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El impacto de la cultura mexicana en Centroamérica
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



Se puede identificar que entre México y los países del istmo centroamericano para fines del siglo XX existe cada vez más una integración económica y comercial, sin embargo, es en el ámbito cultural donde la interrelación e integración es más extensa. Hay por supuesto un antecedente histórico. Es una interrelación que no puede cuantificarse en tanto expresión de lo más amplia y diversa entre comunidades de un mismo orígen histórico-cultural de larga duración. No obstante, en el último decenio del siglo xx, el peso que las acciones culturales de índole oficial mantienen en la relación y en el contexto de la política exterior mexicana hacia el área ha estado orientada principalmente, a la formación de recursos humanos, al fortalecimiento de la colaboración entre instituciones académicas, a la preservación de la cultura. Igualmente se ha impulsado la donación de bibliotecas y fomentado la circulación del libro. Los 318 proyectos de recursos humanos incluyen 893 becas para licenciaturas y 755 para cursos cortos de capacitación.(2)

Con todo en los últimos años el peso de la influencia cultural norteamericana ha sido impactante. Los modelos culturales trasmitidos a través de la televisión y el cine en Centroamérica, como en toda América Latina, han sido elementos con mucho peso en el ámbito de los referentes culturales. Por ejemplo, Sergio Ramírez Mercado en un destacado análisis sobre la influencia de la cultura mexicana en su sentido más amplio, apuntaba que en el istmo centroamericano esa cultura penetraba por igual en todas las capas sociales:

De entre las variadas explicaciones que pueden atraerse para el fenómeno de la influencia mexicana en Centroamérica, estarían en primer término las que se refieren a la evidente vecindad geográfica, o a una serie de afinidades que van de lo étnico a lo histórico, y que tendrían que ver no sólo con las migraciones precolombinas, sino también con la conquista, la época colonial y la fugaz incorporación al imperio de Iturbide recién proclamada la Independencia, entre muchas.

Sin embargo, otras explicaciones serán necesarias para entender esta influencia en su dinámica contemporánea, y para ello habría que elegir los dos sectores en que tiene acceso mayoritario: una "cultura ranchera" que se trasmite a la población rural, y otra melodramática a los grupos medios.(3)

Esa apreciación sobre la integración cultural entre México y Centroamérica no quiere decir que la misma sea artificial. Lo que se postula es la coincidencia de hábitos, costumbres y condiciones sociales de derminados sectores de un país y de la región ístmica. La identidad común en lo rural y sus manifestaciones en el ámbito popular son expresiones culturales de ambos pueblos.

Podemos reconocer que México ha vivido un mayor desarrollo industrial que ha generado una discografía con una gran incidencia comercial en América Central. Así los productos de ella acceden más rápidamente al mercado en la medida en que se ofrecen en la misma lengua, el español. A su vez, esos productos se orientan "para un consumo audiovisual y que puede ser por tanto analfabeto, también lo es que el cine y la música mexicanas complacen una ideología rural que en esas formas culturales encuentra satisfacciones y respuestas".(4)

Así, los productos del discurso de la cultura popular y comercial mexicana, que en el cine y en la música plasman una idealización rural, se puede afirmar que refuerzan una misma forma de identificación. El estereotipo del ranchero de México tiene mucho en común con el ranchero de Nicaragua o de Honduras. Son referentes que en sí mismos guardan y reproducen una misma identificación de valores. En este sentido podemos reconocer que hasta determinado momento y para determinados sectores:

El cine y las canciones mexicanas toman este lugar de un arte o una literatura popular, porque logran estimular una relación y despertar no sólo respuestas, también alteraciones, apropiaciones y modificaciones del gusto o la conducta, no porque reproduzcan en forma efectiva la realidad, en lo cual la literatura vernácula o el flolklore fallan, sino porque al contrario, partiendo de la negación de cualquier realidad lo que buscan trasmitir es una idealización total, dotando de un sentido heroico al pueblo e impregnando de ese heroísmo sus relaciones sociales e incluso el paisaje.

Pero si bien este fenómeno cultural tenía un gran peso en los años setenta, ya para los noventa lo mismo se puede encontrar con otras culturas populares procedentes de Sudamérica como la música y la letra de las canciones de Colombia o de Miami. Esto también quiere decir que la cultura popular mexicana para esos años a nivel comercial enfrenta la competencia de los emergentes polos del proceso industrial de la cultura comercial latinoamericana. Donde lo rural cada vez pierde más peso en la misma medida en que los países latinoamericanos apuntan a fortalecer los asentamientos urbanos. Y en ese mismo sentido la influencia de la cultura popular mexicana comienza a perder su hegemonía.

Habría que apuntar que la televisión como medio dominante de información y recreación en América Latina, para fines del siglo XX, destaca dentro del proceso de integración regional como el principal instrumento de reproducción de los valores y gustos de los más amplios segmentos sociales de la población en toda el área. Incluso podríamos agregar que ese impulso obedece en la década de los noventas, al mismo proceso de globalización.

Si en un momento los medios electrónicos de comunicación (radio y televisión) estaban destinados a los sectores medios, para fines de siglo XX, su implantación en toda la población es tan elevada que productos como las telenovelas (mexicanas, brasileñas, colombianas, venezolanas o argentinas) se convierten en vehículos de integración, cuando reproducen y condicionan estereotipos para el consumo. Pero también en ese proceso de interacción de los medios el mensaje informativo se vuelve un referente para identificar lugares, conflictos, aspiraciones y líderes regionales. Los Pedro Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, Tin Tán, Xochimilco y el Tenampa son referentes culturales pero de un cine y una identificación de los años cincuenta.

