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Artigos e Publicações

El ideario de Francisco Morazán
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



El 18 de marzo de 1840, a la cabeza de un pequeño ejército de El Salvador, Morazán tomó la ciudad de Guatemala en un desesperado intento por reinstaurar la Federación, pero, ya sin el apoyo de los mismos liberales guatemaltecos, fue cercado por unos cinco mil hombres de las huestes de Carrera. Su ejército fue diezmado y rechazado definitivamente hacia El Salvador, y su jefe logró a duras penas salvar su propia vida. Francisco Morazán, en su célebre escrito: "Manifiesto de David" (16 de julio de 1841) analiza el papel desempeñado por Rafael Carrera:

Y para que nada faltase de ignominia y funesto a la revolución que habéis últimanente promovido, apareció en la escena el salvaje Carrera, llevando en su pecho las insignias del fanatismo, en sus labios la destrucción de los principios liberales y en sus manos el puñal que asesinara a todos aquellos que no habían sido abortados, como él, de las cavernas de Mataquescuintla. Este monstruo debió desaparecer con el cólera morbus asiático que lo produjo. Al lado de un fraile y de un clérigo se presentó por la primera vez revolucionando los pueblos contra el Gobierno de Guatemala, como envenenador de los ríos que aquéllos conjuraban, para evitar, decían, el contagio de la peste. Y contra este mismo Gobierno, fue el apoyo de los que en su exasperación le dieron parte en la ocupación de la ciudad de Guatemala. Fue su peor enemigo cuando estos quisieron poner término a sus demasías y vandalismos, y su más encarnizado perseguidor y asesino cuando el salvaje se uniera con vosotros.(6)

El 8 de abril de 1840, el general Francisco Morazán tomó el camino del exilio. Partió del puerto de La Libertad, El Salvador embarcándose en la goleta "Izalco", que lo llevó a Costa Rica.

En tierras costarricenses, Morazán buscó que el gobierno aceptara ofrecer asilo a algunos de sus acompañantes. Determinado número de ellos fue aceptado y sólo siete continuaron el viaje con él.

En David (Panamá) Morazán escribe sus Memorias, documento autobiográfico que cubre hasta el 13 de abril de 1829, testimonio que dejó inconcluso por su participación posterior en la política de Centro América.

De igual forma en ese punto de Panamá, escribió su célebre Manifiesto de David (16 de julio de 1841), obra sobre la que se afirma que surgió una rectificación en torno a la conveniencia del federalismo, máxime cuando los pueblos del Istmo vivían tan anarquizados. Por esta época, "...y después de tantas dolorosas experiencias, Morazán llegó a la conclusión de que el federalismo y caudillaje bárbaro eran expresiones sinónimas".(7)

Cuando estaba todavía en David, a Morazán le llegaron llamados de sus correligionarios, sobre todo impugnando la dictadura vitalicia de Carrillo en Costa Rica. Esta situación fue la que lo llevó de nueva cuenta a prolongar su peregrinaje con el propósito de apartarse transitoriamente de América Central, postura que lo hace continuar su viaje hacia el Perú.

Ya en Lima, Morazán recibe la invitación de Mariscal Agustín Gamarra, para confiarle el mando de una división peruana, en momentos en que su país se encontraba en guerra con Chile.

En Lima, se encontró Morazán con una situación convulsa. Desde hacía más de doce años las disensiones entre las Repúblicas de El Perú y Bolivia -en las cuales se vieron involucrados los Estados de Chile y Colombia-, dieron lugar a una serie de guerras con éxitos y fracasos recíprocos, que arrastraron su cauda de funestas etapas de caos, entre todas las partes que fueron beligerantes.(8)

En el Perú, Francisco Morazán tuvo la fortuna de encontrar buenos amigos y compañeros de ideales. Entre ellos figuraban los generales José Rufino Echenique y Pedro Bermúdez. Este último, a quien había conocido en 1835, se sumó posteriormente a las nuevas campañas que Morazán emprendería en su retorno a Centroamérica.

Francisco Morazán abandona el exilio peruano después de cuatro meses de encontrarse en Lima. Al tener noticias del levantamiento de los mosquitos en la costa norte y de las ocupaciones inglesas en territorio de Honduras, decide su retorno. En ese año de 1841, al fallecer el cacique de los mosquitos, hereda el territorio a su "querida prima Victoria", y con esa justificación "los ingleses procedieron inmediatamente a ocupar San Juan y a proclamar un rey de los mosquitos bajo protección británica".(9)

Frente a esa situación, Morazán, con el respaldo del general Bermúdez, fleta el bergantín "Cruzador" y parte del Callao a fines de diciembre de 1841 acompañado de los generales Cabañas y Saravia, de los coroneles Orellana y Escalante, del capitán Gómez y de los tenientes Molina y Escalante.

