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Una Mirada al Fenomeno de la Globalizacion desde la Periferia LatinoAmericana

por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



En estos nuestros días del último decenio del siglo XX, se habla recurrentemente del fenómeno de la globalización. Existe un común denominador en distintos pensadores de nuestro tiempo que reconocen que cursamos por un periodo en el que se da una revolución de la información. En otras palabras, se alude al cambio sustancial que se está operando en los medios electrónicos de comunicación. Parecería ser que por medio de ellos su discurso, su mensaje va penetrando en todos los poros de la sociedad.

Así, los modelos que hoy conocemos, la modernización capitalista y su discurso correspondiente del nuevo orden neoliberal, son dos componentes que permean y moldean diversos proyectos nacionales que se ofrecen con el auge de la economía de mercado.

Habría que acotar que la noción de globalización puede entenderse como el término que "se ha conformado a lo largo de la segunda mitad de la década de 1980, a partir de las discusiones acerca de la viabilidad de las prácticas de la política industrial que se habían estado aplicando en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -particularmente en Europa- y de América Latina"; así nos lo señala Alvaro González Vargas en su ensayo "La globalización". Este mismo analista nos comenta que otro signo de la globalización es que "el modelo del Estado intervencionista está siendo desplazado por el medelo neoliberal, en el que no cuentan las políticas de pleno empleo ni la estabilidad laboral".

Sin embargo, con los nuevos acontecimientos históricos que se han desarrollado en los últimos diez años, particularmente la culminación de la Guerra Fría que tuvo su mayor expresión en el derrumbe del Muro de Berlín y en el colapso del socialismo en la Europa Oriental, así como con la globalización misma, surgieron nuevos fenómenos que han alcanzado una relevante importancia. Habría que recordar que al calor de esa Guerra Fría se impidió la homogeneización de las economías nacionales. Por el contrario cuando ella terminó a nivel planetario (aunque todavía se dan regionalmente esas manifestaciones, recuérdese la política de EU hacia Cuba), han surgido otros elementos contrastantes. Entre ellos la reforma económica que se está operando a nivel mundial y el fuerte proceso migratorio de una infinidad de sectores de uno a otro país (sobre todo a los de un alto desarrollo económico-social), como también del campo a las ciudades.

Uno de los elementos que hoy s epresenta con una relativa importancia se prefiere regionalismo. Fenómeno que está generando situaciones bastantes complejas y riesgosas. Tan sólo pensemos en las expresiones como los que se manifiestan en la ex Unión Soviética (guerra xcon Chechenia) y la ex Yugoslavia (conflicto étnico-religiosos entre bosnios, servios y croatas. La guerra en los Balcanes es la más cruda expresión de la disgregación. Sobre todo en un mundo que por su dinámica económica pretende cobrar a nivel de mercados una tendencia integracionista.

En el momento actual, el discurso político de la era de la globalización plantea una práctica que descanse en una política de solidaridad y cooperación económica para salir del subdesarrollo y la marginación, pero también formula la unidad de grupos, clases, etnias y pluralismo político, buscando resolver comunitariamente los grandes problemas. Podemos pensar que el llamado discurso y pensamiento neoliberal es una expresión ideológica que corresponde a la fase de la globalización.

Así parecería que el pensamiento latinoamericano y los problemas de la región se enfrentan y desarrollan en el sendero que impone y presupone el mercado globalizado y el modelo neoliberal. A mayor eficiencia y productividad, mayor rentabilidad.

