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Migraciones latinoamericanas hacia Estados Unidos por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Se reconoce que en la frontera sur de los Estados Unidos se da el mayor
tráfico de personas en el mundo. Tan sólo el pasado 30 de
septiembre de 1995, informó el Servicio de Inmigración y
Naturalización (SIN), que el número de expulsiones de inmigrantes
ilegales para el año fiscal de 1995, superó su objetivo
de 48 mil 500 indocumentados.
Tal es la importancia y la preocupación por ese tema que durante
la última visita del presidente mexicano Ernesto Zedillo a Estados
Unidos, realizada entre los días 10 y 12 de octubre de 1995, tuvo
una capital importancia en las negociaciones y acuerdos con el gobierno
estadounidense. El énfasis que se puso a esos asuntos ocupó
buena parte de la agenda declarativa de ambos mandatarios. Para México,
reiteró el presidente Zedillo "la única respuesta definitiva
al problema de la migración consiste en un desarrollo sano, firme
y perdurable, que se traduzca en México en oportunidades de superación
y bienestar".(48)
En tanto que el mandatario norteamericano William Clinton identificó,
en lo referente a las políticas de contención para enfrentar
el torrente de indocumentados que materialmente invaden a la nación
militarmente más poderosa de la tierra por su frontera sur, que
en 1966 los Estados Unidos "van a aumentar la presencia de patrullas fronterizas
en 60 por ciento, por encima de los niveles de 1993".
Reiteradamente se ha señalado que sigue cobrando fuerza el endurecimiento
de la política migratoria de los Estados unidos. Diversas organizaciones
de hispanos pro derechos humanos en ese país, han denunciado que
la iniciativa de ley 2202, propuesta por el legislador republicano Lamar
Smith, se estaba esgrimiendo como el nuevo proyecto legislativo más
antiinmigrante en territorio estadounidense, que superaba a la ley 187.
Y es que desde la perspectiva norteamericana, el problema de los inmigrantes
ilegales se ha considerado un tema de seguridad nacional. Las tensiones
se generan en el contexto de un exacerbado ambiente antiinmigrante, donde
los círculos del poder de la llamada Unión Americana impulsan
fuertes medidas para enfrentar la oleada indocumentada.
Este tipo de medidas ha cobrado su efecto en las políticas antiinmigratorias
del gobierno mexicano. Así, se afirma que en los "13 controles
que México tiene con Guatemala son deportados 20 mil centroamericanos
al mes, que en lugar de regresar a sus países, esperan una nueva
oportunidad de cruzar la frontera, a semejanza de lo que unos 600 mil
mexicanos esperan hacer para entrar a Estados Unidos".(49)
Habría que recordar que la frontera entre territorio mexicano y
guatemalteco se extiende a lo largo de 959 kilómetros y es una
zona limítrofe de escaso desarrollo económico y con poca
vigilancia. Podemos reconocer que en toda esta situación de la
migración latinoamericana a los Estados Unidos, resalta como un
nuevo fenómeno que pone en grave riesgo a esa nación por
el hecho de que la explosión de extranjeros esté día
a día modificando el perfil de ese país.
De ahí que encontremos que para el caso de California y otros estados
de EU, se cuestionen los beneficios sociales para los inmigrantes, ya
que para ellos se perjudican las arcas de sus estados. Recordemos que
el fenómeno migratorio a EU es generado por las condiciones estructurales
en la región. Se puede considerar que el debate norteamericano
en torno a las políticas migratorias permanecerá latente
por lo que resta del siglo. Mientras no se elimine el empobrecimiento
de la mayoría de la población latinoamericana y sus fuertes
impactos en los distintos ámbitos de salud, vivienda y educación,
que condicionan la relativa estabilidad política y social, seguirá
creciendo el desempleo que es la causa que propicia que en nuestros países
se eleve sustancialmente el constante flujo de migrantes hacia los Estados
Unidos.
En
el mundo de hoy para diversos sectores sociales la situación económico-social
cada día tiende a cobrar un mayor agravamiento, la pobreza crece
como la espuma. Pareciera que la crisis recurrente ha dejado de serlo
para convertirse en un fenómeno congénito de la sociedad
de nuestro tiempo. En el discurso dominante se habla de las bondades que
a largo plazo va a generar la reforma económica.
Sin embargo, la inmensa mayoría de la gente, la más común
y corriente, ya no puede esperar. Sobre sus espaldas carga como un tremendo
fardo el peso de la crisis. Algunos indicadores de organismos internacionalmente
reconocidos nos brindan algunos elementos que dan muestra de su magnitud.
