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El impacto de la cultura mexicana en Centroamérica por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Este
es un trabajo colectivo, que me toco guiar en sus generalidades. El esfuerzo
mayor y decisivo se debe a la colaboración de jóvenes mexicanos,
también apasionados por la causa hondureña. Sin la colaboración
de ellos hubiera sido imposible elaborarlo con la rapidez que se requería.
El propósito de este trabajo es, por un lado, difundir aspectos
sustanciales en la conflictiva del país hermano por liberarse,
con toda razón, justicia y derecho, de los onerosos y opresivos
contratos obtenidos, por medios que rebasan toda legalidad y moral, por
las voraces bananeras y, por el otro, aportar información y argumentos
a favor del camino decisivo y deseado: la nacionalización. La tarea
tuvo que realizarse, por válidos motivos de oportunidad, en un
tiempo muy corto y con premuras inevitables. Ello lo hace susceptible
de precisiones de detalle, y de seguro también de estilo, pero
sin duda tendrá que ser eficaz en su objetivo solidario con el
pueblo hondureño.(48)
Asimismo destacó el trabajo testimonial sobre las relaciones del
movimiento obrero hondureño, centroamericano y mexicano que tuvieron
innegables contactos con el movimiento socialista mundial. Nos referimos
a la obra que dejó la sindicalista salvadoreña y que por
largos años vivió en México, Graciela García.(49)
De igual forma destacó también el trabajo editorial del
Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de Honduras (INSEH),
del Comité de Unidad Revolucionaria con el Pueblo de Honduras (CURPHO)
y de la oficina de la Comité de Derechos Humanos de Honduras (CODEH).
Estos organismos formados en la década de los ochenta, eran a su
vez expresiones orgánicas de los exiliados políticos hondureños
en México, cuando en Honduras se vivía la más fuerte
ofensiva contrainsurgente. Los centros de documentación de esas
instituciones y sus publicaciones, se convirtieron en una fuente recurrente
que proporcionaba información de Honduras, particularmente de temas
de la realidad económica, política y social durante la década
de los ochenta. Asimismo eran instancias de trabajo político que
funcionaban en coordinación con otros organismos mexicanos involucrados
en brindar solidaridad política, moral y económica a las
luchas de emancipación que en esos años libraban distintos
destacamentos organizados de en la región centroamericana.(50)
Un breve recuento de la producción en México de títulos
de obras sobre temas hondureños o de autores de ese país
lo podemos encontrar en las bibliografías existentes.(51)
En el caso de la influencia de la cultura popular mexicana en Honduras
es más que evidente. En el trabajo del historiador Rodolfo Pastor:
"Relaciones entre Honduras y México", él identifica ese
fenómeno de la siguiente forma: Hay
que decir también que si México tiene una ventaja natural
en lo que concierne al turismo, los hondureños la tienen en lo
que respecta al conocimiento mutuo, en parte -precisamente- porque muchos
más hondureños conocen México que mexicanos Honduras.
Aunque no sólo por eso. Hay hondureños que escriben México
con "j"; pero muy pocos que no tengan alguna idea de ese país.(52)
Abundando en esta percepción sobre otros alcances de las relaciones
entre Honduras y México, en un ámbito más social
y desde un enfoque crítico nos dice: Aun
cuando no hayan viajado a México los hondureños en general
saben acerca de la cultura popular mexicana por lo menos lo que aprenden
a través de la música industrializada o del cine comercial.
Pero no creo que haya más que un mexicano (me consta la solitaria
excepción) que conozca al campesino hondureño, su cultura,
sus expresiones plásticas y sus prácticas sociales... El
punto de diferencias es que en Honduras el profesionista, el turista reincidente
y el universitario entienden lo que leen en la prensa acerca de México,
entienden al hombre de negocios y al técnico viajero o al diplomático
mexicano, saben filtrar la información con el prisma de su experiencia
directa y, en cambio, pocos mexicanos pueden entender realmente la información
que les llega de Centroamérica en general y en particular acerca
de Honduras.(53)
Agregando algunos elementos significativos de la actitud de los mexicanos
hacia Honduras y de los hondureños hacia México, ése
autor en sus ideas escritas en 1984, cuando estaba en su momento más
crítico el conflicto centroamericano, nos afirma: Los
hondureños políticamente conscientes o activos tienen ideas
bastantes precisas, y sobre todo funcionales, acerca de lo que es México.