A fines del siglo culturalmente hay un mayor referente de la cultura popular mexicana por la información sobre los futbolistas (Hugo Sánchez y Jorge Campos), cantantes y artistas del espectáculo (Lucero, Thalía o Verónica Castro). Proceso que finalmente es impulsado por un proceso industrial y comercial de empresas televisivas en la guerra y conquista por nuevos mercados.

Otro ámbito del impacto de la cultura mexicana en los países centroamericanos se encuentra en la formación de la conciencia latinoamericanista de los centroamericanos vertida en buena medida por la experiencia histórica de México. En particular ésta se ha manifestado por la presencia política y cultural mexicana en numerosos intelectuales, que comienza en los inicios de la vida independiente de nuestras repúblicas cuando España pierde sus colonias en América en el tercer decenio del siglo XX. De manera evidente mencionabamos el caso de José Cecilio del Valle y Juan Lindo. Son dos centroamericanos que tienen un papel destacado en la conciencia nacional centroamericana. En ellos la influencia mexicana tuvo mucho peso.

En este siglo XX, uno de los intelectuales más destacados fue Rafael Heliodoro Valle (1891-1959). Valle fue hasta los años cincuenta uno de los intelectuales centroamericanos que vivieron por dentro la gran influencia cultural mexicana, pero también influyó enormemente con su talento.

Es evidente que la formación intelectual de Valle se gestó y desarrolló en gran medida en tierras mexicanas. Así como Rafael Heliodoro Valle otros centroamericanos exponentes de la cultura que han recibido la influencia mexicana. Sería larga la lista pero se puede mencionar como ejemplos a: Miguel Angel Asturias, Alfonso Guillén Zelaya, Ernesto Mejía Sánchez, Roque Dalton, Luis Cardoza y Aragón, Ernesto Cardenal, José Luis Balcárcel, Tito Monterroso, Jorge Mario García Laguardia, Mario Monteforte Toledo y Francisco de Asis Fernández, entre muchos más.

La Revolución Mexicana fue un fenómeno político y social que por su riqueza cultural generó una "visible fascinación sobre muchos espíritus de este hemisferio".(5) En buena medida ese fenómeno histórico y político, influye de una manera determinante para a lo largo de los últimos setenta años diversos centroamericanos hayan vivido en México. Los diversos motivos fueron desde el exilio político, el haber sido formados en universidades mexicanas o simplemente por la necesidad de emigrar hacia el norte con la expectativa de lograr mejores condiciones de vida. Situación en la que ha influido enormemente la cultura mexicana. En este contexto un gran personaje centroamericano que podría sintetizar toda esta experiencia, tanto de emigrante económico (1923-1926) en un primer momento, como después en calidad de exiliado político (1929-1930) fue Agusto C. Sandino.

Habría también que destacar el hecho mismo de que diversos diplomáticos mexicanos con gran prestigio intelectual hayan sido acreditados por el gobierno mexicano como sus representantes en esas naciones.(6) Pero también han jugado un papel altamente significativo agregados culturales mexicanos como Fernando Curiel en Nicaragua, Jorge Ruedas de la Serna en Costa Rica o Lourdes Herrasti en Honduras, entre otros. Su papel fue primordial para la difusión oficial de la cultura mexicana en los países de América Central.(7)

Otro elemento que destaca dentro de las relaciones culturales de México con las naciones centroamericanas y en general para toda el área latinoamericana, es el relativo a la edición y difusión de libros y artículos sobre temas universales y de la propia región. Comprendemos esta última situación, particularmente en virtud del mayor desarrollo de la industria editorial generada en la ciudad de México, la cual desde hace largo tiempo ha poseído un mercado entre diversos segmentos (profesionistas, estudiantes y profesores universitarios, intelectuales y actores políticos mexicanos y latinoamericanos) interesados en esa producción. Es importante destacar que buena parte de los temas abordados en las ediciones mexicanas, en su momento fueron temas cuya publicación en Centroamérica generaba altos riesgos (sobre todo en los países con dictaduras militares o de corte ultraconservador), en virtud del discurso político allí expresado. Especialmente por el escenario que ofrecían los largos periodos de dictaduras militares. Un breve recuento de la producción en México de títulos de obras sobre temas centroamericanos o de autores de esos países nos daría cuenta de toda la importancia de ese hecho.(8)

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(2). "México en Centroamérica", El Nacional, México D. F., 26 de febrero de 1996, p. XVI.

(3). Sergio Ramírez Mercado, "Balcanes y volcanes (aproximación al proceso cultural contemporáneo de Centroamérica)", Centroamérica hoy, México, Siglo XXI, 1975, p. 353.

(4). Ibid.

(5). Rafael Heliodoro Valle, Historia de las ideas..., op. cit., p. 286.

(6). Cf. la lista de los embajadores mexicanos en Honduras consignada en el capítulo II de este trabajo.

(7). Sobre Lourdes Herrasti destacó ampliamanete su trabajo de difusión cultural en Honduras. Y dentro de él, destacó la edición de la sección de crítica literaria "Vive leyendo" que Herrasti dirigió junto al intelectual hondureño Marvin Barahona. Sobre esa labor cultural en un artículo de Reynaldo Salinas López titulado "El general Francisco Morazán en la pluma de un mexicano", comentó que Herrasti: "impulsa desde las páginas de El Heraldo, la divulgación de su pensamiento y el de otras personalidades hondureñas", Revista Vida, El Heraldo, Tegucigalpa, 8 de enero de 1994, p. 3B..

(8). Más adelante en el caso particular de Honduras tocaremos el trabajo bibliográfico que el historiador hondureño Ramón Oquelí nos ha brindado en su obra Bibliografía sociopolítica de Honduras.

 
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