En el imaginario popular la forma de enfrentar la crisis es de lo más
diverso e imaginativo. Sin embargo, en la niñez es donde cobra
su más dramática dimensión. En el mes de marzo pasado
la Comisión Económica para América Latina (CEPAL)
y el Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dieron a conocer
que en Latinoamérica tienen que trabajar aproximadamente entre
16 y 18 millones de niños y adolescentes. Cantidad que muestra
que un 17 por ciento de las personas en esa edad tienen materialmente
que cumplir el papel de un adulto para poder subsistir. Llegando incluso
a alcanzar en determinados países un equivalente a un tercio de
la población infantil. En el caso de Brasil considerado el país
más desarrollado de América Latina, esa nación ocupa
el primer lugar en que la población infantil urbana (32.3 por ciento)
y rural (55.5 por ciento) tiene que laborar y con ello carece de la posibilidad
de acudir a la escuela y estudiar.
A nivel macroeconómico, el agravamiento del deterioro de las condiciones
sociales en que vive la inmensa mayoría de la población
se manifiesta cada día con mayor intensidad. Puede explicarse ese
fenómeno en virtud del impacto que ha generado la deuda externa
y por las medidas que se han impulsado con el llamado ajuste estructural
aplicado en nuestros países. Esto ha dado como resultado que América
Latina y el Caribe, de acuerdo con las cifras proporcionadas por el Banco
Mundial es regionalmente la más endeudada del orbe con 607,194
mil millones de dólares. En ella México figura como la nación
más endeudada con 158 mil millones de dólares apenas seguido
por el Brasil con un dígito menos.
La crisis generada por ese endeudamiento en buena medida podría
explicar el grado de violencia e inseguridad social que se padece en esos
dos países y los altos niveles de miseria. Fenómenos que
se expresan en mayor medida en los países del llamado Tercer Mundo,
pero que en el caso de los países latinoamericanos ha sido una
constante a lo largo de su historia, sobre todo cuando la región
se integró con mano de obra y materias primas al mercado mundial
hace más de 500 años.
Para algunas figuras importantes de la intelectualidad latinoamericana
la alternativa en estos momentos se puede presentar como señaló
el escritor mexicano Carlos Fuentes, en una propuesta que requiere para
el caso mexicano, "de una política económica que tenga como
prioridad la generación de empleos y el pago de salarios mínimos".
Reivindicación económica urgente y necesaria en estos tiempos
carentes de justicia social.
En ese sentido, lograr esos propósitos y objetivos sería
en las condiciones actuales un triunfo social de gran envergadura. Sobre
todo frente a la explosión del dogma neoliberal que manifiesta
rotundamente ir en sentido contrario a las más elementales aspiraciones
de todo ser humano como es el derecho al trabajo y un trato digno a su
esfuerzo. Sobre todo cuando la inmensa mayoría se encuentra sumamente
alejada de la más remota posibilidad de acceder a las empresas
en proceso de privatización. Mecanismo exclusivo para el enriquecimiento
de los grandes monopolios. De seguir en ese camino, los estallidos sociales
(como los que han ocurrido en Venezuela, Ecuador Brasil, Colombia o El
Salvador) serán el pan de todos los días.
Estas afirmaciones pudiera considerarse que se desprenden de una visión
crítica o contestataria. O simplemente de una mirada entorno al
escenario de pobreza y marginación que padecen cotidianamente millones
de mexicanos en el campo y la ciudad. Por el contrario, estas consideraciones
nacen a partir de planteamientos que provienen de instituciones tan conservadoras
como el Banco Mundial y la revista Forbes.
La primera institución, en el mes de junio de este año,
señaló de acuerdo al reporte anual de 1995, que el 85 por
ciento de la población mexicana vive en la pobreza. Agrega que
"el nivel de pobreza de México está basado en los términos
de ingresos per cápita de los países en desarrollo, estimado
en un ingreso menor de cinco dólares diarios". A ello se suma la
constatación de que la clase media se está extinguiendo.
Se comprende que en esos sectores se ha dado un aumento del nivel de pobreza.
Asimismo, puede entenderse que a mayor desempleo, ello se traduce en un
incremento de la pobreza, lo que ocasiona el crecimiento de las desigualdades
económicas, de donde emerge con mayor fuerza la violencia social.
Violencia en forma de criminalidad que es, nos dice el Banco Mundial "una
muestra clara de las necesidades y dificultades que está viviendo
la población mexicana a raíz de la crisis".(50)
.
En este sentido, la realidad mexicana, así como la del resto del
mundo, tiene una segunda faceta. En este segmento de la realidad mexicana,
la revista Forbes nos describe un México que encabeza a
los países latinoamericanos en cuanto en él destaca un grupo
de multimillonarios. La mencionada publicación da a conocer que
ese pequeñísimo grupo de mexicanos posee una enorme fortuna
que los ubica en el listado de los mil hombres más ricos a nivel
mundial. Es decir, de aquellos que han logrado fortunas superiores a los
mil millones de dólares. Esa indudable que es un grupo compacto
en el que figuran apenas unos cuantos nombres.
