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El impacto de la cultura mexicana en Centroamérica por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Con todo en los últimos años el peso de la influencia cultural
norteamericana ha sido impactante. Los modelos culturales trasmitidos
a través de la televisión y el cine en Centroamérica,
como en toda América Latina, han sido elementos con mucho peso
en el ámbito de los referentes culturales. Por ejemplo, Sergio
Ramírez Mercado en un destacado análisis sobre la influencia
de la cultura mexicana en su sentido más amplio, apuntaba que en
el istmo centroamericano esa cultura penetraba por igual en todas las
capas sociales: De
entre las variadas explicaciones que pueden atraerse para el fenómeno
de la influencia mexicana en Centroamérica, estarían en
primer término las que se refieren a la evidente vecindad geográfica,
o a una serie de afinidades que van de lo étnico a lo histórico,
y que tendrían que ver no sólo con las migraciones precolombinas,
sino también con la conquista, la época colonial y la fugaz
incorporación al imperio de Iturbide recién proclamada la
Independencia, entre muchas.
Sin embargo, otras explicaciones serán necesarias para entender
esta influencia en su dinámica contemporánea, y para ello
habría que elegir los dos sectores en que tiene acceso mayoritario:
una "cultura ranchera" que se trasmite a la población rural, y
otra melodramática a los grupos medios.(3)
Esa apreciación sobre la integración cultural entre México
y Centroamérica no quiere decir que la misma sea artificial. Lo
que se postula es la coincidencia de hábitos, costumbres y condiciones
sociales de derminados sectores de un país y de la región
ístmica. La identidad común en lo rural y sus manifestaciones
en el ámbito popular son expresiones culturales de ambos pueblos.
Podemos reconocer que México ha vivido un mayor desarrollo industrial
que ha generado una discografía con una gran incidencia comercial
en América Central. Así los productos de ella acceden más
rápidamente al mercado en la medida en que se ofrecen en la misma
lengua, el español. A su vez, esos productos se orientan "para
un consumo audiovisual y que puede ser por tanto analfabeto, también
lo es que el cine y la música mexicanas complacen una ideología
rural que en esas formas culturales encuentra satisfacciones y respuestas".(4)
Así, los productos del discurso de la cultura popular y comercial
mexicana, que en el cine y en la música plasman una idealización
rural, se puede afirmar que refuerzan una misma forma de identificación.
El estereotipo del ranchero de México tiene mucho en común
con el ranchero de Nicaragua o de Honduras. Son referentes que en sí
mismos guardan y reproducen una misma identificación de valores.
En este sentido podemos reconocer que hasta determinado momento y para
determinados sectores: El
cine y las canciones mexicanas toman este lugar de un arte o una literatura
popular, porque logran estimular una relación y despertar no sólo
respuestas, también alteraciones, apropiaciones y modificaciones
del gusto o la conducta, no porque reproduzcan en forma efectiva la realidad,
en lo cual la literatura vernácula o el flolklore fallan, sino
porque al contrario, partiendo de la negación de cualquier realidad
lo que buscan trasmitir es una idealización total, dotando de un
sentido heroico al pueblo e impregnando de ese heroísmo sus relaciones
sociales e incluso el paisaje.
Pero si bien este fenómeno cultural tenía un gran peso en
los años setenta, ya para los noventa lo mismo se puede encontrar
con otras culturas populares procedentes de Sudamérica como la
música y la letra de las canciones de Colombia o de Miami. Esto
también quiere decir que la cultura popular mexicana para esos
años a nivel comercial enfrenta la competencia de los emergentes
polos del proceso industrial de la cultura comercial latinoamericana.
Donde lo rural cada vez pierde más peso en la misma medida en que
los países latinoamericanos apuntan a fortalecer los asentamientos
urbanos. Y en ese mismo sentido la influencia de la cultura popular mexicana
comienza a perder su hegemonía.
Habría que apuntar que la televisión como medio dominante
de información y recreación en América Latina, para
fines del siglo XX, destaca dentro del proceso de integración regional
como el principal instrumento de reproducción de los valores y
gustos de los más amplios segmentos sociales de la población
en toda el área. Incluso podríamos agregar que ese impulso
obedece en la década de los noventas, al mismo proceso de globalización.
Si en un momento los medios electrónicos de comunicación
(radio y televisión) estaban destinados a los sectores medios,
para fines de siglo XX, su implantación en toda la población
es tan elevada que productos como las telenovelas (mexicanas, brasileñas,
colombianas, venezolanas o argentinas) se convierten en vehículos
de integración, cuando reproducen y condicionan estereotipos para
el consumo. Pero también en ese proceso de interacción de
los medios el mensaje informativo se vuelve un referente para identificar
lugares, conflictos, aspiraciones y líderes regionales. Los Pedro
Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, Tin Tán, Xochimilco y el Tenampa
son referentes culturales pero de un cine y una identificación
de los años cincuenta. A fines del siglo culturalmente hay un mayor referente de la cultura popular mexicana por la información sobre los futbolistas (Hugo Sánchez y Jorge Campos), cantantes y artistas del espectáculo (Lucero, Thalía o Verónica Castro). Proceso que finalmente es impulsado por un proceso industrial y comercial de empresas televisivas en la guerra y conquista por nuevos mercados. Otro
ámbito del impacto de la cultura mexicana en los países
centroamericanos se encuentra en la formación de la conciencia
latinoamericanista de los centroamericanos vertida en buena medida por
la experiencia histórica de México. En particular ésta
se ha manifestado por la presencia política y cultural mexicana
en numerosos intelectuales, que comienza en los inicios de la vida independiente
de nuestras repúblicas cuando España pierde sus colonias
en América en el tercer decenio del siglo XX. De manera evidente
mencionabamos el caso de José Cecilio del Valle y Juan Lindo. Son
dos centroamericanos que tienen un papel destacado en la conciencia nacional
centroamericana. En ellos la influencia mexicana tuvo mucho peso.