Saben casi siempre los nombres de las ciudades importantes, del presidente
en turno y a veces de algunos de sus secretarios; saben siempre un poco
de su mitología, algo de su historia (antigüedad mesoamericana,
colonia, independencia, imperio anexionista, intervenciones extranjeras,
niños héroes, Porfirio Díaz y la revolución)
y lo suficiente de su sistema político actual. En cambio, los mexicanos
que tienen un conocimiento aunque sea superficial (fáctico) acerca
de Honduras no pasan de unas docenas y suelen ser académicos desconectados
de la relación entre los dos países. Funcionarios de todas
las categorías fundamentan sus declaraciones sobre los informes
periodísticos, aunque la mayoría de los periodistas que
se pronuncian semanalmante en México sobre Honduras y Centroamérica
en conceptuosas columnas, que profesan sentidas opiniones y firman manifiestos
humanitarios, no saben en absoluto de qué hablan y parecen convencidos
de que leerse entre sí les basta para comprender la compleja realidad
ístmica. Aun en lo que toca a la información crónica,
los hondureños tienen una relativa ventaja, porque saben por un
lado lo que reporta sobre México la prensa internacional de cadenas
-obligada a cierta objetividad, pese a lo que diga la UNESCO- y, por otra
parte, lo que escriben autores como Carlos Fuentes y Octavio Paz, Luis
Spota y Luis Pazos, a quienes distintos sectores (intelectuales y empresarios)
de la opinión pública hondureña admiran, y que después
de todo, hablan con conocimientos directos de causa. Mientras muchos mexicanos
se conforman fácilmente con corroborar en el primitivismo naif
de la prensa comercial americana, los reportajes tendenciosos sobre Centroamérica
de cierta prensa local se refieren explícitamente a "cualquier"
o a "algún lugar" del área, sin que ni ese mínimo
grado de especificidad quede del todo demostrado.(54) Primeira
Página • Página
Anterior (47).
Cf. Gregorio Selser, Honduras, república alquilada,
México, Mex-Sur Editorial, 1983. Entre 1980 y 1990, Honduras mantuvo
en 500 kilimetros de su territorio a más de 15 mil combatientes
de los grupos contrarrevolucionarios nicaragüenses, mejor conocidos
como "contras" y a sus 43 mil familiares. Estos grupos fueron financiados
por el gobierno de los Estados Unidos y sus objetivos eran derrocar por
la vía militar al gobierno sandinista. (48).
Edmundo Valades, Los contratos del diablo, México, Editores
Asociados, S. A., 1995, p. 0 (El Papalote, 16) (49).
Cf. sus libros Páginas de lucha, Tegucigalpa, Editorial
Guaymuras, 1981, y Honduras, treinta años después, México,
Editorial Alzensa, 1978. (50).
Es necesario señalar que esos organismos en distintas ocasiones
contaron para su trabajo de difusión y denuncia con el respaldo
de universidades e instituciones de enseñanza superior de México.
