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El ideario de Francisco Morazán por Adalberto Santana Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos (PUDEL/UNAM) |
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Y
para que nada faltase de ignominia y funesto a la revolución que
habéis últimanente promovido, apareció en la escena
el salvaje Carrera, llevando en su pecho las insignias del fanatismo,
en sus labios la destrucción de los principios liberales y en sus
manos el puñal que asesinara a todos aquellos que no habían
sido abortados, como él, de las cavernas de Mataquescuintla. Este
monstruo debió desaparecer con el cólera morbus asiático
que lo produjo. Al lado de un fraile y de un clérigo se presentó
por la primera vez revolucionando los pueblos contra el Gobierno de Guatemala,
como envenenador de los ríos que aquéllos conjuraban, para
evitar, decían, el contagio de la peste. Y contra este mismo Gobierno,
fue el apoyo de los que en su exasperación le dieron parte en la
ocupación de la ciudad de Guatemala. Fue su peor enemigo cuando
estos quisieron poner término a sus demasías y vandalismos,
y su más encarnizado perseguidor y asesino cuando el salvaje se
uniera con vosotros.(6)
El 8 de abril de 1840, el general Francisco Morazán tomó
el camino del exilio. Partió del puerto de La Libertad, El Salvador
embarcándose en la goleta "Izalco", que lo llevó a Costa
Rica.
En tierras costarricenses, Morazán buscó que el gobierno
aceptara ofrecer asilo a algunos de sus acompañantes. Determinado
número de ellos fue aceptado y sólo siete continuaron el
viaje con él.
En David (Panamá) Morazán escribe sus Memorias, documento
autobiográfico que cubre hasta el 13 de abril de 1829, testimonio
que dejó inconcluso por su participación posterior en la
política de Centro América.
De igual forma en ese punto de Panamá, escribió su célebre
Manifiesto de David (16 de julio de 1841), obra sobre la que se
afirma que surgió una rectificación en torno a la conveniencia
del federalismo, máxime cuando los pueblos del Istmo vivían
tan anarquizados. Por esta época, "...y después de tantas
dolorosas experiencias, Morazán llegó a la conclusión
de que el federalismo y caudillaje bárbaro eran expresiones sinónimas".(7)
Cuando estaba todavía en David, a Morazán le llegaron llamados
de sus correligionarios, sobre todo impugnando la dictadura vitalicia
de Carrillo en Costa Rica. Esta situación fue la que lo llevó
de nueva cuenta a prolongar su peregrinaje con el propósito de
apartarse transitoriamente de América Central, postura que lo hace
continuar su viaje hacia el Perú.
Ya en Lima, Morazán recibe la invitación de Mariscal Agustín
Gamarra, para confiarle el mando de una división peruana, en momentos
en que su país se encontraba en guerra con Chile. En
Lima, se encontró Morazán con una situación convulsa.
Desde hacía más de doce años las disensiones entre
las Repúblicas de El Perú y Bolivia -en las cuales se vieron
involucrados los Estados de Chile y Colombia-, dieron lugar a una serie
de guerras con éxitos y fracasos recíprocos, que arrastraron
su cauda de funestas etapas de caos, entre todas las partes que fueron
beligerantes.(8)
En el Perú, Francisco Morazán tuvo la fortuna de encontrar
buenos amigos y compañeros de ideales. Entre ellos figuraban los
generales José Rufino Echenique y Pedro Bermúdez. Este último,
a quien había conocido en 1835, se sumó posteriormente a
las nuevas campañas que Morazán emprendería en su
retorno a Centroamérica.
Francisco Morazán abandona el exilio peruano después de
cuatro meses de encontrarse en Lima. Al tener noticias del levantamiento
de los mosquitos en la costa norte y de las ocupaciones inglesas en territorio
de Honduras, decide su retorno. En ese año de 1841, al fallecer
el cacique de los mosquitos, hereda el territorio a su "querida prima
Victoria", y con esa justificación "los ingleses procedieron inmediatamente
a ocupar San Juan y a proclamar un rey de los mosquitos bajo protección
británica".(9)
Frente a esa situación, Morazán, con el respaldo del general
Bermúdez, fleta el bergantín "Cruzador" y parte del Callao
a fines de diciembre de 1841 acompañado de los generales Cabañas
y Saravia, de los coroneles Orellana y Escalante, del capitán Gómez
y de los tenientes Molina y Escalante.
De esta forma, a bordo del "Cruzador", Morazán y acompañantes
hicieron escala en Guayaquil o de aquí partieron por mar a Chiriquí.
