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Continuidad y cambio de las religiones africanas en las condiciones cubanas
Las
religiones africanas, por tanto las originales que fueron traídas
por los esclavos entre los siglos XVI y XIX, formaban parte de las culturas
de diversos pueblos de esa porción geográfica frecuentemente
llamada continente negro, y en un movimiento de cambios y persistencias
se insertaron en la nacionalidad cubana como una de las partes principales
de sus raíces etnoculturales.
Los
portadores de aquellas formas religiosas procedían de zonas distantes
difíciles de determinar por cuanto los traficantes al parecer no
eran muy rigurosos en esos registros y comúnmente señalaban
incluso la etnia de los cautivos según el puerto de embarque. No
obstante, es sabido que las mayores cantidades fueron de zonas subsaharianas
centroccidentales, aunque los hubo hasta de Mozambique con costas en el
Indico.
Los
pueblos africanos de entonces alcanzaban diversos estadios de desarrollo
socioeconómico, desde comunidades tribales agrarias o nómadas
hasta imperios con poderes centrales organizados. El tráfico esclavista
que acompañó al colonialismo europeo no sólo desangró
a Africa, sino que también interrumpió su evolución.
Contradictoriamente, sin embargo, junto con la dispersión de sus
hombres y mujeres, fue vehículo de difusión de su cultura,
o más bien sus culturas.
Separadas
de su medio original y de su desarrollo socioeconómico normal,
las culturas de estos pueblos fueron sufriendo modificaciones bajo las
condiciones de la esclavitud y posteriormente de un capitalismo dependiente
y subdesarrollado. En estas circunstancias las religiones africanas fueron
cambiando, en especial, por un proceso de adaptación de representaciones,
ritos y modos organizativos, mediado por un sincretismo entre sí
y con otras expresiones religiosas existentes en Cuba, en particular con
el catolicismo impuesto como religión oficial por los colonizadores
y más tarde con el espiritismo con el que existen ciertas proximidades.
Cambios, en nuevas modalidades, de forma y de contenido, continúan
verificándose en la actualidad.
Inicialmente practicadas por los esclavos según grupos étnicos
y trasladadas con posterioridad a sus descendientes y a los sectores de
la población más humilde, las religiones africanas fueron
derivando en las expresiones religiosas antes relacionadas que se practican
actualmente en Cuba. A lo largo de la colonia y de la etapa republicana
neocolonial, se conformaron estas formas religiosas concretas. En ello
influyó, mientras duró la trata, cierta relativa e involuntaria
tolerancia, que analizaremos más adelante, con las celebraciones
festivas de los esclavos y agrupaciones como los cabildos que bajo la
representación de figuras católicas ocultaban formas religiosas
tradicionales africanas.
En
las condiciones sociales de Cuba, las expresiones religiosas de origen
africano fueron modificándose, apartándose de las formas
originales, aunque conservando los aspectos comunes y esenciales que los
identifican entre sí. Ese doble proceso de continuidad y discontinuidad
se ha prolongado hasta nuestros días. En el mismo han incidido
las distancias epocales y geográficas y la no existencia de textos
que recojan sistematizadamente la teoría doctrinal, ni de instituciones
centrales que preserven la homogeneidad de las ideas y representaciones
ni en las prácticas cultuales. La espontaneidad consiguiente, la
diversidad de interpretaciones y formas de culto individuales, conjuntamente
con el secreto ritual, son factores que, además, obstaculizan el
trabajo investigativo y originan diferentes apreciaciones entre los estudiosos.
La
referida continuidad de estas expresiones religiosas en Cuba, se advierte
en un conjunto de elementos generales dentro de la conciencia religiosa,
la que se expresa con un marcado componente emotivo en referencia particularmente
a la vida cotidiana, y sobre todo en el culto de antepasados, espíritus
y deidades. Conjuntamente, se observa la persistencia de exteriorizaciones
en lo concreto sensible, la funcionalidad de una lengua ritual, la oralidad,
los tipos de ceremonias (de iniciación, jerarquización,
funerarias, propiciatorias y de adivinación).
