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Cuba, el combate a la delincuencia por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Así,
en La Habana y en los principales centros urbanos y turísticos
del país al día siguiente de aquel acto del 40 aniversario
de la fundación PNR, donde el presidente Fidel Castro hizo una
intervención de más de cuatro horas analizando las características
del fenómeno delictivo, los efectivos de la policía comenzaron
a realizar una labor sistemática día y noche contra la delincuencia,
cuyos efectos se sintieron inmediatamente. Asimismo en diversos sectores
de la población la batida contra la delincuencia fue ampliamente
apoyada como una respuesta necesaria para frenar las conductas antisociales
y por los perjuicios que la delincuencia representa para las personas
y su patrimonio.
En el caso de la desaparición de la prostitución después
del triunfo de 1959, significó un logro en el avance de las conquistas
revolucionarias. Sin embargo, La nueva manifestación del fenómeno,
por mínima que fuera, mostraba un retroceso social y el crecimiento
de ese tipo de actividades en la sombra, aunque sin llegar a los niveles
de cualquier país capitalista (donde esa mercantilización
y explotación sexual figura sin pudor y con una amplia tolerancia.
De acuerdo con los informes del gobierno cubano, referido al nivel alcanzado
por la prostitución hasta noviembre de 1998, fueron remitidas al
centro de recepción, clasificación y procesamiento de prostitutas
de la Ciudad de La Habana, 6,714 mujeres, equivalentes a un promedio de
610 mensuales dedicadas a esa actividad. Gran parte de ellas (59%) eran
migrantes del interior del país. Esa manifestación de comercio
sexual no hay que identificarla como una figura delictiva; sin embargo,
en la mayoría de los casos funciona ligada a redes de proxenetismo.
En torno a delitos como el tráfico internacional de drogas, el
espacio árereo y marítimo de Cuba, al estar ubicado en un
punto estratégico del Caribe, resulta idóneo para las redes
de narcotraficantes internacionales. Asimismo con la legalizacion y libre
circulación de dólares, los narcotraficantes han visto un
potencial mercado para ir estimulando en determinadas capas sociales con
acceso a las divisas internacionales el consumo interno de drogas. Así,
por ejemplo, el presidente Fidel Castro mencionó que: "La detención
en noviembre de 1998 en la ciudad de La Habana de 18 extranjeros que introdujeron
más de 53 kilogramos de cocaína y 1,320 gramos de hachís
por la frontera aérea, con destino a Inglaterra, evidencia la peligrosidad
de este tipo de hechos, pues la droga se oculta en hoteles y casas particulares
hasta su destino final, con la sabida influencia en nuestro ambiente interno".
El peso de la actividad de los narcotraficantes de usar a Cuba como un
país de tránsito de drogas, mostró un incremento
en las cifras de los decomisos de droga durante 1996 y 1997. Así
como en las naves de narcotraficantes que realizan vuelos nocturnos rasantes,
que en cuestión de minutos atraviesan la estrechez de la Isla,
o de aquellos vuelos que por los corredores normales, bajan y lanzas sus
productos para ser recogidos por lanchas rápidas o embarcaciones
(procedentes de los EU u otros países de la zona) en aguas internacionales.
Algunos recalos, que anteriormente eran recogidos por los habitantes que
los ubicaban y los entregaban a las autoridades, ahora frente a la fragilidad
económica y la potencial riqueza que esos productos generan, en
algunos casos son introducidos al mercado negro de drogas. El consumo
de marihuana o cocaína por ejemplo en determinados centros de recreación
y lugares públicos mostró en 1998 un incremento en relación
a los decomisos de esas drogas en 1997. Las actividades delictivas registraron
1,216 detenciones por tenencia y tráfico interno de drogas en 1998.
En relación a la esfera delictiva que opera en el tráfico
ilegal de personas, Cuba tampoco es un país que se encuentra ajeno
a ese problema mundial. Algunas redes internacionales de "coyotes o polleros"
la han usado como trampolín. Sin embargo, el contrabando de personas
que afecta directamente a Cuba, es organizado desde territorio de los
EU y Bahamas y es realizado en lanchas rápidas y genera altos rendimientos
económicos a los traficantes que muchas veces saturan sus embarcaciones
en su afán de lucro y en diversas ocasiones generan accidentes
mortales y violaciones a las propias leyes de los EU. Ese tráfico
humano entre territorio cubano y EU se incrementó de enero a noviembre
de 1998 y es realizado como una de las principales empresas criminales
que no es sancionada por las autoridades estadounidenses.
Respecto al robo con fuerza o violencia, es el que afecta de manera más
directa a la población. Durante gran parte de la etapa revolucionaria,
el pueblo cubano se acostumbró a vivir en orden, tranquilidad y
seguridad personal como ningun país de América Latina lo
había alcanzado. Por ello ese tipo de delitos son los que más
han llegado a irritar al grueso de la población cubana.
En ese sentido la represión a la delincuencia en Cuba ha sido una
nueva tarea que desde las esferas oficiales ha recobrado nuevos impulsos.
La propuesta de ampliar las penas a los delitos que en este periodo dañan
económica y moralmente a Cuba, es un elemento para frenar su incremento,
pero también es fundamental en el combate a la delincuencia la
participación de la gente a través de sus organizaciones
de masas para que en el plano ideológico-político se ratifique
la vigencia de la Revolución Cubana. |
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