En este último lugar tuvo la posibilidad de reunirse una vez más
con su familia y gana nuevos voluntarios. Más tarde, en La Unión
(El Salvador), contrató tres embarcaciones y logró la incorporación
a sus fuerzas de cuatrocientos veteranos salvadoreños y hondureños.
Desde este lugar se dirigió a todos los gobiernos centroamericanos
y a bordo de "Cruzador", en la Bahía de La Unión, el 16
de febrero de 1842, escribió: Ni
los males que éstos padecían, ni las persecusiones de mis
amigos, ni las excitaciones continuas de los que eran perseguidos en el
interior de la República, habían podido variar la conducta
neutral que he observado en los veintidós meses de mi espontáneo
destierro. Esta conducta habría sido invariable en mí, si
un suceso tan inesperado como sensible, no me hubiese hecho mudar de resolución,
en fuerza de los nuevos deberes que me lo prescribían y de ese
sentimiento nacional irresistible por aquellos que tienen un corazón
para su patria.(10)
Esta postura de Morazán bien puede ser interpretada como la más
clara reivindicación de la defensa de la soberanía nacional
frente a la intervención extranjera.
Ya en territorio salvadoreño, Morazán pasa a La Unión
después de dirigirse a San Salvador para reactivar a sus fuerzas
locales, recorre Acajutla, La Libertad y Sonsonate. Agrupado el contigente
de voluntarios que engrosó sus filas, se dirigió a la isla
de Martín Pérez ubicada en el Golfo de Fonseca; y desde
allí organizó un contingente militar con aproximadamente
500 hombres, contando con los generales Cabañas y Rascón.
"Su flota se componía de cinco buques llamados 'Cruzador', 'Asunción
Granadina', 'Isabel II', 'Josefa' y 'El Cosmopolita', con la cual, el
día 7 de abril y sin ningún contratiempo, desembarcó
en el puerto de Caldera".(11)
El gobierno de Braulio Carrillo, al tener noticias de la presencia en
territorio costarricense de las fuerzas unionistas encabezadas por Morazán,
se aprestó a organizar la resistencia. En respuesta, Francisco
Morazán lanzó una proclama al pueblo de Costa Rica el 9
de abril de ese año de 1842, en la que afirmaba: Costarricenses:
Han llegado a mi destierro vuestras súplicas, y vengo a acreditaros
que no son indiferente a las desgracias que experimentáis. Vuestro
clamores han herido por largo tiempo mis oídos, y he encontrado
al fin los medios de salvaros, aunque sea a costa de mi propia vida.(12)
Con una mayor experiencia y habilidad política, Francisco Morazán
evitó el enfrentamiento armado con las fuerzas que envió
Carrillo al mando del general Vicente Villaseñor, y por medio de
negociaciones realizadas con este último se firmó el "Acta
de El Jocote". El acuerdo establecía la integración de un
solo cuerpo militar, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente,
la salida de Braulio Carrillo y otros miembros de su administración
y la instalación de un gobierno provisional al mando de Francisco
Morazán. El 13 de abril de 1842, las fuerzas morazanistas entraban
a la ciudad de San José.
La rápida y elocuente victoria de Francisco Morazán presagiaba
un dramático desenlace de su épica campaña por la
unión de la América Central. El triunfo de Morazán
levantó un malestar que se hizo presente, entre otros, en sus más
acérrimos enemigos: Rafael Carrera y el cónsul británico,
Federico Chatfield. Con su retorno, Morazán se proponía: organizar
los intereses del Estado, reconciliar la familia costarricense. Su primer
decreto del 14 de abril consistió en mandar que todos los que se
hallaban perseguidos en los otros Estados de la República, cualquiera
que hubiera sido su militancia política, tendrían en Costa
Rica un seguro asilo y podrían vivir en su territorio bajo la protección
de las leyes.(13)
Este nuevo episodio de la vida de Morazán empezaba a mostrar que
"Había emprendido su retorno para defender su patria amenazada
por una potencia extranjera y ahora se encontraba, una vez más,
envuelto en la vorágine de las luchas civiles que terminaron por
devorarlo".(14)
La Asamblea Constituyente fue instalada el 10 de julio de 1842. Cinco
días después ella misma declaró a Francisco Morazán
Jefe del Ejército Nacional y Libertador de Costa Rica. Nuevamente
en el poder por decreto de la Asamblea Constituyente del 20 de julio,
Morazán se dio a la tarea de organizar el ejército que tendría
la facultad y la delicada misión de reorganizar la República
de Centro América.
El desenlace que vivió la última fase de la lucha de Morazán
en Costa Rica, confirma que éste chocó con el mismo espíritu
localista que ya para entonces predominaba en Centroamérica. En
otras palabras, los costarricenses veían con antipatía a
las fuerzas que trajo Morazán de El Salvador.