La discontinuidad, por su parte, se manifiesta principalmente en las actividades
religiosas, en específico en sus formas de aplicación, de
interpretación de los mitos, en las adaptaciones dentro de las
ceremonias, normas de conducta, objetos y artículos destinados
al ceremonial y en especial en la personificación de fuerzas sociales
en deidades, que, como advirtiera Jesús Guanche (Guanche, l983:
373-376), han ido asimilando atributos de la vida social cubana en la
medida en que se apartaban de la personificación de fuerzas naturales,
especialmente de lugares, ríos, montañas, animales específicos
de Africa, desconocidos por los practicantes cubanos.
Un
cambio importante en estas expresiones religiosas es la reducción
o pérdida de los ritos agrarios de fertilidad, característicos
de las religiones africanas. Ello es una consecuencia de las condiciones
de vida a la que fue sometido el esclavo separado de los resultados de
su trabajo, por lo que prefirió, con seguridad de forma inconsciente,
los cultos orientados a su protección y no a la abundancia de su
cosecha de la que no se beneficiaba. Hipotéticamente puede afirmarse
que este rasgo establece una diferencia con la religiosidad en algunas
partes de América Latina donde existe influencia de religiones
de los pueblos aborígenes, sometidos a un régimen de servidumbre
durante la conquista y colonización, conservándose tradicionales
ritos agrarios y una sacralización tanto de la tierra como, en
mayor medida que en Cuba, de símbolos y funciones.
Otra
modificación significativa dentro de estas expresiones religiosas,
lo constituyen las variaciones raciales operadas en la composición
de miembros de los grupos y seguidores no iniciados. Primeramente practicadas
por "negros de nación" y posteriormente, como se ha dicho, entre
sus descendientes negros y mestizos, por último extendidas al resto
de la población, han sobrepasado los limites étnicos y finalmente
raciales, dejando de ser en la actualidad, según demuestra la práctica
investigativa, "religiones de negros" como las calificara Fernando
Ortiz a principios del siglo. Es decir, han evolucionado en correspondencia
con la conformación de la unidad étnica que conforma al
cubano, desaparecidas las diferencias étnicas iniciales y por el
mestizaje.
Factores concurrentes en la conservación de las religiones de origen
africano en Cuba
Condicionantes socioeconómicas, ideológicas, políticas
y culturales, junto a deficiencias en el trabajo del clero, pero más
aún el hecho que la evangelización, en tanto proceso de
conversión religiosa, tropezó con dificultades objetivas
que limitaron su efectividad, determinaron que primase una cierta tolerancia
práctica por encima de disposiciones formales y se verificase una
temprana sincretización entre elementos del santoral católico
y de las mitologías africanas; otras se producirían después.
Aunque difundidas en la población, las expresiones de origen africano
no podían constituirse en la religión característica
del cubano. Otros factores actuaron sobre las restantes formas religiosas
organizadas con semejantes resultados. En las de raíces africanas
intervino la ausencia de estructuras organizativas y estandarizadoras
idóneas, el ser parte de la cultura dominada y las subestimaciones
y discriminaciones sobre ellas sostenidas por largo tiempo. No tener en
cuenta las profundas diferencias del modelo africano y valorarlo aplicándole
criterios occidentales, contribuyeron a prejuicios e incluso la consideración
de religiones amorales.
En
las condiciones de la sociedad cubana en las etapas prerrevolucionarias,
no obstante, las expresiones religiosas africanas encontraron factores
que favorecieron su extensión en la población. Esto se evidencia
principalmente en el análisis sobre la situación del esclavo
africano y las características de su evangelización.
La
Iglesia Católica se identificó con los intereses políticos
de la Corona española, a través de las disposiciones contenidas
en las bulas papales de la época y el establecimiento del Patronato
Regio que en conjunto situaron a esta institución religiosa dentro
de la estructura de dominación colonial con una cierta dependencia
de los reyes de España. Ello implicó la legitimación
sobre bases religiosas del régimen colonial y el sistema esclavista
sobre el que descansaba su actividad productiva en Cuba y en otras colonias
españolas y portuguesas.
