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La dimensión global de las drogas por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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En la cumbre mundial se puso de relieve la amplia dimensión que
en nuestros días tienen el fenómeno del consumo de las drogas,
particularmente en las naciones más desarolladas. Resultan el gran
dilema de lo que el mundo desarrollado y subdesarrollado enfrentarán
el próximo siglo XXI. En nuestro días a fines del decenio
de los noventa el presidente de México, Ernesto Zedillo, planteó
en la ONU que el narcotráfico se ha convertido en la principal
amenaza mundial. Planteamiento que fue claramente identificado durante
la toma de posesión del mismo mandatario mexicano el primero de
diciembre de 1994. En esa ocasión el presidente Zedillo afirmó
categóricamente: "El narcotráfico es la mayor amenaza a
la seguridad nacional, el más grave riesgo para la salud social
y la más cruenta fuente de violencia".
Hoy en día las estimaciones arrojan cifras apabullantes en cuanto
a la producción, consumo y ganancias que deja la industria de drogas
a nivel global. Mencionaremos sólo alguna de ellas, considerando
que por ser parte de una actividad informal la narcoeconomía no
figura en las cuentas nacionales de ningún país del mundo
y en ese sentido las cifras son muchas veces especulativas. Incluso pueden
considerarse en varios casos estimaciones muy conservadoras. En ese sentido
el Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional
de las Drogas (PNUFID) calcula que esa industria mueve anualmente 600
mil millones de dólares. Y en esa lógica debemos considerar
que las perspectivas del consumo de drogas tienden a crecer y diversificarse,
sobre todo en la nación más poderosa económica y
militarmente de la tierra. A contrapelo de lo que señala el propio
general Barry McCaffrey, quien en su discurso puritanista al concluir
la reunión de Zedillo y Clinton en Nueva York, en el hotel Waldorf
Astoria ha mencionado que anualmente, "Estados Unidos gasta probablemente
unos 57 mil millones de dólares en el consumo de drogas ilícitas",
agregando que su país "no tiene la mayor población de adictos,
pero si la que tiene más recursos para ello" (unomásuno,
9/6/98).
En esa lógica ¿si los EU no es el mayor consumidor de drogas
ilegales e incluso legales, entonces cuál nación sería
la que tiene el mayor número de adictos? Difícil que tal
posición pueda alguien reivindicarlo con excepción del propio
"zar antidrogas". Pero esa afirmación no es casual, por el contrario
forma parte de una lógica en la que se ve envuelto el discurso
político estadounidense, particularmente en tiempos en que las
consideraciones o presiones nacionales y domésticas inciden y determinan
en gran medida la política exterior de los EU. Por ejemplo, en
los últimos años varias encuestas estadounidense consideran
el tema de las drogas el principal problema de los EU, por arriba del
desempleo, las carencias en el sistema de bienestar social y el de educación.
De esta forma y en esa visión el consumo de drogas en territorio
estadounidense parecería reducirse pero la población consumidora
tendería a utilizar más recursos para su consumo. Con lo
que las drogas no estarían realmente amenazando a la mayoría
de la población, es decir, no sería un real problema de
salud pública. Por el contrario seguiría siendo, como lo
expresó Ronald Reagan en 1986, en su declaración de la "Guerra
contra las drogas", un problema esencialmente de "seguridad nacional".
Hay que considerar que años después, en la lectura de la
administración Clinton sobre el problema de las drogas en los inicios
de 1993, el tema se percibe en términos de modificar la estrategia
antidrogas, poniendo énfasis en programas de educación preventiva
y rehabilitación de adictos. Sin embargo, el consumo y las ganancias
del narcotráfico siguieron creciendo. Esta situación fue
lo que modificó la estrategia para orientarla por el llamado "cambio
controlado", sugerida por el Consejo Nacional de Seguridad, reasignándole
al Comando Sur del ejército estadounidense asentado en Panamá
un papel cada vez más protagónico en la guerra contra las
drogas. De ahí que la misma Casa Blanca pretenda establecer en
Panamá antes de la devolución de la Zona del Canal el último
día de 1999 establecer el Centro Multinacional Antidrogas. De esta
forma la política del "cambio controlado" con Clinton resulta una
nueva versión de la antigua estrategia reaganiana de los ochenta.
Política que hasta nuestros días no ha modificado el tema
de la llamada certificación, establecida de conformidad con la
Ley Pública núm. 99-570 del 27 de octubre de 1986, como
"Certificación Plena". La cual ha sido un instrumento que Washington
ha tomado como un elemento central de la estrategia estadounidense antinarcóticos
frente a un determinado país productor o de "tránsito" de
drogas. Recordemos que el veto de EU contra el país "descertificado"
implica su inmediata sanción financiera y crediticia.
Y en ese sentido puede interpretarse la réplica de Ernesto Zedillo,
quien en su discurso en la ONU demandó "la implantación
de una estrategia para que cada país asuma su responsabilidad en
la lucha contra el narcotráfico, que reconozca a todos los gobiernos
iguales derechos y deberes, que respete la soberanía de cada nación
y que nadie pueda erigirse en juez de los demás ni se sienta con
derecho a violar las leyes de otros países en aras de hacer valer
las propias" (unomásuno, 9/6/98). |
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