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Relaciones México-Nicaragua: 1974-2000 por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Antes
de que finalizara la década de los setenta en Centroamérica
comenzaron las contradicciones políticas que llevaron agudizar
conflictos locales en un conflicto regional. Sin duda el triunfo sandinista
fue un estímulo moral y político a las luchas de liberación
en Centroamérica. A su vez para el gobierno mexicano el istmo centroamericano
se convirtió en una importante prioridad de su política
exterior. Tanto el triunfo sandinista en Nicaragua y la cada vez más
fuerte presencia de Estados Unidos en América Central fueron elementos
que contribuyeron a que el gobierno mexicano se orientara a buscar los
caminos latinoamericanos de la negociación y la concertación
para la región.
Durante el gobierno del presidente López Portillo, y en los primeros
años del Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua
se buscó tender fuertes puentes de apoyo y solidaridad entre el
gobierno de México y Nicaragua. Ahí se enmarcó una
política de concertación y negociación, como el acuerdo
que entre los gobiernos mexicano y venezolano suscribieron el 3 de agosto
de 1980, en San José de Costa Rica, conocido como el Programa de
Cooperación Energética para Países de Centroamérica
y el Caribe (Pacto de San José). El espíritu por el cual
llegaban a ese programa descansaba en el principio de que "acciones de
cooperación solidaria entre países en desarrollo son indispensables
para alcanzar sus objetivos de progreso económico y social en un
ambiente de paz y libertad".(8)
En este contexto, las relaciones de México con Centroamérica
y el Caribe inauguraban una política energética de cooperación
no lucrativa a favor de los pueblos de la región.(9)
Es necesario señalar, aunque sea bien conocido que en la región
del istmo centroamericano se vivió un conflicto político-militar
prolongado a partir de los últimos años del decenio de los
setenta y en los ochenta llegando hasta 1996 a una paz mucho más
estable. Durante esa etapa casi ningún país de la región
fue ajeno de una u otra manera al conflicto. Durante ese lapso la guerra
en El Salvador y Guatemala se intensificó. El territorio de Honduras
se convirtió en una plataforma militar de los Estados Unidos en
la región.(10) Particularmente
cuando su territorio sirvió de santuario para los ex guardias somocistas
de Nicaragua, que con el triunfo revolucionario sandinista buscaron acomodo
en Honduras.(11)
A la par de esta situación, habría que agregar que en enero
de 1981 se cierra en el ámbito mundial el periodo de distensión
entre el "Este y el Oeste". La llegada de Ronald Reagan a la presidencia
estadounidense en ese año, marcó el inicio de la última
etapa de la Guerra Fría en el siglo XX.
En México, ya con una presencia más activa en el escenario
internacional, había reivindicado el derecho de la Revolución
Sandinista en Nicaragua a ser respetado y se había también
comprometido por el respeto de la autodeterminación en El Salvador,
cuestión que entró evidentemente en choque con la nueva
dimensión política que cobraba el gobierno republicano estadounidense.
Al
asumir la presidencia en 1981, Ronald Reagan creía que su obligación
era la de enfrentarse a los comunistas en Latinoamérica y derrotarlos,
así como la de dar garantías a los gobiernos militares "amigos"
que se habían alejado a causa de las políticas que siguió
el gobierno de Carter. Reagan defendió a El Salvador, desestabilizó
a Nicaragua, invadió Granada y desmanteló las políticas
de Carter en materia de derechos humanos y control de armamentos.(12)
Es decir, se reforzó la tenacidad anticomunista del gobierno estadounidense
y encontró como primer elemento en esa batalla la lucha contra
el régimen sandinista. En México correspondiendo
a esa administración republicana, coincidía con la que llevó
a la presidencia el 1o. de diciembre, de 1982 a Miguel de la Madrid Hurtado
(1982-1988).
El nuevo gobierno mexicano se orientó por una política exterior
multilateral activa. Así participó junto con los gobiernos
de Panamá, Colombia y Venezuela en una serie de acciones que se
plasmaron a través del llamado Grupo Contadora. Este grupo multilateral
trataba de evitar que se expandiera territorialmente la guerra y disminuyera
su intensidad. Para la política exterior mexicana su objetivo hacia
Centroamérica era el reafirmar la independencia y soberanía
de México dentro del contexto regional e internacional, y, por
lo tanto, tenía prioridad el contrarrestar las influencias foráneas.(13)
Se puede interpretar que las propuestas que México asumió
en el Grupo Contadora, así como las del mismo grupo, contribuyeron
en gran medida a reducir la tensión en el área centroamericana.