La
situación política de la Iglesia Católica, en tanto
institución favorecida y hasta hegemónica, no sólo
durante la etapa colonial, sino también posteriormente, junto con
un débil trabajo de influencia en zonas rurales y en la población
humilde urbana, determinó una cierta actitud social que estimuló
la búsqueda de alternativas religiosas independientemente de la
ortodoxia católica. De este modo, pese a la situación que
favorecía al catolicismo y aun cuando algunos de sus concepciones
o símbolos y prácticas lograron extenderse entre otros creyentes
de un tipo u otro, se abrieron posibilidades para la difusión de
expresiones religiosas que no gozaban del apoyo político y social.
De ello se beneficiaron también, con diferente suerte, el protestantismo
en su diversidad denominacional y el espiritismo, ambos procedentes mayormente
de la cultura norteamericana de mediados y fines del siglo décimonono.
El primero por largo tiempo se mantuvo alejado de formas popularizadas,
el segundo se difundió e incluso intervino en sincretizaciones
con las religiones de raíces africanas.
Las
disposiciones civiles y eclesiales a lo largo de la etapa colonial establecían
normas para la educación cristiana de los africanos sometidos a
la esclavitud, para despojarlos de sus viejas tradiciones autóctonas.
Las disposiciones del Sínodo Diocesano celebrado en Cuba a finales
del siglo XVII, por ejemplo, regulaban entre otros aspectos la evangelización
de los esclavos (Torres Cuevas y Reyes, l986). Sin embargo, en la práctica,
estas regulaciones quedaron sustancialmente en su expresión formal.
En este análisis debe considerarse la contradicción que
se presentaba entre los propósitos explicitados de la evangelización
y las condiciones socioeconómicas específicas en las que
debía materializarse este proyecto.
Las
disposiciones de esa legislación debían ser cumplidas por
los esclavistas que no encontraban beneficios prácticos en la evangelización,
sino más bien un obstáculo a sus intereses económicos,
por cuanto evangelizar al esclavo significaba sustraer tiempo de las largas
jornadas laborales para dedicarlo al aprendizaje del dogma, las que además
se reducirían de cumplirse con los domingos y demás días
de precepto.
Hay
que considerar, además, que las propias regulaciones civiles tenían
trabas por permitir de forma encubierta el trabajo en día de precepto
religioso, violando las normas formalmente dirigidas a la catequización
de los esclavos. Estas observaciones se recogen por ejemplo en el documento
de la Junta del Real Consulado de fecha 25 de septiembre de l798, aprobado
con modificaciones por la Junta de Gobierno y en el Reglamento de esclavos
de l842, artículo 3. t-1, que autorizaba el trabajo en días
de precepto (Archivo Nacional y ver: Pichardo 1971).
Por
otra parte, para los esclavistas no era conveniente la unidad religiosa
de sus esclavos, sino que les era más provechoso, como recurso
contra las sublevaciones de sus dotaciones, conservar la división
a partir de diferencias étnicas, lingüísticas y, por
tanto, religiosas.
Con
respecto al vínculo esclavista-iglesia, ni el esclavista necesitaba
la institución religiosa para legitimar específicamente
la esclavitud, pues contaba con efectivos y directos métodos de
coerción para ejercer su opresión sin apelar al convencimiento
y consuelo cristiano, ni el clero, en sentido general, a su vez esclavista,
estaba en condiciones de exigir el cumplimiento de disposiciones legales
eclesiásticas, no predominaba en él un espíritu estrictamente
ético misionero y más bien, en buena parte, debía
interesarse por su sostén material. Por ejemplo, Manuel Moreno
Fraginals, citando el libro del presbítero Duque de Estrada "Explicación
de la doctrina cristiana acomodada a la capacidad de los negros bozales",
plantea que este autor reconoce que los capellanes de los ingenios tenían
como interés principal "buscar un modesto acomodo que los ponga
a cubierto de las escaseces y como objeto secundario y menos principal
adoctrinar a los negros". (Moreno l977, t.3: 116 y 117).
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