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Artigos e Publicações

Narcotrafico y Politica en America Latina
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



EL FANTASMA DEL NARCOPODER (23/02/96)

El tema del narcotráfico ha sido una de las constantes que ha generado roces y enfrentamientos en los últimos años en las relaciones entre diversos países de América Latina y los Estados Unidos de Norteamérica. En el caso de Colombia y México se ha hecho más que evidente. Las formulaciones que en un pasado reciente ha realizado la DEA sobre los vínculos entre funcionarios gubernamentales latinoamericanos y narcotraficantes es otra constatación.

No es extraña la existencia de los presuntos nexos de los barones de la droga con determinados círculos políticos del poder en América Latina. Pero tampoco debemos subestimar que al interior de la mayor potencia del orbe se den esos problemas, ya que es un fenómeno generalizado a nivel mundial. Hay que pensar que en nuestros días se vive una ola de manipulación sobre las denuncias de esos vínculos para descalificar o denigrar a personajes políticos. Sin duda los hechos plenamente confirmados son la mejor evidencia de esas relaciones.

Por ejemplo, en Colombia, Alberto Giraldo, un reconocido narcotraficante vinculado al cártel de Cali, declaró a la Fiscalía en noviembre de 1995 que los jefes de su organización delictiva llegaron a acuerdos con los ex mandatarios colombianos Virgilio Barco y César Gaviria. Cabe señalar que la formulación de una declaración no hace un hecho. En ese mismo país se lanzaron fuertes campañas para desestabilizar a la nación, acusando al presidente Ernesto Samper de tener vínculos con el narcotráfico en el financiamiento de su campaña electoral. Cuestión semejante se intentó al divulgar falsas informaciones sobre la campaña presidencial de México, que hizo la revista Cambio 16 Colombia y que posteriormente desmintió. En Bolivía un colaborador confeso de la DEA, Miguel Angel Villavicencio, aseveró que la campaña proselitista que en 1985 llevó al poder a Paz Estenssoro fue financiada con 2 millones de dólares por un conocido narcotraficante como Jorge Roca Suárez, alias "Techo de Paja". En ese último país, parlamentarios oficialistas y opositores denunciaron: "Una gran conspiración, al parecer proveniente de la DEA, se teje sobre la democracia boliviana y contra políticos supuestamente involucrados en el narcotráfico" (Novedades, 19/10/95).

En el caso colombiano esas campañas se iniciaron en un momento en el que los principales cárteles colombianos eran fuertemente golpeados, cuando estaba por celebrarse la reunión de los países no alineados en Cartagena de Indias y cuando el mandatario colombiano cuestionaba los fracasos del neoliberalismo. En el caso mexicano se han hecho en un momento de dificultades en la vida económica del país y cuando los agentes de la intolerancia quieren evitar los cambios políticos en los que se encuentra la nación. Este tipo de versiones tienen en común ser información filtrada "procedente" de la DEA. Veremos si en el caso del ex presidente mexicano Carlos Salinas la NBC tiene razón o su visión es parte de presiones imperiales.

Sin embargo, hay casos en los que sí existen pruebas y evidencias públicas de la fuerza y vínculos del narcopoder. Entre otros, figuran los casos del antiguo colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y ex hombre fuerte de Panamá Manuel Antonio Noriega, y de esa institución norteamericana cuando financiaba a los contras en Nicaragua olvidándose de que en sus aviones se transportaban armas a Centroamérica y drogas a los EU.

En la lógica de los intereses norteamericanos, habría que considerar que hoy en día y sobre todo para el año electoral de 1996, se requiere vigorizar el rearme moral de la sociedad contra su lacerante consumo de estupefacientes. El enemigo foráneo de la Casa Blanca demócrata y del congreso republicano estadounidense, una vez que terminó la Guerra Fría, es el narcotráfico latinoamericano. Por ello el presidente Clinton ha manifestado que al centro de su política exterior se ubica de nueva cuenta el problema del tráfico ilegal de drogas, que está fuera de sus fronteras. Sin embargo, parecería que su real enemigo se ubica dentro de sus fronteras, ya que el mismo gobierno de EU estima que "su población gasta unos 49 000 millones de dólares anuales en drogas ilegales, una suma comparable al producto interno bruto de Chile".


