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Artigos e Publicações

Relaciones México-Nicaragua: 1974-2000
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



2. Del triunfo sandinista a su derrota
electoral (1979-1990)

Antes de que finalizara la década de los setenta en Centroamérica comenzaron las contradicciones políticas que llevaron agudizar conflictos locales en un conflicto regional. Sin duda el triunfo sandinista fue un estímulo moral y político a las luchas de liberación en Centroamérica. A su vez para el gobierno mexicano el istmo centroamericano se convirtió en una importante prioridad de su política exterior. Tanto el triunfo sandinista en Nicaragua y la cada vez más fuerte presencia de Estados Unidos en América Central fueron elementos que contribuyeron a que el gobierno mexicano se orientara a buscar los caminos latinoamericanos de la negociación y la concertación para la región.

Durante el gobierno del presidente López Portillo, y en los primeros años del Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua se buscó tender fuertes puentes de apoyo y solidaridad entre el gobierno de México y Nicaragua. Ahí se enmarcó una política de concertación y negociación, como el acuerdo que entre los gobiernos mexicano y venezolano suscribieron el 3 de agosto de 1980, en San José de Costa Rica, conocido como el Programa de Cooperación Energética para Países de Centroamérica y el Caribe (Pacto de San José). El espíritu por el cual llegaban a ese programa descansaba en el principio de que "acciones de cooperación solidaria entre países en desarrollo son indispensables para alcanzar sus objetivos de progreso económico y social en un ambiente de paz y libertad".(8) En este contexto, las relaciones de México con Centroamérica y el Caribe inauguraban una política energética de cooperación no lucrativa a favor de los pueblos de la región.(9)

Es necesario señalar, aunque sea bien conocido que en la región del istmo centroamericano se vivió un conflicto político-militar prolongado a partir de los últimos años del decenio de los setenta y en los ochenta llegando hasta 1996 a una paz mucho más estable. Durante esa etapa casi ningún país de la región fue ajeno de una u otra manera al conflicto. Durante ese lapso la guerra en El Salvador y Guatemala se intensificó. El territorio de Honduras se convirtió en una plataforma militar de los Estados Unidos en la región.(10) Particularmente cuando su territorio sirvió de santuario para los ex guardias somocistas de Nicaragua, que con el triunfo revolucionario sandinista buscaron acomodo en Honduras.(11)

A la par de esta situación, habría que agregar que en enero de 1981 se cierra en el ámbito mundial el periodo de distensión entre el "Este y el Oeste". La llegada de Ronald Reagan a la presidencia estadounidense en ese año, marcó el inicio de la última etapa de la Guerra Fría en el siglo XX.

En México, ya con una presencia más activa en el escenario internacional, había reivindicado el derecho de la Revolución Sandinista en Nicaragua a ser respetado y se había también comprometido por el respeto de la autodeterminación en El Salvador, cuestión que entró evidentemente en choque con la nueva dimensión política que cobraba el gobierno republicano estadounidense.

Al asumir la presidencia en 1981, Ronald Reagan creía que su obligación era la de enfrentarse a los comunistas en Latinoamérica y derrotarlos, así como la de dar garantías a los gobiernos militares "amigos" que se habían alejado a causa de las políticas que siguió el gobierno de Carter. Reagan defendió a El Salvador, desestabilizó a Nicaragua, invadió Granada y desmanteló las políticas de Carter en materia de derechos humanos y control de armamentos.(12)

Es decir, se reforzó la tenacidad anticomunista del gobierno estadounidense y encontró como primer elemento en esa batalla la lucha contra el régimen sandinista. En México correspondiendo a esa administración republicana, coincidía con la que llevó a la presidencia el 1o. de diciembre, de 1982 a Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988).

El nuevo gobierno mexicano se orientó por una política exterior multilateral activa. Así participó junto con los gobiernos de Panamá, Colombia y Venezuela en una serie de acciones que se plasmaron a través del llamado Grupo Contadora. Este grupo multilateral trataba de evitar que se expandiera territorialmente la guerra y disminuyera su intensidad. Para la política exterior mexicana su objetivo hacia Centroamérica era el reafirmar la independencia y soberanía de México dentro del contexto regional e internacional, y, por lo tanto, tenía prioridad el contrarrestar las influencias foráneas.(13)