Entre ambas expresiones de la realidad mexicana hay una interconexión.
La pobreza de una gran mayoría y la enorme riqueza acumulada en
una minoría se explican como la necesaria correspondencia que requiere
para su existencia un sistema o economía de mercado, sobre todo
en un país subdesarrollado. Las contradicciones entre las partes
medulares de este proceso pueden hacer pensar que la crisis ha madurado.
Es necesario comprender que urge salir de ese modelo de desarrollo que
hasta el día de hoy y desde hace largo tiempo tiene sumidos en
la pobreza y en la marginación a 40 millones de mexicanos. El proceso
de la crisis ha posibilitado el desarrollo de grupos de narcotraficantes
con gran poder económico, así como una violencia social,
difícil de frenar con políticas represivas frente al desempleo
que irrumpe en los más amplios poros de la sociedad. En otras palabras,
se recrudecen en esa situación las premisas de la injusticia social.
En tal sentido, la Comisión Económica para América
Latina (CEPAL), en abril de este año señaló que esa
enormidad de mexicanos "se ubican bajo la línea de pobreza, sin
perspectivas de superar esa situación en el corto plazo".(51)
Por consiguiente, habría que repensar que las medidas de ajuste
y privatizaciones que son proyectadas desde las instituciones financieras
internacionales resultan cada vez más riesgosas en la medida en
que pueden provocar fuertes estallidos sociales como lo ha previsto y
considerado el propio Banco Mundial.
Frente a esta situación, sólo puede considerarse que buena
parte de diversos segmentos de las sociedades latinoamericanas, más
que pugnar por lograr una auténtica "democracia", lo que pretenden
es su incorporación al mercado en las distorsiones de la propia
economía de ese libre mercado. No es casual que en estos últimos
años del siglo XX, y particularmente en América Latina,
el fenómeno migratorio hacia naciones de gran desarrollo sea uno
de los modelos de acceso al mercado. Otro destacado e impactante fenómeno
del mercado mundial es el tráfico ilegal de drogas. Miles de indocumentados
buscan cotidianamente ingresar a través de la frontera sur de los
EU al Primer Mundo. En este sentido, la población migrante de América
Latina en los países desarrollados, particularmente en los EU,
es uno de los segmentos que aporta un significativo ingreso en divisas
a las economías de la región. En el caso de la migración
mexicana, al ser la principal fuente de migrantes del área latinoamericana,
ubica a México como uno de los países más beneficiados.(52)
En el Primer Mundo, el discurso neoliberal justifica las distorsiones
de la racionalidad capitalista. Con ello se responsabiliza a los tercermundistas
("hispanos" en los EU) de ser quienes socavan el mundo y la cultura occidental
anglosajona. El flujo de indocumentados a naciones desarrolladas (filipinos
a Japón o Hong Kong, hispanos a EU, africanos y árabes
a Europa occidental) representan la amenaza latente que finalmente va
a erosionar las estructuras del engranaje del capitalismo de nuestro tiempo. Primeira
Página • Página
Anterior (46).
Novedades, México, D. F., 24 de septiembre de 1994, p. A3. (47).
También se argumenta que: "La población negra de Estados
Unidos de 1994 es de 12 por ciento y si se detiene la inmigración,
podría aumentar al 17 por ciento para el año 2050. Pero
si el de flujo de inmigración continúa, la población
de raza negra estadounidense tiene una proyección porcentual más
baja. Dentro de 56 años representarán el 14 por ciento del
total de la población", ibid. (48).
Novedades, México, D. F.,11 de octubre de 1995, p. 6. (49).
Novedades, México, D. F., 10, de julio de 1995, p. 7. (50).
Novedades, México D. F., 24 de junio de 1996, p. 6. (51).
Novedades, México D. F., 19 de abril de 1996, p. 9. (52).
Sin embargo, la expulsión de esos sectores del Primer Mundo para
fines de abril de 1996, cuando las tensiones por los problemas de los
indocumentados mexicanos en territorio norteamericano se incrementaban,
el Servicio de Inmigración y Naturalización de los EU, (SIN)
reportaba que al cumplirse la primera mitad del año fiscal 95-96
se daba un récord en la deportación de extranjeros "con
un total de 31 mil 392 personas, de las cuales el 75 por ciento fueron
mexicanos", unomásuno, México, D. F., 26 de
abril de 1996, p. 19. Incluso habría que anotar que según
"los cálculos basados en el censo de 1980 indicaban que había
en el extranjero 2.2 millones de mexicanos y que el 99 por ciento de ellos
estaba en los Estados Unidos. Lo que representaba un 10 por ciento de
la mano de obra nacional de México". Suplemento del 17 aniversario
del unomásuno, México, D. F., 16 de noviembre
de 1994, p. XIII. |
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