerca de la playa de Las Coloradas. Después de cruzar el pantano, donde se perdieron diversos pertrechos y se lesionaron incluso varios hombres, el joven Ejército Rebelde pisó por fin tierra firme. Los combatientes llegaban extenuados, pero en sus labios se dibujaba la sonrisa del triunfo. Cuando apareció el primer campesino, extrañado y a la vez sorprendido por la presencia insólita de aquellos hombres, el principal dirigente de la expedición se adelantó y poniéndole la mano en el hombro le dijo: "¡Yo soy Fidel Castro... Estos compañeros y yo, venimos a libertar a Cuba...!"

Así concluyó la expedición del Granma y así también se inició la lucha guerrillera, la que después de consolidarse en la Sierra Maestra avanzó sobre el llano y estableció por primera vez en nuestra América el poder popular. Las palabras de Fidel Castro se cumplían: "...si llegamos entramos; y si entramos, hemos vencido". La divisa del Granma estaba sellada.


NOTA BIBLIOGRAFICA

Con el propósito de no recargar este artículo, se omitieron las citas bibliográficas al pie de página. La bibliografía consultada en la que se apoyó gran parte de este trabajo es la siguiente:

Thelma Bornot Pubillones et al., De México a la Sierra Maestra, México, Nuestro Tiempo, 1981; Fidel Castro, La Revolución Cubana 1953-1962, México, Ediciones Era, 1976; Fidel Castro et al., Todo empezó en El Moncada, México, Diógenes, 1973; Ernesto Che Guevara, Escritos y discursos, t.2, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1977; Carlos Franqui, Cuba: el libro de los doce, México, Ediciones Era, 1977 (Serie Popular Era, 5); Saverio Tuttino, Breve historia de la revolución cubana, México, Ediciones Era, 1979 (Serie Popular Era, 65).

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