La racionalidad financiera que pregona el triunfo de ese neoliberalismo nos muestra y comprueba en sus proyecciones y tendencias globalizadoras que la economía mantiene a nivel mundial un destacado crecimiento macroeconómico. En la segunda quincena de septiembre se dio a conocer en un informe de 1995 de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que "el volumen del comercio mundial duplicará la tasa de aumento de la producción y crecerá a un ritmo de 5.8 por ciento".(2) Es evidente que el crecimiento económico y la bonanza financiera es la mejor justificación y no explicación para la implementación del proyecto neoliberal. Sin embargo, ese mismo discurso tiene que reconocer sus rezagos en materia social, y de igual forma que la desocupación laboral ha sido el "flagelo de los países industriales" con 34 millones, o más del siete por ciento de la fuerza laboral sin empleo.(3) Pero ese reconocimiento del desempleo y pauperización en naciones con gran desarrollo significa un pequeño lunar frente al torrente de la desocupación en nuestra América. En el caso mexicano se vive una fuerte crisis que afecta a los más amplios y diversos sectores sociales del país. La crisis que hoy padece muestra una situación que no es generada exclusivamente por el desarrollo y agravamiento de las condiciones nacionales. Es una situación que también en gran medida obedece a la dinámica general que a nivel planetario se ha globalizado y repercute de una u otra forma en casi todos los eslabones de la cadena internacional, pero particularmente en donde ésta es más débil.

Estas afirmaciones pudiera considerarse que se desprenden de una visión crítica o contestataria. O simplemente de una mirada entorno al escenario de pobreza y marginación que padecen cotidianamente millones de mexicanos en el campo y la ciudad. Por el contrario, estas consideraciones nacen a partir de planteamientos que provienen de instituciones tan conservadoras como el Banco Mundial y la revista Forbes.

La primera institución, en el mes de junio de este año, señaló de acuerdo al reporte anual de 1995, que el 85 por ciento de la población mexicana vive en la pobreza. Agrega que "el nivel de pobreza de México está basado en los términos de ingresos per cápita de los países en desarrollo, estimado en un ingreso menor de cinco dólares diarios". A ello se suma la constatación de que la clase media se está extinguiendo. Se comprende que en esos sectores se ha dado un aumento del nivel de pobreza. Asimismo, puede entenderse que a mayor desempleo, ello se traduce en un incremento de la pobreza, lo que ocasiona el crecimiento de las desigualdades económicas, de donde emerge con mayor fuerza la violencia social. Violencia en forma de criminalidad que es, nos dice el Banco Mundial "una muestra clara de las necesidades y dificultades que está viviendo la población mexicana a raíz de la crisis".(4)

En este sentido, la realidad mexicana, así como la del resto del mundo, tiene una segunda faceta. En este segmento de la realidad mexicana, la revista Forbes nos describe un México que encabeza a los países latinoamericanos en cuanto en él destaca un grupo de multimillonarios. La mencionada publicación señaló que ese pequeñísimo grupo de mexicanos posee una enorme fortuna que los ubica en el listado de los mil hombres más ricos a nivel mundial. Es decir, de aquellos que han logrado fortunas superiores a los mil millones de dólares. Es indudable que es un grupo compacto en el que figuran apenas unos cuantos nombres.

Entre ambas expresiones de la realidad mexicana hay una interconexión. La pobreza de una gran mayoría y la enorme riqueza acumulada en una minoría se explican como la necesaria correspondencia que requiere para su existencia un sistema o economía de mercado, sobre todo en un país subdesarrollado. Las contradicciones entre las partes medulares de este proceso pueden hacer pensar que la crisis ha madurado. Es necesario comprender que urge salir de ese modelo de desarrollo que hasta el día de hoy y desde hace largo tiempo tiene sumidos en la pobreza y en la marginación a 40 millones de mexicanos. El proceso de la crisis ha posibilitado el desarrollo de grupos de narcotraficantes con gran poder económico, así como una violencia social, difícil de frenar con políticas represivas frente al desempleo que irrumpe en los más amplios poros de la sociedad. En otras palabras, se recrudecen en esa situación las premisas de la injusticia social. En tal sentido, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), en abril de este año señaló que esa enormidad de mexicanos "se ubican bajo la línea de pobreza, sin perspectivas de superar esa situación en el corto plazo".(5) Por consiguiente, habría que repensar que las medidas de ajuste y privatizaciones que son proyectadas desde las instituciones financieras internacionales resultan cada vez más riesgosas en la medida en que pueden provocar fuertes estallidos sociales como lo ha previsto y considerado el propio Banco Mundial para el caso mexicano. A estro se suma la firmación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), quien ha reconocido que el "desempleo afecta a unos ocho millones de mexicanos". Incluso las propias fuentes oficiales apuntan que la "economía mexicana se contrajo en un asombroso 10.5 por ciento en el segundo trimestre del año... El nivel oficial de desocupación anunciado en agosto de 1995 fue de 6.6 por ciento".(6) Incluso se ha llegado a mencionar que la economía mundial perderá parte de su impulso y se expandirá este año a un ritmo moderado de 2.9 por ciento, debido en parte a la desaceleración económica en EU y la secuelas de la crisis financiera de México".(7)