En este siglo XX, uno de los intelectuales más destacados fue Rafael
Heliodoro Valle (1891-1959). Valle fue hasta los años cincuenta
uno de los intelectuales centroamericanos que vivieron por dentro la gran
influencia cultural mexicana, pero también influyó enormemente
con su talento.
Es evidente que la formación intelectual de Valle se gestó
y desarrolló en gran medida en tierras mexicanas. Así como
Rafael Heliodoro Valle otros centroamericanos exponentes de la cultura
que han recibido la influencia mexicana. Sería larga la lista pero
se puede mencionar como ejemplos a: Miguel Angel Asturias, Alfonso Guillén
Zelaya, Ernesto Mejía Sánchez, Roque Dalton, Luis Cardoza
y Aragón, Ernesto Cardenal, José Luis Balcárcel,
Tito Monterroso, Jorge Mario García Laguardia, Mario Monteforte
Toledo y Francisco de Asis Fernández, entre muchos más.
La Revolución Mexicana fue un fenómeno político y
social que por su riqueza cultural generó una "visible fascinación
sobre muchos espíritus de este hemisferio".(5)
En buena medida ese fenómeno histórico y político,
influye de una manera determinante para a lo largo de los últimos
setenta años diversos centroamericanos hayan vivido en México.
Los diversos motivos fueron desde el exilio político, el haber
sido formados en universidades mexicanas o simplemente por la necesidad
de emigrar hacia el norte con la expectativa de lograr mejores condiciones
de vida. Situación en la que ha influido enormemente la cultura
mexicana. En este contexto un gran personaje centroamericano que podría
sintetizar toda esta experiencia, tanto de emigrante económico
(1923-1926) en un primer momento, como después en calidad de exiliado
político (1929-1930) fue Agusto C. Sandino.
Habría también que destacar el hecho mismo de que diversos
diplomáticos mexicanos con gran prestigio intelectual hayan sido
acreditados por el gobierno mexicano como sus representantes en esas naciones.(6)
Pero también han jugado un papel altamente significativo agregados
culturales mexicanos como Fernando Curiel en Nicaragua, Jorge Ruedas de
la Serna en Costa Rica o Lourdes Herrasti en Honduras, entre otros. Su
papel fue primordial para la difusión oficial de la cultura mexicana
en los países de América Central.(7) Otro elemento que destaca dentro de las relaciones culturales de México con las naciones centroamericanas y en general para toda el área latinoamericana, es el relativo a la edición y difusión de libros y artículos sobre temas universales y de la propia región. Comprendemos esta última situación, particularmente en virtud del mayor desarrollo de la industria editorial generada en la ciudad de México, la cual desde hace largo tiempo ha poseído un mercado entre diversos segmentos (profesionistas, estudiantes y profesores universitarios, intelectuales y actores políticos mexicanos y latinoamericanos) interesados en esa producción. Es importante destacar que buena parte de los temas abordados en las ediciones mexicanas, en su momento fueron temas cuya publicación en Centroamérica generaba altos riesgos (sobre todo en los países con dictaduras militares o de corte ultraconservador), en virtud del discurso político allí expresado. Especialmente por el escenario que ofrecían los largos periodos de dictaduras militares. Un breve recuento de la producción en México de títulos de obras sobre temas centroamericanos o de autores de esos países nos daría cuenta de toda la importancia de ese hecho.(8) Próxima
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Página (2).
"México en Centroamérica", El Nacional, México
D. F., 26 de febrero de 1996, p. XVI. (3).
Sergio Ramírez Mercado, "Balcanes y volcanes (aproximación
al proceso cultural contemporáneo de Centroamérica)", Centroamérica
hoy, México, Siglo XXI, 1975, p. 353. (4).
Ibid. (5).
Rafael Heliodoro Valle, Historia de las ideas..., op. cit.,
p. 286. (6).
Cf. la lista de los embajadores mexicanos en Honduras consignada
en el capítulo II de este trabajo. (7).
Sobre Lourdes Herrasti destacó ampliamanete su trabajo de difusión
cultural en Honduras. Y dentro de él, destacó la edición
de la sección de crítica literaria "Vive leyendo" que Herrasti
dirigió junto al intelectual hondureño Marvin Barahona.
Sobre esa labor cultural en un artículo de Reynaldo Salinas López
titulado "El general Francisco Morazán en la pluma de un mexicano",
comentó que Herrasti: "impulsa desde las páginas de El
Heraldo, la divulgación de su pensamiento y el de otras personalidades
hondureñas", Revista Vida, El Heraldo, Tegucigalpa,
8 de enero de 1994, p. 3B.. (8).
Más adelante en el caso particular de Honduras tocaremos el trabajo
bibliográfico que el historiador hondureño Ramón
Oquelí nos ha brindado en su obra Bibliografía sociopolítica
de Honduras. |
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