Se puede interpretar que las propuestas que México asumió en el Grupo Contadora, así como las del mismo grupo, contribuyeron en gran medida a reducir la tensión en el área centroamericana. Su labor logró establecer canales de comunicación entre los gobiernos centroamericanos, cuando ellos tenían fuertes tensiones políticas e ideológicas. Un elemento central de Contadora era plantear un camino de negociación entre las partes frente a las alternativas militares. Durante el gobierno del presidente Miguel De la Madrid, el tema del conflicto centroamericano alcanzó una gran importancia para México. Siendo la postura mexicana en el área latinoamericana junto con la de Colombia y Venezuela los mejores mediadores frente al guerrerismo republicano estadounidense. Sin embargo, también durante esos años la política exterior mexicana recibió las más fuertes presiones estadounidenses referidas a diversos temas como el narcotráfico e indocumentados que fueron reorientando el nacionalismo mexicano. Situación que en el plano interno llevó a una nueva generación de políticos que más que orientarse por el nacionalismo revolucionario, estaban más vinculados al esquema del llamado "liberalismo social mexicano" que postuló como nueva doctrina política el presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).(14)


3. Las relaciones México-Nicaragua al final del siglo XX.

Después de fuertes tensiones ocurridas al interior del conflicto centroamericano, se comenzó a lograr la pacificación de América Central a fines de los años ochenta. Se firmó el acuerdo de Sapoa en 1989 entre el gobierno sandinista y los grupos contrarrevolucionarios. Continuaron los Acuerdos de Paz para El Salvador, signados en la ciudad de México en enero de 1992 que contaron con el respaldo del presidente Carlos Salinas.(15) Cuatro años más tarde se suscribieron los de Guatemala en 1996, acuerdos que ya le correspondieron al presidente Ernesto Zedillo (1994-2000). Así, durante los años noventa se puede identificar de manera general que en Centroamérica comenzaron a reducirse los niveles del conflicto político. Sin embargo, en el ámbito social los niveles de pobreza violencia y analfabetismo no cesaron en la región. Por el contrario estos se incrementaron pero en todo el conjunto de América Latina en el último decenio del siglo XX, entre otras razones por la aplicación de las llamadas políticas de ajuste estructural.(16)

Cuando el sandinismo perdió las elecciones y cede el gobierno a una nueva alianza política en 1990, la diplomacia mexicana siguió su rumbo al mantener políticamente una buena relación institucional con su contraparte. De tal forma que al recomponerse las fuerzas políticas en Nicaragua, y al afianzarse la política de concertación del gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, su relación con México se hizo más intensa.

Para 1997 las relaciones entre México y Nicaragua, alcanzaron un nivel más pragmático, se enriquecieron con la visita oficial que el presidente Ernesto Zedillo realizó a Managua el 18 y 19 de diciembre de ese año, con motivo de la firma de una tratado de libre comercio entre los dos países. Tratado que entró en vigencia el 1 de julio de 1998, una vez que fue ratificado por las legislaturas de ambos países.(17)

En términos diplomáticos las relaciones del gobierno de México con Nicaragua y en general con los de América Central hasta el 2000 han sido bastantes acordes con el nuevo perfil imperante en la región latinoamericana. Con la llegada de Violeta Chamorro a Nicaragua y más tarde con el ascenso de Arnoldo Alemán a la presidencia, las relaciones quedaron insertas en la nueva lógica de los cambios operados tanto por los factores mundiales así como por los propios de la región latinoamericana y las mismas características particulares de cada país. Dentro de ellos podemos ubicar la conclusión de la Guerra Fría, la conformación de nuevos bloques de poder económico, la mundialización de la economía, la unipolaridad de los Estados Unidos, la inserción de los países latinoamericanos a la democracia formal y pluripartidista, entre otros.

En los años de la gestión gubernamental zedillistas y la de Arnoldo Alemán se priorizaron las relaciones en su esfera comercial. El libre mercado y la participación de México con Estados Unidos y Canadá en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado en 1994, influyó en su relación con Nicaragua para contar con un mayor número de coincidencias y propósitos comunes en ese sentido. En ese contexto emergió la llamada cooperación bilateral y multilateral con las naciones de América Central como una prioridad de la política exterior, tal como lo formuló el presidente Zedillo en los finales de 1995.(18)

Es decir, las nuevas relaciones se comenzaron a orientar en el eje de la integración regional. Tal como comenzaron a concebirse desde la Cumbre México-Centroamérica Tuxtla Gutiérrez I.