CERTIFICADOS DE BUENA CONDUCTA (12/04/96)

El año de 1986 fue cuando el gobierno estadounidense inició el llamado proceso de expedir certificaciones para aquellos países que a su criterio combaten correctamente al tráfico de drogas ilegales. Para la principal potencia del orbe no hay quien le quiera expedir un certificado de buena conducta por idénticos motivos. Y difícilmente lo va a encontrar.

Algunos hechos y conductas que ocurren en los EU han mostrado la insolvencia moral estadounidense. Un prestigiado intelectual norteamericano como el lingüista Noam Chomsky, catedrático desde 1955 del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) ha hecho notar con especial énfasis esa situación de la política norteamericana. En particular sobre el tratamiento que EU le brinda a los países tercermundistas en su combate a las drogas.

El profesor Chomsky ha señalado que internacionalmente la llamada "guerra a las drogas" proporciona una cubierta para la intervención estadounidense. Cuestión que cotidianamente padecen los países latinoamericanos y otros más de la periferia. Sin lugar a dudas está demostrado que dentro de los intereses de los círculos imperiales de Washington, hoy se justifica su intervencionismo con el pretexto del combate al narcotráfico una vez que desapareció el fantasma del comunismo.

Noam Chomsky en su libro Lo que realmente quiere el Tio Sam, señala que al interior de los EU ese combate "tiene poco que ver con las drogas pero mucho que ver con la distracción de la población, aumentando la represión en los centros de las ciudades, y agregando apoyo al ataque contra las libertades civiles".

Internacional e históricamente el problema de las drogas ha sido un rico caldo de cultivo de los grandes imperios. El propio Chomsky nos señala: "Los críticos recordaron la Guerra del Opio de 150 años antes, cuando el gobierno británico obligó a China a abrir sus puertas al opio de la India Británica, implorando santurronamente las virtudes del libre comercio mientras ellos imponían a la fuerza la adicción a la droga en gran escala en China".

En este sentido, para el catedrático del MIT, es evidente que uno de los grandes estimuladores de las drogas han sido las estrategias imperiales. Sobre todo por parte de los EU a partir de la Segunda Guerra Mundial, con el objeto de socavar la resistencia antifascista y el movimiento laboral. Así nos da el ejemplo de Francia donde renació la "conexión francesa" quien dominó el comercio de drogas hasta los años sesenta. Más tarde en Indochina se ubicó el centro del comercio de drogas (Laos y Tailandia) cuando lo requería la guerra contra Vietnam. En Nicaragua la CIA le inyectaba armas a los contras a cambio de mandar drogas de regreso a EU. En Panamá el gobierno estadounidense "sabía que Noriega había estado involucrado en el tráfico de drogas desde por lo menos 1972, cuando la administración de Nixon consideró asesinarlo. Pero él permaneció en la nómina de la CIA... En mayo de 1986, el director de la Drug Enforcement Agency (DEA) elogió a Noriega por su 'política vigorosa contra el tráfico de drogas'". Sobre estas situaciones el propio Chomski nos señala que se pone en evidencia: "La estrecha correlación entre el negocio ilegal de drogas y el terrorismo internacional (a veces llamado, 'contrainsurgencia', 'conflicto de baja intensidad' o algún otro eufemismo) no sorprende. Operaciones clandestinas necesitan montones de dinero, que no debe detectarse. Igualmente necesitan de operativos criminales". Con todos estos antecedentes, se refrenda la insolvencia moral de EU cuando pretende imponer sus certificados de buena conducta a otros países.


