Universidade de São Paulo Faculdade de Engenharia de Sorocaba Banco Credibel S/A
 
Sobre o Labi Arte e Imagem Contato Agenda Cidadania e Movimentos Sociais Links Artigos e Publicações
Artigos e Publicações

El impacto de la cultura mexicana en Centroamérica
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



Y un tercer ejemplo que podemos mencionar, es el que se ha destacado dentro de las relaciones culturales de Honduras con México en lo referente a las publicaciones sobre temas de Honduras y de autores hondureños editadas en México. Es importante destacar, que buena parte de los temas abordados en las ediciones mexicanas, en su momento fueron temas cuya publicación en ese país centroamericano era más que riesgoso. Particularmente durante los largos periodos de dictaduras militares y durante la etapa en que predominó la política contrainsurgente. Momento en el que Honduras materialmente fue ocupada por tropas estadounidenses y efectivos de la contrarrevolución nicaragüense.(47) Situación que no sólo afecto a Honduras, sino también a buena parte de los países centroamericanos, lo que contribuyó en gran medida para que en México se publicaran diversos materiales sobre la realidad política de Honduras. Incluso un buen número de esas publicaciones fueron instrumento de denuncia sobre las condiciones de ocupación del país centroamericano, así como de las condiciones económicas y sociales del mismo. Por ejemplo, en este rubro destaca la aportación que realizó Edmundo Valades, quien en la presentación del libro Los contratos del diablo, advierte:

Este es un trabajo colectivo, que me toco guiar en sus generalidades. El esfuerzo mayor y decisivo se debe a la colaboración de jóvenes mexicanos, también apasionados por la causa hondureña. Sin la colaboración de ellos hubiera sido imposible elaborarlo con la rapidez que se requería. El propósito de este trabajo es, por un lado, difundir aspectos sustanciales en la conflictiva del país hermano por liberarse, con toda razón, justicia y derecho, de los onerosos y opresivos contratos obtenidos, por medios que rebasan toda legalidad y moral, por las voraces bananeras y, por el otro, aportar información y argumentos a favor del camino decisivo y deseado: la nacionalización. La tarea tuvo que realizarse, por válidos motivos de oportunidad, en un tiempo muy corto y con premuras inevitables. Ello lo hace susceptible de precisiones de detalle, y de seguro también de estilo, pero sin duda tendrá que ser eficaz en su objetivo solidario con el pueblo hondureño.(48)

Asimismo destacó el trabajo testimonial sobre las relaciones del movimiento obrero hondureño, centroamericano y mexicano que tuvieron innegables contactos con el movimiento socialista mundial. Nos referimos a la obra que dejó la sindicalista salvadoreña y que por largos años vivió en México, Graciela García.(49) De igual forma destacó también el trabajo editorial del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de Honduras (INSEH), del Comité de Unidad Revolucionaria con el Pueblo de Honduras (CURPHO) y de la oficina de la Comité de Derechos Humanos de Honduras (CODEH). Estos organismos formados en la década de los ochenta, eran a su vez expresiones orgánicas de los exiliados políticos hondureños en México, cuando en Honduras se vivía la más fuerte ofensiva contrainsurgente. Los centros de documentación de esas instituciones y sus publicaciones, se convirtieron en una fuente recurrente que proporcionaba información de Honduras, particularmente de temas de la realidad económica, política y social durante la década de los ochenta. Asimismo eran instancias de trabajo político que funcionaban en coordinación con otros organismos mexicanos involucrados en brindar solidaridad política, moral y económica a las luchas de emancipación que en esos años libraban distintos destacamentos organizados de en la región centroamericana.(50) Un breve recuento de la producción en México de títulos de obras sobre temas hondureños o de autores de ese país lo podemos encontrar en las bibliografías existentes.(51)

En el caso de la influencia de la cultura popular mexicana en Honduras es más que evidente. En el trabajo del historiador Rodolfo Pastor: "Relaciones entre Honduras y México", él identifica ese fenómeno de la siguiente forma:

Hay que decir también que si México tiene una ventaja natural en lo que concierne al turismo, los hondureños la tienen en lo que respecta al conocimiento mutuo, en parte -precisamente- porque muchos más hondureños conocen México que mexicanos Honduras. Aunque no sólo por eso. Hay hondureños que escriben México con "j"; pero muy pocos que no tengan alguna idea de ese país.(52)

Abundando en esta percepción sobre otros alcances de las relaciones entre Honduras y México, en un ámbito más social y desde un enfoque crítico nos dice:

