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Una Mirada al Fenomeno de la Globalizacion desde la Periferia LatinoAmericana

por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



En el Primer Mundo, en ese discurso neoliberal que justifica las distorsiones de la racionalidad de la modernización capitalista, se responsabiliza a los tercermundistas (en los EU a los llamados "hispanos") de ser los socavadores de la cultura y la moral occidental anglosajona. El tráfico de indocumentados a polos de gran desarrollo, filipinos a Japón o Hong Kong, hispanos a EU, africanos y árabes a Europa occidental, son la amenaza latente que corroe por dentro las estructuras del "buen" funcionamiento del capitalismo posmoderno.

El mercado de drogas ilegales en el mundo desarrollado, sobre todo en los EU, genera más ganancias que las 500 principales empresas norteamericanas. Más del 10 por ciento de la población de América Latina hacen girar sus actividades en relación directa e indirecta con el narcotráfico (ya sea en el proceso de producción, trasportación y distribución, o en el lavado de dinero). En la ética neoliberal se combate al tráfico ilícito de drogas, pero su doble moral puritana sirve para especular en el mercado financiero, en un negocio que hoy es la primera fuente de acumulación de capital. Lucrativa empresa que ha generado una subcultura latinoamericana de impunidad y corrupción tanto en la esferas y círculos del poder como en los estamentos más parasitarios de las clases populares de la región.

Frente a esa cruda realidad impulsada por la cultura posmoderna, frente al colapso del socialismo europeo y esa visión occidentalista, en nuestros días han surgido con gran fuerza otros modelos alternativos. En oposición al ámbito y al escenario ideológico-cultural occidental, surgen otros paradigmas. Uno es el de los llamados dragones asiáticos y los del potencial de la República Popular China. Nuevos paradigmas (para nada perfectos) que retan y enfrentan a Occidente. La historia de estos pueblos que han vivido profundos periodos de larga duración,(13) viven hoy un auge renovado a fines del siglo XX. Se prefiera o no el modelo capitalista oriental y el socialismo con características chinas, son hoy en día naciones y pueblos con mayores perspectivas de desarrollo económico-social y cultural. Reconoce la propia UNCTAD que "la economía de China, una importante locomotora de la economía regional, se expandirá en un ritmo de 9.6 por ciento, luego de tres años de incrementos anuales de aproximadamente 12 por ciento".(14)

Este avance económico del desarrollo oriental, si se prefiere de la "mística" del trabajo y la eficiencia productiva dentro del capitalismo y el socialismo asiático, resultan para algunos ideólogos del Departamento de Estado como Francis Fukuyama, elementos propulsores que tratan de minar el paradigma de identidad y la civilización occidental. Fukuyama ha llegado a sostener:

La pérdida de capital social ya ha afectado el sitio que Norteamérica tiene en el mundo. En el lejano Oriente, muchos asiáticos no comunistas admiraban extensamente hace una o dos generaciones "al modelo norteamericano" y esperaban que sus propias sociedades convergerían algún día con él al modernizarse.

Actualmente, es mucho más común escuchar a los asiáticos repetir las críticas del ex primer ministro de Singapur, Lee Kuan Yew, quien ha dicho que la democracia norteamericana, con su individualismo, ha producido patologías sociales que los asiáticos deben evitar emular. Lee está equivocado al atribuir a los problemas sociales de Norteamérica a su estilo de democracia. Durante la mayor parte de la historia, Estados Unidos encontró un equilibrio mucho mejor entre el individualismo y la comunidad que el Singapur haya logrado jamás.(15)

Reflexionar en torno a las nuevas realidades de nuestra América y del mundo hoy en día no es una tarea fácil. Durante diversos etapas de nuestra historia diversos modelos occidentales y orientales han determinado la compleja realidad social. Convendría aceptar que nuevas y quizás viejas propuestas que están allí, muchas de ellas en las formas autogestivas y alternativas de la llamada sociedad civil, o si se prefiere en las comunidades plurales de nuestra América se encuentran otras cosmogonías de interpretar y transformar la realidad. Las variantes pueden ser más amplias y diversas.

Valorar la ética de los paradigmas de nuestra América, como las propuestas que hicieron en su tiempo próceres como Martí y otras fuerzas reales de nuestra cultura y sociedades podrán ser en este convulsionado mundo globalizado e impregnado de neoliberalismo, una alternativa más plena y factible de realización.

De igual forma identificamos que las economías de casi todos los países del mundo viven un proceso de ajuste estructural, a través del cual se busca en esa lógica del discurso neoliberal hacer de las economías nacionales proyectos más competitivos en búsqueda de los beneficios que se logran en el comercio mundial. Por otro lado y desde otra percepción se puede pensar que el fenómeno de la globalización implica aceptar que en el seno de la sociedad se está operando un proceso de apertura a la integración con los grandes bloques comerciales, que lleve a la aceptación de dejar atrás el debate acerca del Estado benefactor en el sistema capitalista y de la también escasa viabilidad del socialismo.

En esa lógica en nuestra América el discurso ideológico y político de la integración parece cobrar nuevas tendencias y movimientos. El proyecto de integración regional es una expresión proclive a rechazar la disgregación, la balcanización y la marginación. Frente al llamado neoliberalismo, parecería que la integración latinoamericana sigue siendo de manera renovada, de cara al contexto internacional, el punto de convergencia de nuestras ya tradicionales aspiraciones, en un mundo incluso de interdependencia.

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(13). Cf. la noción que al respecto de esta concepción de la historia expuesta por Fernand Braudel, nos presenta Eduardo Torres Cuevas en su ensayo "Apología de nuestra historia" (primera parte), en: Contracorriente, No. 1, La Habana (septiembre, 1995), pp. 13-19.

(14). El Nuevo Herald, Miami, 10 de septiembre de 1995, p. 4A.

(15). Francis Fukuyama, "El mito del individualismo norteamericano", en Novedades, México D. F., 28 de julio de 1995, p. A17.

 
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