¿QUIEN ESTIMULA EL CONSUMO DE DROGAS? (03/05/96)

En la era de la Posguerra Fría la visión imperial de los EU ubica como los principales enemigos de su percepción de seguridad nacional al tráfico de drogas y a la inmigración de indocumentados. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en su informe de 1995, referente a América Latina, señala que "la guerra antidrogas subsidiada por EU está creando la nueva infraestructura para que ese país se involucre militarmente en la región" (Novedades, 25/IV/96).

Como se podrá apreciar claramente, los enemigos de los intereses que defiende Washington se ubican al sur de sus fronteras. Es evidente que en todos esos puntos tienen una estrecha importancia en América Latina y en especial para México.

El asunto migratorio y el problema de las drogas, es en la visión imperial de los Estados Unidos, un punto de referencia fundamental para fortalecer la imagen de los enemigos de la mayor potencia del mundo. Desde una visión maniquea los indocumentados del Tercer Mundo radicados en territorio estadounidense (básicamente mexicanos, centroamericanos y sudamericanos) son los portadores de las drogas que están corrompiendo a los herederos de la cultura puritanista anglosajona. En esa lógica xenofóbica se parte de una realidad inventada: a mayor número de hispanos ilegales en las calles estadounidenses, corresponde un mayor consumo de heroína, cocaína y mariguana.

Sin embargo, en los últimos días de abril de 1996, el coordinador nacional antidrogas, el general en retiro Barry McCaffrey dijo al programa Mett The Press de la cadena NBC, que el consumo de estupefacientes "estuvo a punto de destruir a las fuerzas armadas de EU en los años 70, cuando uno de cada tres soldados usaba drogas de forma activa". También reconoció que "uno de los principales retos que encara este país es que hay más de 90 millones de estadounidenses que han usado narcóticos y la abrumadora mayoría lo hizo durante está época revolucionaria de los años 70. Esa es la generación que ahora maneja Estados Unidos".

Es evidente que la amenaza de las drogas no procede únicamente del exterior, sino que el principal problema está en el interior de esa opulenta sociedad capitalista con un consumo desenfrenado. La actual campaña contra las drogas en los EU manifiesta los mismos síntomas que produce en los adictos la metanfetamina (speed). Esa droga "pone eufórico, luego sumerge al afectado en una depresión, la paranoia y, utilizada repetidamente, lleva a arrebatos de furia y violencia".

Habría que recordar como lo mencionó el canciller mexicano, José Angel Gurría que "relaciones entre México y Estados Unidos se encuentran en un contexto de deterioro e incluso ha habido un aumento en las tensiones". Este malestar es evidente en el cotidiano trato a los indocumentados mexicanos y latinoamericanos que en los EU se viene dando desde la aparición de la llamada propuesta 187 del gobernador californiano Pete Wilson y en las constantes recriminaciones de la DEA sobre el peso del narcotráfico en México.

En la lógica del mercado y en la economía de las drogas, hay que tener presente, como lo señaló el novelista Gabriel García Márquez, que: "La producción no estimula el consumo; el consumo estimula la producción". En ese sentido, en la perspectiva guerrerista estadounidense contra las drogas, se hace necesario comprender como lo ha señalado el mismo escritor colombiano: "Creo que EU libra una guerra de mercados. Con su enorme cantidad de consumidores...las mafias estadounidenses son mucho más poderosas que las colombianas, lo cual significa que el nivel de corrupción oficial es mucho mayor que en Colombia. Pero es como si se tratara de que los estadounidenses estuvieran tan ávidos, que no parecería justo para ellos que Colombia conservara el resto del mercado por su cuenta en el cultivo, venta y procesamiento de estupefacientes. Esta guerra está destinada a controlar todos los sectores del mercado".


HISTORIA DE LAS DROGAS (17/05/96)

Bastante se habla sobre el desarrollo que ha cobrado el narcotráfico. A países como México y Colombia se les condena por su producción y comercio. Sin embargo, en los círculos y naciones donde el consumo de drogas es uno de los más grandes negocios se habla poco o casi nada de la historia de las drogas. El origen de ellas tiene que ver mucho con el afán desenfrenado de ese consumo generado en esos medios y naciones con un gran desarrollo económico.