Frente a ese escenario de desempleo y marginación, que es recurrente en la mayoría o casi la totalidad de las naciones latinoamericanas, el propio presidente peruano Alberto Fujimori ha declarado con certeza técnico-financiera que en su país el 50 por ciento de su población vive en la pobreza.(8)

Así, el problema del desempleo es uno de los retos que enfrenta hoy nuestra realidad latinoamericana frente a la implantación y prospectiva del discurso neoliberal. La ola de privatizaciones, recorte del gasto público y toda una serie de reformas económicas son parte medular de un proyecto ideológicamente correspondiente a la urgente y necesaria modernización capitalista que los bloques de poder mundial e instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM) proponen en el último decenio del siglo XX en nuestra América. Recordemos la propuesta de los documentos de la Junta de Santa Fe I y II enunciados por la visión reaganiana como parte de esa armazón ideológico-política neoliberal. O si se prefiere el discurso de George Bush de la Iniciativa de las Américas.

Para el pensamiento latinoamericano, los paradigmas de la era de la globalización implican plantearse nuevos y novedosos esquemas de análisis para comprender y dar respuestas a esas crudas realidades. El colapso del llamado socialismo real en Europa centro-oriental puede entenderse como la deconstrucción del mismo proyecto y pensamiento socialista.(9)

Podemos reconocer que los problemas de nuestro tiempo y de nuestra América en su forma y desarrollo no son los mismos de otros momentos. Sin embargo, en su contenido siguen expresando las contradicciones de nuestro ámbito periférico. Desde las metrópolis imperiales se continúa diseñando los proyectos que los círculos y las esferas de poder financiero y de comercio proponen e instrumentan.

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(2). El Nuevo Herald, Miami, 11 de septiembre de 1995, p. 4B.

(3). Ibid.

(4). Novedades, México, D. F., 24 de junio de 1996, p. 6.

(5). Novedades, México, D. F., 19 de abril de 1996, p. 9.

(6). El Nuevo Herald, Miami, 10 de septiembre de 1995, p. 4B.

(7). El Nuevo Herald, Miami, 11 de septiembre de 1995, p. 3B.

(8). Declaración vertida en Beijing con motivo de su presencia en la Conferencia Mundial de Mujeres, donde el contenido de su presencia se orientó por enfrentar las posiciones del Vaticano sobre la planificación familiar. Perú tiene un 90 por ciento de población católica de sus 23 milllones de habitantes. En las áreas rurales muchas familias tienen más de 10 hijos. El Nuevo Herald, Miami, 13 de septiembre de 1995, p. A6.

(9). En torno a la idea de socialismo Noam Chomski plantea que: "Se puede debatir el sentido de la palabra "socialismo", pero si significa algo, esto es control de la producción por los mismos trabajadores, no por los dueños y dirigentes que los gobiernan y controlan todas sus decisiones, sea en empresas capitalistas como en un estado absolutista", en: Lo que realmente quiere el tío Sam, México, Siglo XXI Editores, 1994, p. 106.

 
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