Sin duda ese respaldo puede interpretase como el legado político
que dejaron las luchas por la autonomía universitaria en México
y Latinoamérica que se recogió en la conciencia del movimiento
estudiantil mexicano de esos años, como también por la destacada
presencia de una serie de profesores universitarios latinoamericanos,
que en su exilio político en México fueron acogidos en las
aulas universitarias. Pero sin duda un elemento fundamental para que en
México se haya desarrollado ese tipo de política solidaria
en distitos ámbitos del espacio político mexicano, descansó
en principios que emanaron del triunfo de la Revolución Mexicana:
el respeto a la soberanía y a la autoderminación. Principios
que fueron desarrollados desde los años veinte tanto por el gobierno
como por las distintas fuerzas políticas mexicanas. Por ejemplo,
la solidaridad a las luchas por el respeto a la soberanía y a la
autodeterminación en un contexto de luchas antimperialistas, se
plazmaron en la historia de México en el apoyo de amplios sectores
políticos y sociales a la lucha antidictatorial del cubano Julio
Antonio Mella; en el respaldo al anti-intervencionismo de Augusto C. Sandino;
en el envío de armas y refugio a los republicanos españoles;
en el apoyo los alemanes antifascistas; en el asilo a los exiliados guatemaltecos
trás el cruento del golpe de estado contra el gobierno democrático
del general Jacobo Arbenz Guzmán en 1954; en el asilo a los cubanos
antibatistianos así como en el apoyo a la expedicionarios del Gramna,
a la lucha revolucionaria que encabezó el comandante Fidel Castro,
en la condena al criminal bloqueo económico que por más
de treinta años ha impuesto el gobierno estadounidense contra Cuba
y en la oposición a las medidas unilaterales que contra el derecho
internacional esgrime la "Ley Helms-Burton"; en el apoyo a las luchas
que desarrollaron los sandinistas por el derrocamiento de la dictadura
de Anastasio Somoza y posteriormente en la fase de la reconstrucción
nacional. Asimismo en el reconocimiento y apoyo a las fuerzas insurgentes
de El Salvador y Guatemala (FMLN y URNG) en sus luchas por la liberación
nacional. (51).
Cf. del historiador hondureño Ramón Oquelí
su obra: Bibliografía sociopolítica de Honduras.
En ese trabajo bibliográfico se incluyen textos de diversos generos
y autores. Podemos encontrar en él numerosas publicaciones que
figuran con edición mexicana. Así identificamos entre otras,
las siguientes obras: Ricardo D. Alduvin, Una senda (s.e., 1946);
Ernesto Alvarado García, Legislación indigenísta
de Honduras (Instituto Indigenista Interamericano, 1958); Ramón
Amaya Amador, Prisión Verde (Ed. Latina, 1950) y Destacamento
Rojo (Eds. Palomar, 1962); Sanso Aro, Policarpo Bonilla (Imp.
Mundial, 1936); Comité Liberal Demócrata de Honduras
Homenaje a las víctimas de San Pedro Sula, (s.e., 1945); Filander
y Luis Díaz Chávez, Hacia una dialéctica del subdesarrollo
(Grijalbo, 1971); Graciela García A., En las trincheras de la
lucha por el socialismo (Costa Amic, 1975); Gilberto González
y Contreras, El último caudillo. Ensayo biográfico
(Costa Amic, 1946); Medardo Mejía, Yo acuso (Asociación
Revolucionaria Hondureña, San Juan de Letran 6, 1946); Alberto
Membreño, Hondureñismos Vocabulario de los Provincialismos
de Honduras, (Muller Hermanos, 1921); Lucas Paredes, Drama Político
de Honduras (Eds. Latinoamericana, 1959); Pedro Rivas y Rubin de la
Borbolla David F., Honduras Monumental, Histórica y Arqueológica,
(IPGH/Comisión de Historia, 1953) y José Angel Zuñiga
Huete, Cartas. Una actitud y una senda. Veleidades de un veleto (s.e.,
1949). Asimismo Oquelí nos incluye trabajos de tesis como las de
Carlos Córdova Pineda, La United Fruit Co. y sus influencia económica
y política (1962); Gustavo A. Gómez Pineda, Historia Económica
de Honduras (1954), y Orlando Hernández Alcerro, Actitudes de las
clases agrarias hondureñas. Un estudio de caso (Universidad de
las Américas, 1978). Conviene reiterar que la obra escrita del
más destacado intelectual hondureño del siglo XX, Rafael
Heliodoro Valle, es donde se encuentra la mayor riqueza de temas de Honduras
publicados en México. A su vez dicho autor fue uno de los hondureños
que más trabajó los aspectos medurales de la cultura y la
historia de México. Otra obra editada en México de Angel
Zuñiga Huete llevó por título Idolo Desnudo (1939). (52).
Mario Ojeda, (compilador), Las relaciones de México con los
países de América Central, México, El Colegio
de México, 1985, p. 128. (53).
Ibid., p. 129. (54).
Ibid., pp. 129-130. |
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