Su labor logró establecer canales de comunicación entre
los gobiernos centroamericanos, cuando ellos tenían fuertes tensiones
políticas e ideológicas. Un elemento central de Contadora
era plantear un camino de negociación entre las partes frente a
las alternativas militares. Durante el gobierno del presidente Miguel
De la Madrid, el tema del conflicto centroamericano alcanzó una
gran importancia para México. Siendo la postura mexicana en el
área latinoamericana junto con la de Colombia y Venezuela los mejores
mediadores frente al guerrerismo republicano estadounidense. Sin embargo,
también durante esos años la política exterior mexicana
recibió las más fuertes presiones estadounidenses referidas
a diversos temas como el narcotráfico e indocumentados que fueron
reorientando el nacionalismo mexicano. Situación que en el plano
interno llevó a una nueva generación de políticos
que más que orientarse por el nacionalismo revolucionario, estaban
más vinculados al esquema del llamado "liberalismo social mexicano"
que postuló como nueva doctrina política el presidente Carlos
Salinas de Gortari (1988-1994).(14)
Después
de fuertes tensiones ocurridas al interior del conflicto centroamericano,
se comenzó a lograr la pacificación de América Central
a fines de los años ochenta. Se firmó el acuerdo de Sapoa
en 1989 entre el gobierno sandinista y los grupos contrarrevolucionarios.
Continuaron los Acuerdos de Paz para El Salvador, signados en la ciudad
de México en enero de 1992 que contaron con el respaldo del presidente
Carlos Salinas.(15) Cuatro
años más tarde se suscribieron los de Guatemala en 1996,
acuerdos que ya le correspondieron al presidente Ernesto Zedillo (1994-2000).
Así, durante los años noventa se puede identificar de manera
general que en Centroamérica comenzaron a reducirse los niveles
del conflicto político. Sin embargo, en el ámbito social
los niveles de pobreza violencia y analfabetismo no cesaron en la región.
Por el contrario estos se incrementaron pero en todo el conjunto de América
Latina en el último decenio del siglo XX, entre otras razones por
la aplicación de las llamadas políticas de ajuste estructural.(16)
Cuando el sandinismo perdió las elecciones y cede el gobierno a
una nueva alianza política en 1990, la diplomacia mexicana siguió
su rumbo al mantener políticamente una buena relación institucional
con su contraparte. De tal forma que al recomponerse las fuerzas políticas
en Nicaragua, y al afianzarse la política de concertación
del gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, su relación
con México se hizo más intensa.
Para 1997 las relaciones entre México y Nicaragua, alcanzaron un
nivel más pragmático, se enriquecieron con la visita oficial
que el presidente Ernesto Zedillo realizó a Managua el 18 y 19
de diciembre de ese año, con motivo de la firma de una tratado
de libre comercio entre los dos países. Tratado que entró
en vigencia el 1 de julio de 1998, una vez que fue ratificado por las
legislaturas de ambos países.(17)
En términos diplomáticos las relaciones del gobierno de
México con Nicaragua y en general con los de América Central
hasta el 2000 han sido bastantes acordes con el nuevo perfil imperante
en la región latinoamericana. Con la llegada de Violeta Chamorro
a Nicaragua y más tarde con el ascenso de Arnoldo Alemán
a la presidencia, las relaciones quedaron insertas en la nueva lógica
de los cambios operados tanto por los factores mundiales así como
por los propios de la región latinoamericana y las mismas características
particulares de cada país. Dentro de ellos podemos ubicar la conclusión
de la Guerra Fría, la conformación de nuevos bloques de
poder económico, la mundialización de la economía,
la unipolaridad de los Estados Unidos, la inserción de los países
latinoamericanos a la democracia formal y pluripartidista, entre otros.
En los años de la gestión gubernamental zedillistas y la
de Arnoldo Alemán se priorizaron las relaciones en su esfera comercial.
El libre mercado y la participación de México con Estados
Unidos y Canadá en el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (TLCAN) firmado en 1994, influyó en su relación
con Nicaragua para contar con un mayor número de coincidencias
y propósitos comunes en ese sentido. En ese contexto emergió
la llamada cooperación bilateral y multilateral con las naciones
de América Central como una prioridad de la política exterior,
tal como lo formuló el presidente Zedillo en los finales de 1995.(18)
Es decir, las nuevas relaciones se comenzaron a orientar en el eje de
la integración regional. Tal como comenzaron a concebirse desde
la Cumbre México-Centroamérica Tuxtla Gutiérrez I. Reflexión
final En
el ámbito económico, el mismo perfil de la globalización
ha fortalecido las tendencias a conformar entre México y Centroamérica
un bloque comercial por etapas. Entre México y Costa Rica se logró
un convenio de libre comercio en abril de 1994 y otro con Nicaragua en
1997, llegando finalmente en el 2000 a firmarse uno más entre México
y el Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras).
