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El ideario de Francisco Morazán
por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)



El general Francisco Morazán es el estadísta centroamericano que nació en 1792 en Tegucigalpa (Honduras). Morazán fue el primer presidente liberal de nuestra América. Con el pensamiento y la práctica del liberalismo trató de fortalecer y modernizar a la extinta República Federal de Centroamérica. Sin embargo, su ideario fue truncado y su patria fue balcanizada. Murió fusilado el en san José de Costa Rica el 15 de septiembre de 1842 y su obra es necesario reconsiderarla a la luz del auge del liberalismo de nuestra época.

José Martí llegó a decir que él era un "genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, el único quizás que haya producido la América Central". Morazán se inicia en la vida pública de su país cuando éste todavía formaba parte del Imperio Español. Cuando Francisco Morazán estaba por llegar a los 29 años de edad, se firmó en la ciudad de Guatemala el acta de independencia, el 15 de septiembre de 1821. Un año después Morazán aparece en el escenario político, esforzándose en sostener la independencia. Morazán en busca de la unión centroamericana, en marzo de 1829 quedaría electo como presidente del Estado de Honduras. Durante este perido del gobierno en Honduras, Morazán se dedicó a reorganizar la administración pública y orientó su atención a la educación, manifestándose así el carácter modernizador del ideario morazanista.

Francisco Morazán impulso de igual forma con sus ideas liberales y progresistas toda una serie de medidas revolucionarias para la época. Así, fomentó la inmigración, estableció la libertad de cultos y de imprenta. Al poco tiempo surgió en el escenario político centroamericano una nueva situación cuando el general Francisco Morazán dejó el gobierno de Honduras el 28 de julio de 1830 para hacerse cargo de la presidencia de la República Federal de Centro América.

América Central, signada en la década de los años treinta del siglo XIX como un área que ofrecía un paisaje lleno de calamidades y destrucción, sufría entonces además una economía profundamente debilitada.

La primera administración federal que dirigió Morazán estuvo orientada a la reconstrucción pacífica de los distintos Estados que componían la república. Los nuevos retos a los que se enfrentaba el gobierno giraban en torno a los problemas generados por "...la conjura de la aristocracia criolla, el clero recalcitrante y el colonialismo inglés...". Un elemento externo condicionante para la política de Morazán y Centroamérica que fue decisivo para su desarrollo, fue la política británica en la región. Desplazada España como potencia hegemónica en el área, su lugar es ocupado rápidamente por Inglaterra, potencia profundamente profundamente interesada en controlar el comercio y la riqueza de las ex colonias españolas. En Centroamérica comienzan a manifestarse los factores estratégicos de naturaleza geopolítica que han determinado en buena medida el rumbo histórico de la región: la lucha por la hegemonía de la comunicación interoceánica y el predominio militar y comercial en el mar Caribe.

Durante su doble periodo en la administración de la república, de 1830 a 1838, el general Morazán enfrentó graves problemas internos. Las reformas sociales que introdujo el régimen liberal una vez instaurado significaron un duro golpe para la aristocracia de estirpe colonial y su más importante aliado, la iglesia católica. Otras importantes iniciativas reformistas del gobierno morazánista intentaron transformar los campos de la educación y el sistema judicial, que diez años después de la independencia continuaban funcionando exactamente igual que durante la Colonia. Así también se instituyó el matrimonio civil y el divorcio. Mewdidas a lkas que se oponían los intereses conservadores y las instituciones heredadas de la Colonia. Las reformas liberales tendían a crear relaciones favorables para el desarrollo capitalista del Istmo, pero el escaso desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas durante la Colonia obstaculizaba de antemano el éxito de aquellas reformas. A las conspiraciones y asonadas conservadoras que se desataban una tras otra en los diferentes Estados de la Federación se vino a sumar el resquebrajamiento de la unidad del partido liberal.

Desde esta perspectiva, el sostenido combate de los liberales a la aristocracia en su afán por excluir a los conservadores de la vida política tampoco fue acompañado por un afán paralelo de integrar a otros sectores -como los indígenas, es decir la mayoría de la población- al proyecto de nación moderna que tan vehementemente postulaban. Estos, por su parte, nunca encontraron suficientes atractivos en la oferta liberal como para romper con el orden ancestral consagrado por la Iglesia y por tres siglos de estabilidad bajo el régimen colonial.