Históricamente se puede identificar que las drogas ilegales más conocidas en nuestro tiempo no proceden del Nuevo Mundo. La mariguana, el opio y algunas bebidas alcohólicas llegaron a América procedentes de Asia y Europa. Algunos antropólogos han sustentado "que la costumbre de consumir estos productos fue adquirida mucho antes de la emigración, en el período paleomesolítico-euroasiático, y que debido a razones desconocidas fue erradicada de Asia nororiental y concentrada en el nuevo continente, donde adquirió un nuevo valor mítico y divino", así lo señala Augusto Pérez Gómez en su obra Historia de la drogadicción en Colombia.

En torno al consumo de coca, uno de los cultivos más destacados del continente americano se ha señalado que su uso es muy anterior a la época colonial. Y es que en todo América el consumo de sustancias psicoactivas por los grupos nativos de la época prehispánica tuvo un carácter mítico-religioso. Con el arribo de los europeos y africanos, el consumo de esas sustancias (en especial de la coca en la región andina) aumentó considerablemente. Una de las razones fue la enorme carga de trabajo que fue impuesta a la masa de indígenas y a la acumulación de riquezas por parte de los conquistadores. Aunque formalmente ese consumo fue vetado, posteriormente fue permitido y alentado por el régimen colonial. Es decir, la coca servía para intensificar la carga de trabajo del indígena e inhibía su consumo de alimentos.

Ya para el siglo XX el consumo de coca se expandió en el mundo Occidental. Inicialmente su desarrollo tuvo un elemento experimental, especialmente en el área médica. El neurólogo Paulo Mantegazza escribió un artículo en el que proclamó la importancia de la coca. Sin embargo, Friedrich Gaedcke logró aislar en 1855 una sustancia de ella que llamó eritroxilina. Cinco años más tarde, en la Universidad de Gotinga, Alemania, el químico Hohler y su asistente Albert Nieman aislaron un alcaloide, al que llamaron cocaína. Este nuevo descubrimiento fue incluso ensayado por Sigmund Freud, quien lo recomendó a sus amigos y colegas por "los maravillosos efectos que producía".

Fue así que desde 1884 el consumo de cocaíana como una droga procesada se inició como un producto industrial para el consumo. Así surgió un producto "con propiedades analgésicas y anestésicas capaz de curar una gran cantidad de malestares físicos y psíquicos". Sin embargo, no tardó en manifestarse los efectos nocivos del consumo de cocaína (intoxicaciones graves, casos de adicción y psicosis e incluso muertes), tanto en Europa como en los EU. Esto llevó a que en 1914 se restringiera su uso y sólo fuera permitida clínicamente. Incluso en el cine se hizo una condena. Recordemos la cinta de Charles Chaplin "Tiempos Modernos".

Para los años setenta el consumo de drogas volvió a intensificarse al calor de la guerra de Vietnam. La cultura discográfica de la época llegó también a fomentar el consumo de mariguana. Y a su vez el crecimiento de la demanda generaba una mayor riqueza. Recordemos que hoy en nuestros días los que gobiernan EU, entre ellos el general en retiro Barry McCaffrey, ha mencionado que el consumo de estupefacientes "estuvo a punto de destruir a las fuerzas armadas de EU en el decenio de los setenta". En esos años en las filas del ejército norteamericano uno de cada tres soldados usaba drogas de forma activa".

Por ello el propio jefe del combate a las drogas de los EU sabe que hay más de 90 millones de estadounidenses que han usado narcóticos y la abrumadora mayoría lo hizo durante esa época. Hoy quienes gobiernan son esa generación que fue víctima de lo que hoy condena y combate. Vale la pena recordar siempre la historia para no repetir los mismos errores.

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