En los hechos concretos de la coyuntura, y de la fase final de la campaña
morazanista por intentar logar la unidad centroamericana, estaba presente
a nivel del Istmo una situación en cual el ex compañero
de Morazán, el general Francisco Ferrera, quien había llegado
al poder en Honduras el 1o. de enero de 1841, estrechó sus relaciones
con los conservadores de Guatemala y El Salvador. Alianza a partir de
la cual Ferrera desarrolló una persecución sistemática
contra los simpatizantes de la Federación. De esta forma, al retornar
Morazán, el jefe de Estado de Honduras, se propuso establecer una
confederación de los Estados de Nicaragua, Honduras y El Salvador
para enfrentar la nueva amenaza liberal. Dicho proyecto se intentó
concretar en marzo de 1842 con la llamada Convención de Chinandega.
Se pretendía formar con los tres países la Confederación
Centroamericana con
el respaldo y la autoridad del mandatario nicaragüense Fruto Chamorro.
Sin embargo, por la oposición de Guatemala y Costa Rica la propuesta
se vino abajo.
Al interior de Costa Rica surgió una nueva conspiración
antimorazanista en la primera quincena de septiembre de 1842. Figuraban
a la cabeza de ella José María Alfaro y su hermano el coronel
Florentino Alfaro, jefe de la guarnición de Alajuela. El 11 de
septiembre se da a conocer un pronunciamiento en que se impugna a Morazán
por la coacción que ejerce para reclutar sus tropas, así
como por las exacciones de dinero y por el descontento producido en la
población. Con esta justificación se pretende negar su autoridad
y se lo convoca a abandonar el país garantizándole su vida
y la de su familia. En otras palabras, el pronunciamiento impugnaba el
ideario morazanista de reestablecer la unión centroamericana.
La noche del 12 de septiembre de 1844, Florentino Alfaro, con 400 efectivos
que llegaron desde Alajuela, atacó la Guardia de Honor de Morazán,
integrada por 40 salvadoreños. Las tropas morazanistas habían
sufrido las defecciones de costarricenses y otros grupos de sus tropas
estaban concentrados en Puntarenas y en el departamento de Guanacaste.
Estas últimas fuerzas se encontraban en dicho lugar por la amenaza
de las tropas nicaragüenses, ya que Nicaragua sin declaración
de guerra había invadido Costa Rica. Las fuerzas de Alfaro crecieron
en número cuando arribaron mil hombres procedentes de Heredia y
Alajuela, situación que obligó a Morazán a replegarse
al cuartel principal. Desde ese punto, al mando de ochenta hombres y frente
a un número de cinco mil enemigos tuvo que ofrecer la más
férrea resistencia.(15)
Para el día 13 de septiembre los atacantes incrementaron su número
y habían logrado rechazar a las tropas que intentaban desde Cartago
socorrer a Morazán. Esto dio pie a que se iniciaran algunas negociaciones
sin llegar a resultados concretos.
El cerco que se le tendió a Morazán duró aproximadamente
88 horas. El 14 de septiembre, al filo de las 4 de la madrugada, las fuerzas
morazanistas lograron romperlo y dirigirse a la ciudad de Cartago. Sin emabrago, el 15 de septiembre de 1842 en que se cumplía un aniversario más de la firma del Acta de Independencia de la América Central, paradójicamente, en esa misma fecha, el más consecuente defensor de ella era llevado al fusilamiento. Primeira
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Página (6).
"Al pueblo de Centroamérica (Manifiesto de David)", Cfr.
Adalberto Santana, México, CCyDEL/UNAM, 1992, pp. 73-84. (7).
Carlos A. Ferro, San Martín y Morazán, Tegucigalpa,
Editorial Nuevo Continente, 1971, p. 129. (8).
Miguel R. Ortega, Morazán Laurel sin Ocaso Biografía,
vol. I, p. 172. (9).
Luis Mariñas Otero, op. cit., p. 311. (10).
"Exposición del General Morazán al Gobierno del Estado de
Honduras (Manifiesto desde la Unión)", reproducida en nuestra sección
de Documentos, núm. 10, p. (11).
Medardo Mejía, op. cit., p. 333. (12).
"Francisco Morazán a los habitantes de Costa Rica", en: Adalberto
Santana, México, CCyDEL/UNAM, 1992, pp. 117-118. (13).
Medardo Mejía, op. cit., p. 334. (14).
Carlos A. Ferro, op. cit., p. 141. (15).
"Proclama de don Antonio Pinto", en Medardo Mejía, op. cit.,
p. 340. |
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