Cuando el liberalismo parecía por fin encontrar la oportunidad de llevar a la práctica sus más nobles postulados, luego de un largo proceso de integración como tendencia ideológica, como grupo político y como opción de poder, el régimen liberal resultó incapaz de lograr la cohesión de la sociedad centroamericana, o cuando menos de establecer un gobierno funcional, a pesar de los denodados esfuerzos que hiciera el general Francisco Morazán desde la presidencia de la República. Las fuerzas clericales y la aristocracia organizaron un fuerte bloque antiliberal aprovechando el fanatismo y el descontento que permeaba a amplios sectores de la población, especialmente en el Estado de Guatemala. En 1837, instigado por el clero, se produjo un levantamiento indígena en la zona de Mataquescuintla encabezado por un joven ex soldado del ejército servil, Rafael Carrera. Al grito de "¡Viva la religión y muerte a los extranjeros!"

Gracias a la influencia del clero esta rebelión indígena fue instrumentada por los aristócratas como una fuerza de choque contra el régimen liberal. Las fuerzas de Carrera, unos diez mil entre hombres, mujeres y niños, se unieron a contingentes conservadores sublevados en Antigua y tomaron la ciudad de Guatemala el 2 de febrero de 1838, derrocando al liberal radical Mariano Gálvez, jefe de Estado. Carrera entró triunfalmente en la capital en compañía del ex caudillo liberal Francisco Barrundia y otros prominentes conservadores.

Carrera fue combatido y derrotado por el propio Morazán, al precio de una violenta represión de los pueblos indios que se habían sumado al levantamiento. Pero el derrocamiento de Gálvez, uno de los más firmes soportes del régimen, daba la medida de la debilidad de las instituciones federales. En esa coyuntura, el 2 de febrero de 1838, los departamentos de Quetzaltenango, Totonicapán y Sololá, se constituyeron como el Estado de los Altos. El Congreso Federal aprobó la creación del sexto Estado el 5 de junio del mismo año. Formaron parte de su gobierno Marcelo Molina, José M. Gálvez y José A. Aguilar.(2) El nuevo Estado, cercenaba tres departamentos al Estado de Guatemala.

Frente a esa situación, el "...gobierno de Morazán accedió a esta solicitud, pero estipuló que se utilizaría al poder federal para proteger cualquier población que no deseara abandonar la jurisdicción de Guatemala".(3) Ese mismo año, el 20 de julio, en el acto de clausura del Congreso Federal, su presidente, Basilio Porras, describía el lamentable estado de la república:

No hemos podido hasta aquí consolidar un Gobierno estable... No tenemos ningún crédito en el exterior ni en el interior... No existen ni el comercio ni la agricultura en el estado de prosperidad que debieran... No tenemos más hombres de luces que nos ayuden a promover el bien y salvar la patria.(4)

Ese mismo Congreso decretó la libertad para los Estados que hasta entonces integraban la República Federal de constituirse de la manera que cada uno de ellos eligiese, siempre y cuando conservaran la forma de gobierno representativo. Aprovechando tal situación, los Estados de Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica proclamaron cada uno su independencia. El 1o. de febrero de 1839 expiró legalmente el segundo periodo presidencial de Francisco Morazán, así como el de los senadores y diputados federales. No se realizaron elecciones para sustituirlos, y solamente el vicepresidente Diego Vigil, cuyo periodo aún no concluía, era el único que continuaba legalmente en funciones en el gobierno federal. Poco más tarde los gobiernos de Honduras y Nicaragua declararon la guerra a El Salvador, que permanecía fiel al gobierno de Morazán, al tiempo que en Guatemala Rafael Carrera encabezaba un nuevo levantamiento respaldado por el clero y la aristocracia locales. Carrera ocupó la ciudad de Guatemala el 13 de abril de 1839. Días antes, el 5 de abril, Morazán defendía El Salvador del ataque hondureño, derrotando al general Francisco Ferrera en la batalla del Espíritu Santo. El 8 de julio de ese año Morazán asume el cargo de Jefe de Estado de El Salvador. En tanto que, Francisco Ferrera solicita nuevos refuerzos de Nicaragua para organizar el llamado "ejército pacificador de Centroamérica". Contingente con el que invadió el Salvador llegando hasta Cojutepeque, "...pero fue derrotado en San Pablo Perulapán por el ejército federal, bajo el mando de Morazán, el 25 de septiembre de 1839".(5)

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(1). Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios Latinoamericanos, UNAM.

(2). Rafael Bardales B., Morazán, defensor de la unión de Centroamérica, p. 69.

(3). Thomas L. Karnes, "Francisco Morazán y la Federación Centroamericana", en Carmen Collado, op. cit., p. 252.

(4). Cfr. Constantino Láscaris, Historia de las ideas en Centro América, p. 377.

(5). Luis Mariñas Otero, op. cit., p. 310.

 
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