En esa lógica al final del siglo XX las relaciones México-Nicaragua
emergen con un nuevo discurso ideológico y político. El
ascenso de un nuevo mandatario mexicano como Vicente Fox el 1 de diciembre
del 2000, con una filiación política distinta a los anteriores
presidentes emanados del PRI, marcará una nueva etapa en las relaciones
bilaterales. Sin embargo, pensamos que la cooperación económica
seguirá en la lógica de las nuevas tendencias y movimientos.
El proyecto de integración regional es cada vez más apremiante
como una expresión proclive a rechazar la disgregación y
la balcanización. La integración de mercados entre México y Nicaragua, y en general entre México y Centroamérica y toda la región latinoamericana, sigue siendo de manera renovada de cara al contexto internacional, el punto de convergencia en un mundo de interdependencia y mundialización de los mercados. Primeira
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"Declaración conjunta de los presidentes de México y Venezuela",
Raúl Benítez Manaut y Ricardo Córdova Macías
(compiladores), México en Centroamérica: expediente de
documentos fundamentales, 1979-1986, México, Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Humanidades/UNAM, 1989, p. 122. (9)
Para abril de 1997 se daba a conocer por parte de la gerencia regional
Banco Centroamericano de Integración Económica que México
había acordado ampliar el Pacto de San José para Centroamérica.
"El incremento de los fondos para América Central se dará
tras la decisión de México de incorporar las compras privadas
de petróleo y productos refinados", Novedades, México,
26 de abril de 1997, p. B4. (10)
Cf. Adalberto Santana, Honduras-México: una relación
horizontal, Tegucigalpa, Ediciones Subirana, 1999, pp. 88-119. (11)
El papel de los llamados contras en Honduras estuvo vinculado a
las desapariciones forzadas a opositores hondureños en la década
de 1980. Así finalmente fue reconocido oficialmente en febrero
de 1996 por el juez hondureño Rafael Castro, a propósito
de los juicios contra militares hondureños por las violaciones
a los derechos humanos realizadas en aquellos años. (12)
Pastor, Roberto A., El remolino. La política exterior de Estados
Unidos hacia América Latina y el Caribe, México, Siglo
XXI, 1995, p. 79 (13)
Contraalmirante Mario Santos Caamal, "México frente a Centroamérica.
Un concepto estratégico nacional en acción", en: Raúl
Benítez Manaut y Ricardo Córdova Macías (compiladores),
México en Centroamérica: expediente de documentos fundamentales,
1979-1986, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias
en Humanidades/UNAM, 1989, p. 137. Cf. Toussaint Ribot, Mónica,
"La política exterior de México hacia Centroamérica
en la década de los ochenta: un balance ex-post-facto", Revista
Mexicana de Ciencias Sociales, núm. 161 (julio-septiembre 1995),
pp. 109-134. (14)
Tomás Borge, Salinas: los dilemas de la modernidad, México,
Siglo XXI Editores, 1993, pp. 196-223. (15)
Cf. Cuadernos Americanos (México) núm. 32, (marzo-abril,
1992). En ese número de la revista se recogen los documentos que
dan cuenta del proceso de pacificación en El Salvador. A su vez
en ellos se pone de manifiesto la comprobación de las tesis de
la cultura diplomática de México en su propuesta mediación
y pacificación del área centroamericana. Cf. México
Cívico. Los mensajes de Carlos Salinas de Gortari ante el Congreso
de la Unión, México, Presidencia de la República,
Dirección General de Comunicación General/Rayuela Editores,
1994. (16)
Cf. Informe Estado de la Región en Desarrollo Humano
Sostenible/Proyecto Estado de la Región, San José
C. R., Proyecto Estado de la Región, 1999, pp. 31-59. (17)
Un cuestionamiento al tratado entre México y Nicaragua, fue formulado
por el ex mandatario nicaragüense, Daniel Ortega, quien con la firma
de dicho instrumento, señaló: "Yo no veo que esto (el TLC)
venga a beneficiar al pueblo de Nicaragua ni al de México, ni al
mismo pueblo norteamericano, porque el Tratado de Libre Comercio del Norte
(Canadá, México y Estados Unidos) lo que provocó
fue desempleo en los Estados Unidos", Novedades, México,
20 de diciembre de 1997, p. A4. (18)
Novedades, México, 6 de octubre de 1995, p. A5. |
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