De esta forma, a bordo del "Cruzador", Morazán y acompañantes hicieron escala en Guayaquil o de aquí partieron por mar a Chiriquí. En este último lugar tuvo la posibilidad de reunirse una vez más con su familia y gana nuevos voluntarios. Más tarde, en La Unión (El Salvador), contrató tres embarcaciones y logró la incorporación a sus fuerzas de cuatrocientos veteranos salvadoreños y hondureños. Desde este lugar se dirigió a todos los gobiernos centroamericanos y a bordo de "Cruzador", en la Bahía de La Unión, el 16 de febrero de 1842, escribió:

Ni los males que éstos padecían, ni las persecusiones de mis amigos, ni las excitaciones continuas de los que eran perseguidos en el interior de la República, habían podido variar la conducta neutral que he observado en los veintidós meses de mi espontáneo destierro. Esta conducta habría sido invariable en mí, si un suceso tan inesperado como sensible, no me hubiese hecho mudar de resolución, en fuerza de los nuevos deberes que me lo prescribían y de ese sentimiento nacional irresistible por aquellos que tienen un corazón para su patria.(10)

Esta postura de Morazán bien puede ser interpretada como la más clara reivindicación de la defensa de la soberanía nacional frente a la intervención extranjera.

Ya en territorio salvadoreño, Morazán pasa a La Unión después de dirigirse a San Salvador para reactivar a sus fuerzas locales, recorre Acajutla, La Libertad y Sonsonate. Agrupado el contigente de voluntarios que engrosó sus filas, se dirigió a la isla de Martín Pérez ubicada en el Golfo de Fonseca; y desde allí organizó un contingente militar con aproximadamente 500 hombres, contando con los generales Cabañas y Rascón. "Su flota se componía de cinco buques llamados 'Cruzador', 'Asunción Granadina', 'Isabel II', 'Josefa' y 'El Cosmopolita', con la cual, el día 7 de abril y sin ningún contratiempo, desembarcó en el puerto de Caldera".(11)

El gobierno de Braulio Carrillo, al tener noticias de la presencia en territorio costarricense de las fuerzas unionistas encabezadas por Morazán, se aprestó a organizar la resistencia. En respuesta, Francisco Morazán lanzó una proclama al pueblo de Costa Rica el 9 de abril de ese año de 1842, en la que afirmaba:

Costarricenses: Han llegado a mi destierro vuestras súplicas, y vengo a acreditaros que no son indiferente a las desgracias que experimentáis. Vuestro clamores han herido por largo tiempo mis oídos, y he encontrado al fin los medios de salvaros, aunque sea a costa de mi propia vida.(12)

Con una mayor experiencia y habilidad política, Francisco Morazán evitó el enfrentamiento armado con las fuerzas que envió Carrillo al mando del general Vicente Villaseñor, y por medio de negociaciones realizadas con este último se firmó el "Acta de El Jocote". El acuerdo establecía la integración de un solo cuerpo militar, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, la salida de Braulio Carrillo y otros miembros de su administración y la instalación de un gobierno provisional al mando de Francisco Morazán. El 13 de abril de 1842, las fuerzas morazanistas entraban a la ciudad de San José.

La rápida y elocuente victoria de Francisco Morazán presagiaba un dramático desenlace de su épica campaña por la unión de la América Central. El triunfo de Morazán levantó un malestar que se hizo presente, entre otros, en sus más acérrimos enemigos: Rafael Carrera y el cónsul británico, Federico Chatfield. Con su retorno, Morazán se proponía:

organizar los intereses del Estado, reconciliar la familia costarricense. Su primer decreto del 14 de abril consistió en mandar que todos los que se hallaban perseguidos en los otros Estados de la República, cualquiera que hubiera sido su militancia política, tendrían en Costa Rica un seguro asilo y podrían vivir en su territorio bajo la protección de las leyes.(13)

Este nuevo episodio de la vida de Morazán empezaba a mostrar que "Había emprendido su retorno para defender su patria amenazada por una potencia extranjera y ahora se encontraba, una vez más, envuelto en la vorágine de las luchas civiles que terminaron por devorarlo".(14)

La Asamblea Constituyente fue instalada el 10 de julio de 1842. Cinco días después ella misma declaró a Francisco Morazán Jefe del Ejército Nacional y Libertador de Costa Rica. Nuevamente en el poder por decreto de la Asamblea Constituyente del 20 de julio, Morazán se dio a la tarea de organizar el ejército que tendría la facultad y la delicada misión de reorganizar la República de Centro América.

