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Cuba, el combate a la delincuencia
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



La Habana. Las actividades delincuenciales (como robos con fuerza, proxenetismo, tráfico ilegal de seres humanos, narcotráfico internacional, etcétera) son problemas que actualmente en casi todos los países del mundo tienen una amplia repercusión. Cuba, un país inmerso en un régimen socialista se había visto alejado prácticamente de ese tipo de fenómenos sociales durante más de tres décadas. Sin embargo, al desaparecer la URSS, que representaba un gran apoyo económico y tras la decisión de emprender sola y contra las políticas intervencionistas de los EU la continuación del socialismo, emergieron esas actividades ilegales.

Con la desintegración de los países de una economía centralmente planificada Cuba entró en un periodo especial originado por el agravamiento de la situación económica, que se ha prolongado de 1991 a la fecha. En ese lapso Cuba tuvo que tomar una serie de medidas con el propósito de captar recursos frescos del exterior. Y en ese sentido abrió sus puertas al turismo internacional, rubro que generó que en 1997 llegaran a las playas cubanas más de un millón doscientos mil turistas y gastaran cerca de mil 300 millones de dólares. Las perspectivas de expansión de esa actividad a corto plazo se estiman en atender a más de 2 millones de visitantes extranjeros y obtener ingresos brutos por 3,000 millones de dólares. Paralelamente en el periodo especial también se optó por otras medidas, tales como el fomentar las inversiones del capital extranjero, para así enfrentar los retos de la guerra económica, comercial y financiera que el gobierno estadounidense ha recrudecido contra Cuba por medio del bloqueo comercial durante más de tres decenios, y que le han generado a la economía cubana daños por más de 60 mil millones de dólares.

En ese contexto de difícil y compleja situación económica, se gestaron en la Isla durante los últimos años una serie de actividades insertas en un economía informal. Es decir, emergieron frente a las dificultades una serie de alternativas de sobrevivencia económica al margen de la economía formal. Este fenómeno globalizado de "una economía irregular" tiene expresiones en diferentes países latinoamericanos y del Tercer Mundo, particularmente ahí donde se han implementado diversas medidas de ajuste al desarrollo económico.

En el caso de Cuba se ha hecho más evidente la aparición de vendedores ambulantes y los llamados "cuenta propistas" (empleados de sí mismos), las actividades duales de una serie de personas que a la par de desempeñar un trabajo permanentemente remunerado comenzaron a realizar otras actividades sin registro oficial alguno y que ha tratado de ser regulado. A estos elementos también se sumaron la creciente migración de personas del interior hacia la capital del país, engrosando las actividades del sector informal.

Para determinados sectores ligados a una "economía en la sombra" y teniendo como referente las expectativas que generan la creciente dolarización proveniente de la actividad turística y por los envíos de residentes cubanos en el exterior (principalmente en los EU), es como comenzó una serie de actos delictivos que llevaron a las autoridades a presentar una serie de medidas.

Así, el 5 de enero de 1999 durante el acto del 40 aniversario de la constitución de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), el presidente Fidel Castro Ruz, frente a un auditorio de más de 5 mil policías y funcionarios de su gobierno, analizó como parte central de su intervención los nuevos delitos que tiene que enfrentar la sociedad cubana y propuso una serie de medidas para reducirlos a su mínima expresión y con ello evitar que crecieran y llegaran a golpear económica y políticamente de manera grave a la Revolución.

Estas actividades delictivas de nuestros días son producto del nuevo escenario socio-económico de Cuba, y reflejan la complejidad y los retos a los que se enfrentan las perspectivas económicas de ese país. Anteriormente, en los años cuarenta y cincuenta, Cuba era el principal centro de América Latina para las actividades ilícitas que fomentaban las organizaciones criminales estadounidenses, y que toleraban ampliamente las propias autoridades cubanas y de los mismos EU en la época capitalista. Sin embargo, con el triunfo revolucionario de 1959 esas actividades fueron desapareciendo en la medida en que se fortalecía el nuevo Estado y se profundizaban los logros sociales de la revolución.

En esta última década del siglo XX, las actividades delictivas como el robo, el proxenetismo, el tráfico ilegal de personas y el narcotráfico internacional, entre otros delitos contemporáneos, se comenzaron a desarrollar al margen de toda regulación del Estado cubano. Es decir, las transacciones de ese tipo de actividades no se corresponden a las reglas establecidas por el Estado en su calidad de supervisor de una economía centralmente planificada.

Ese tipo de actividades y otras asociadas a la delincuencia han emergido alentadas por factores como la fragilidad de la situación económica y por las expectativas que genera el consumo en los sectores ligados a actividades antisociales. Sectores que sólo pueden realizar su acceso al conjunto de bienes industriales de consumo masivo a través de su inserción en las estructuras del delito organizado para acceder rápida e ilegalmente a la obtención de recursos económicos.

Claro está que los grados de criminalidad alcanzados en Cuba, por su cantidad y grado de desarrollo no pueden ser comparables a los de cualquier país latinoamericano o del resto del mundo, donde son cosa común y corriente. Sin embargo, para una sociedad como la cubana, que se ha destacado por ser prácticamente la más segura del mundo, los niveles de esos problemas resultan internamente un peligro latente en virtud de su potencial crecimiento si no son frenados a tiempo y con la fuerza adecuada.

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