Aun cuando no hayan viajado a México los hondureños en general saben acerca de la cultura popular mexicana por lo menos lo que aprenden a través de la música industrializada o del cine comercial. Pero no creo que haya más que un mexicano (me consta la solitaria excepción) que conozca al campesino hondureño, su cultura, sus expresiones plásticas y sus prácticas sociales... El punto de diferencias es que en Honduras el profesionista, el turista reincidente y el universitario entienden lo que leen en la prensa acerca de México, entienden al hombre de negocios y al técnico viajero o al diplomático mexicano, saben filtrar la información con el prisma de su experiencia directa y, en cambio, pocos mexicanos pueden entender realmente la información que les llega de Centroamérica en general y en particular acerca de Honduras.(53)

Agregando algunos elementos significativos de la actitud de los mexicanos hacia Honduras y de los hondureños hacia México, ése autor en sus ideas escritas en 1984, cuando estaba en su momento más crítico el conflicto centroamericano, nos afirma:

Los hondureños políticamente conscientes o activos tienen ideas bastantes precisas, y sobre todo funcionales, acerca de lo que es México. Saben casi siempre los nombres de las ciudades importantes, del presidente en turno y a veces de algunos de sus secretarios; saben siempre un poco de su mitología, algo de su historia (antigüedad mesoamericana, colonia, independencia, imperio anexionista, intervenciones extranjeras, niños héroes, Porfirio Díaz y la revolución) y lo suficiente de su sistema político actual. En cambio, los mexicanos que tienen un conocimiento aunque sea superficial (fáctico) acerca de Honduras no pasan de unas docenas y suelen ser académicos desconectados de la relación entre los dos países. Funcionarios de todas las categorías fundamentan sus declaraciones sobre los informes periodísticos, aunque la mayoría de los periodistas que se pronuncian semanalmante en México sobre Honduras y Centroamérica en conceptuosas columnas, que profesan sentidas opiniones y firman manifiestos humanitarios, no saben en absoluto de qué hablan y parecen convencidos de que leerse entre sí les basta para comprender la compleja realidad ístmica. Aun en lo que toca a la información crónica, los hondureños tienen una relativa ventaja, porque saben por un lado lo que reporta sobre México la prensa internacional de cadenas -obligada a cierta objetividad, pese a lo que diga la UNESCO- y, por otra parte, lo que escriben autores como Carlos Fuentes y Octavio Paz, Luis Spota y Luis Pazos, a quienes distintos sectores (intelectuales y empresarios) de la opinión pública hondureña admiran, y que después de todo, hablan con conocimientos directos de causa. Mientras muchos mexicanos se conforman fácilmente con corroborar en el primitivismo naif de la prensa comercial americana, los reportajes tendenciosos sobre Centroamérica de cierta prensa local se refieren explícitamente a "cualquier" o a "algún lugar" del área, sin que ni ese mínimo grado de especificidad quede del todo demostrado.(54)

Primeira PáginaPágina Anterior


(47). Cf. Gregorio Selser, Honduras, república alquilada, México, Mex-Sur Editorial, 1983. Entre 1980 y 1990, Honduras mantuvo en 500 kilimetros de su territorio a más de 15 mil combatientes de los grupos contrarrevolucionarios nicaragüenses, mejor conocidos como "contras" y a sus 43 mil familiares. Estos grupos fueron financiados por el gobierno de los Estados Unidos y sus objetivos eran derrocar por la vía militar al gobierno sandinista.

(48). Edmundo Valades, Los contratos del diablo, México, Editores Asociados, S. A., 1995, p. 0 (El Papalote, 16)

(49). Cf. sus libros Páginas de lucha, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1981, y Honduras, treinta años después, México, Editorial Alzensa, 1978.