El desenlace que vivió la última fase de la lucha de Morazán en Costa Rica, confirma que éste chocó con el mismo espíritu localista que ya para entonces predominaba en Centroamérica. En otras palabras, los costarricenses veían con antipatía a las fuerzas que trajo Morazán de El Salvador.

En los hechos concretos de la coyuntura, y de la fase final de la campaña morazanista por intentar logar la unidad centroamericana, estaba presente a nivel del Istmo una situación en cual el ex compañero de Morazán, el general Francisco Ferrera, quien había llegado al poder en Honduras el 1o. de enero de 1841, estrechó sus relaciones con los conservadores de Guatemala y El Salvador. Alianza a partir de la cual Ferrera desarrolló una persecución sistemática contra los simpatizantes de la Federación. De esta forma, al retornar Morazán, el jefe de Estado de Honduras, se propuso establecer una confederación de los Estados de Nicaragua, Honduras y El Salvador para enfrentar la nueva amenaza liberal. Dicho proyecto se intentó concretar en marzo de 1842 con la llamada Convención de Chinandega. Se pretendía formar con los tres países la Confederación Centroamericana

con el respaldo y la autoridad del mandatario nicaragüense Fruto Chamorro. Sin embargo, por la oposición de Guatemala y Costa Rica la propuesta se vino abajo.

Al interior de Costa Rica surgió una nueva conspiración antimorazanista en la primera quincena de septiembre de 1842. Figuraban a la cabeza de ella José María Alfaro y su hermano el coronel Florentino Alfaro, jefe de la guarnición de Alajuela. El 11 de septiembre se da a conocer un pronunciamiento en que se impugna a Morazán por la coacción que ejerce para reclutar sus tropas, así como por las exacciones de dinero y por el descontento producido en la población. Con esta justificación se pretende negar su autoridad y se lo convoca a abandonar el país garantizándole su vida y la de su familia. En otras palabras, el pronunciamiento impugnaba el ideario morazanista de reestablecer la unión centroamericana.

La noche del 12 de septiembre de 1844, Florentino Alfaro, con 400 efectivos que llegaron desde Alajuela, atacó la Guardia de Honor de Morazán, integrada por 40 salvadoreños. Las tropas morazanistas habían sufrido las defecciones de costarricenses y otros grupos de sus tropas estaban concentrados en Puntarenas y en el departamento de Guanacaste. Estas últimas fuerzas se encontraban en dicho lugar por la amenaza de las tropas nicaragüenses, ya que Nicaragua sin declaración de guerra había invadido Costa Rica. Las fuerzas de Alfaro crecieron en número cuando arribaron mil hombres procedentes de Heredia y Alajuela, situación que obligó a Morazán a replegarse al cuartel principal. Desde ese punto, al mando de ochenta hombres y frente a un número de cinco mil enemigos tuvo que ofrecer la más férrea resistencia.(15)

Para el día 13 de septiembre los atacantes incrementaron su número y habían logrado rechazar a las tropas que intentaban desde Cartago socorrer a Morazán. Esto dio pie a que se iniciaran algunas negociaciones sin llegar a resultados concretos.

El cerco que se le tendió a Morazán duró aproximadamente 88 horas. El 14 de septiembre, al filo de las 4 de la madrugada, las fuerzas morazanistas lograron romperlo y dirigirse a la ciudad de Cartago.

Sin emabrago, el 15 de septiembre de 1842 en que se cumplía un aniversario más de la firma del Acta de Independencia de la América Central, paradójicamente, en esa misma fecha, el más consecuente defensor de ella era llevado al fusilamiento.

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(6). "Al pueblo de Centroamérica (Manifiesto de David)", Cfr. Adalberto Santana, México, CCyDEL/UNAM, 1992, pp. 73-84.

(7). Carlos A. Ferro, San Martín y Morazán, Tegucigalpa, Editorial Nuevo Continente, 1971, p. 129.

(8). Miguel R. Ortega, Morazán Laurel sin Ocaso Biografía, vol. I, p. 172.

(9). Luis Mariñas Otero, op. cit., p. 311.

(10). "Exposición del General Morazán al Gobierno del Estado de Honduras (Manifiesto desde la Unión)", reproducida en nuestra sección de Documentos, núm. 10, p.

(11). Medardo Mejía, op. cit., p. 333.

(12). "Francisco Morazán a los habitantes de Costa Rica", en: Adalberto Santana, México, CCyDEL/UNAM, 1992, pp. 117-118.

(13). Medardo Mejía, op. cit., p. 334.

(14). Carlos A. Ferro, op. cit., p. 141.

(15). "Proclama de don Antonio Pinto", en Medardo Mejía, op. cit., p. 340.

 
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