Reflexión final

En el ámbito económico, el mismo perfil de la globalización ha fortalecido las tendencias a conformar entre México y Centroamérica un bloque comercial por etapas. Entre México y Costa Rica se logró un convenio de libre comercio en abril de 1994 y otro con Nicaragua en 1997, llegando finalmente en el 2000 a firmarse uno más entre México y el Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras).

En esa lógica al final del siglo XX las relaciones México-Nicaragua emergen con un nuevo discurso ideológico y político. El ascenso de un nuevo mandatario mexicano como Vicente Fox el 1 de diciembre del 2000, con una filiación política distinta a los anteriores presidentes emanados del PRI, marcará una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Sin embargo, pensamos que la cooperación económica seguirá en la lógica de las nuevas tendencias y movimientos. El proyecto de integración regional es cada vez más apremiante como una expresión proclive a rechazar la disgregación y la balcanización.

La integración de mercados entre México y Nicaragua, y en general entre México y Centroamérica y toda la región latinoamericana, sigue siendo de manera renovada de cara al contexto internacional, el punto de convergencia en un mundo de interdependencia y mundialización de los mercados.

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(8) "Declaración conjunta de los presidentes de México y Venezuela", Raúl Benítez Manaut y Ricardo Córdova Macías (compiladores), México en Centroamérica: expediente de documentos fundamentales, 1979-1986, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades/UNAM, 1989, p. 122.

(9) Para abril de 1997 se daba a conocer por parte de la gerencia regional Banco Centroamericano de Integración Económica que México había acordado ampliar el Pacto de San José para Centroamérica. "El incremento de los fondos para América Central se dará tras la decisión de México de incorporar las compras privadas de petróleo y productos refinados", Novedades, México, 26 de abril de 1997, p. B4.

(10) Cf. Adalberto Santana, Honduras-México: una relación horizontal, Tegucigalpa, Ediciones Subirana, 1999, pp. 88-119.

(11) El papel de los llamados contras en Honduras estuvo vinculado a las desapariciones forzadas a opositores hondureños en la década de 1980. Así finalmente fue reconocido oficialmente en febrero de 1996 por el juez hondureño Rafael Castro, a propósito de los juicios contra militares hondureños por las violaciones a los derechos humanos realizadas en aquellos años.

(12) Pastor, Roberto A., El remolino. La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe, México, Siglo XXI, 1995, p. 79

(13) Contraalmirante Mario Santos Caamal, "México frente a Centroamérica. Un concepto estratégico nacional en acción", en: Raúl Benítez Manaut y Ricardo Córdova Macías (compiladores), México en Centroamérica: expediente de documentos fundamentales, 1979-1986, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades/UNAM, 1989, p. 137. Cf. Toussaint Ribot, Mónica, "La política exterior de México hacia Centroamérica en la década de los ochenta: un balance ex-post-facto", Revista Mexicana de Ciencias Sociales, núm. 161 (julio-septiembre 1995), pp. 109-134.

(14) Tomás Borge, Salinas: los dilemas de la modernidad, México, Siglo XXI Editores, 1993, pp. 196-223.

(15) Cf. Cuadernos Americanos (México) núm. 32, (marzo-abril, 1992). En ese número de la revista se recogen los documentos que dan cuenta del proceso de pacificación en El Salvador. A su vez en ellos se pone de manifiesto la comprobación de las tesis de la cultura diplomática de México en su propuesta mediación y pacificación del área centroamericana. Cf. México Cívico. Los mensajes de Carlos Salinas de Gortari ante el Congreso de la Unión, México, Presidencia de la República, Dirección General de Comunicación General/Rayuela Editores, 1994.

(16) Cf. Informe Estado de la Región en Desarrollo Humano Sostenible/Proyecto Estado de la Región, San José C. R., Proyecto Estado de la Región, 1999, pp. 31-59.

(17) Un cuestionamiento al tratado entre México y Nicaragua, fue formulado por el ex mandatario nicaragüense, Daniel Ortega, quien con la firma de dicho instrumento, señaló: "Yo no veo que esto (el TLC) venga a beneficiar al pueblo de Nicaragua ni al de México, ni al mismo pueblo norteamericano, porque el Tratado de Libre Comercio del Norte (Canadá, México y Estados Unidos) lo que provocó fue desempleo en los Estados Unidos", Novedades, México, 20 de diciembre de 1997, p. A4.

(18) Novedades, México, 6 de octubre de 1995, p. A5.

 
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