(50). Es necesario señalar que esos organismos en distintas ocasiones contaron para su trabajo de difusión y denuncia con el respaldo de universidades e instituciones de enseñanza superior de México. Sin duda ese respaldo puede interpretase como el legado político que dejaron las luchas por la autonomía universitaria en México y Latinoamérica que se recogió en la conciencia del movimiento estudiantil mexicano de esos años, como también por la destacada presencia de una serie de profesores universitarios latinoamericanos, que en su exilio político en México fueron acogidos en las aulas universitarias. Pero sin duda un elemento fundamental para que en México se haya desarrollado ese tipo de política solidaria en distitos ámbitos del espacio político mexicano, descansó en principios que emanaron del triunfo de la Revolución Mexicana: el respeto a la soberanía y a la autoderminación. Principios que fueron desarrollados desde los años veinte tanto por el gobierno como por las distintas fuerzas políticas mexicanas. Por ejemplo, la solidaridad a las luchas por el respeto a la soberanía y a la autodeterminación en un contexto de luchas antimperialistas, se plazmaron en la historia de México en el apoyo de amplios sectores políticos y sociales a la lucha antidictatorial del cubano Julio Antonio Mella; en el respaldo al anti-intervencionismo de Augusto C. Sandino; en el envío de armas y refugio a los republicanos españoles; en el apoyo los alemanes antifascistas; en el asilo a los exiliados guatemaltecos trás el cruento del golpe de estado contra el gobierno democrático del general Jacobo Arbenz Guzmán en 1954; en el asilo a los cubanos antibatistianos así como en el apoyo a la expedicionarios del Gramna, a la lucha revolucionaria que encabezó el comandante Fidel Castro, en la condena al criminal bloqueo económico que por más de treinta años ha impuesto el gobierno estadounidense contra Cuba y en la oposición a las medidas unilaterales que contra el derecho internacional esgrime la "Ley Helms-Burton"; en el apoyo a las luchas que desarrollaron los sandinistas por el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza y posteriormente en la fase de la reconstrucción nacional. Asimismo en el reconocimiento y apoyo a las fuerzas insurgentes de El Salvador y Guatemala (FMLN y URNG) en sus luchas por la liberación nacional.

(51). Cf. del historiador hondureño Ramón Oquelí su obra: Bibliografía sociopolítica de Honduras. En ese trabajo bibliográfico se incluyen textos de diversos generos y autores. Podemos encontrar en él numerosas publicaciones que figuran con edición mexicana. Así identificamos entre otras, las siguientes obras: Ricardo D. Alduvin, Una senda (s.e., 1946); Ernesto Alvarado García, Legislación indigenísta de Honduras (Instituto Indigenista Interamericano, 1958); Ramón Amaya Amador, Prisión Verde (Ed. Latina, 1950) y Destacamento Rojo (Eds. Palomar, 1962); Sanso Aro, Policarpo Bonilla (Imp. Mundial, 1936); Comité Liberal Demócrata de Honduras Homenaje a las víctimas de San Pedro Sula, (s.e., 1945); Filander y Luis Díaz Chávez, Hacia una dialéctica del subdesarrollo (Grijalbo, 1971); Graciela García A., En las trincheras de la lucha por el socialismo (Costa Amic, 1975); Gilberto González y Contreras, El último caudillo. Ensayo biográfico (Costa Amic, 1946); Medardo Mejía, Yo acuso (Asociación Revolucionaria Hondureña, San Juan de Letran 6, 1946); Alberto Membreño, Hondureñismos Vocabulario de los Provincialismos de Honduras, (Muller Hermanos, 1921); Lucas Paredes, Drama Político de Honduras (Eds. Latinoamericana, 1959); Pedro Rivas y Rubin de la Borbolla David F., Honduras Monumental, Histórica y Arqueológica, (IPGH/Comisión de Historia, 1953) y José Angel Zuñiga Huete, Cartas. Una actitud y una senda. Veleidades de un veleto (s.e., 1949). Asimismo Oquelí nos incluye trabajos de tesis como las de Carlos Córdova Pineda, La United Fruit Co. y sus influencia económica y política (1962); Gustavo A. Gómez Pineda, Historia Económica de Honduras (1954), y Orlando Hernández Alcerro, Actitudes de las clases agrarias hondureñas. Un estudio de caso (Universidad de las Américas, 1978). Conviene reiterar que la obra escrita del más destacado intelectual hondureño del siglo XX, Rafael Heliodoro Valle, es donde se encuentra la mayor riqueza de temas de Honduras publicados en México. A su vez dicho autor fue uno de los hondureños que más trabajó los aspectos medurales de la cultura y la historia de México. Otra obra editada en México de Angel Zuñiga Huete llevó por título Idolo Desnudo (1939).

(52). Mario Ojeda, (compilador), Las relaciones de México con los países de América Central, México, El Colegio de México, 1985, p. 128.

(53). Ibid., p. 129.

(54). Ibid., pp. 129-130.

 
  Indicar esta página a um amigo

Artigos e Publicações | Links | Cidadanias e Movimentos Sociais | Arte e Imagem | Sobre o Labi
Agenda | Contato | Últimas Novidades | Banco de Dados NIME/LABI