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Persistencia Religiosa de la Cultura Africana en las condiciones Cubanas
por Dr. Jorge Ramírez Calzadilla
Departamento de Estudios Sociorreligiosos
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)



Continuidad y cambio de las religiones africanas en las condiciones cubanas

Las religiones africanas, por tanto las originales que fueron traídas por los esclavos entre los siglos XVI y XIX, formaban parte de las culturas de diversos pueblos de esa porción geográfica frecuentemente llamada continente negro, y en un movimiento de cambios y persistencias se insertaron en la nacionalidad cubana como una de las partes principales de sus raíces etnoculturales.

Los portadores de aquellas formas religiosas procedían de zonas distantes difíciles de determinar por cuanto los traficantes al parecer no eran muy rigurosos en esos registros y comúnmente señalaban incluso la etnia de los cautivos según el puerto de embarque. No obstante, es sabido que las mayores cantidades fueron de zonas subsaharianas centroccidentales, aunque los hubo hasta de Mozambique con costas en el Indico.

Los pueblos africanos de entonces alcanzaban diversos estadios de desarrollo socioeconómico, desde comunidades tribales agrarias o nómadas hasta imperios con poderes centrales organizados. El tráfico esclavista que acompañó al colonialismo europeo no sólo desangró a Africa, sino que también interrumpió su evolución. Contradictoriamente, sin embargo, junto con la dispersión de sus hombres y mujeres, fue vehículo de difusión de su cultura, o más bien sus culturas.

Separadas de su medio original y de su desarrollo socioeconómico normal, las culturas de estos pueblos fueron sufriendo modificaciones bajo las condiciones de la esclavitud y posteriormente de un capitalismo dependiente y subdesarrollado. En estas circunstancias las religiones africanas fueron cambiando, en especial, por un proceso de adaptación de representaciones, ritos y modos organizativos, mediado por un sincretismo entre sí y con otras expresiones religiosas existentes en Cuba, en particular con el catolicismo impuesto como religión oficial por los colonizadores y más tarde con el espiritismo con el que existen ciertas proximidades. Cambios, en nuevas modalidades, de forma y de contenido, continúan verificándose en la actualidad.

Inicialmente practicadas por los esclavos según grupos étnicos y trasladadas con posterioridad a sus descendientes y a los sectores de la población más humilde, las religiones africanas fueron derivando en las expresiones religiosas antes relacionadas que se practican actualmente en Cuba. A lo largo de la colonia y de la etapa republicana neocolonial, se conformaron estas formas religiosas concretas. En ello influyó, mientras duró la trata, cierta relativa e involuntaria tolerancia, que analizaremos más adelante, con las celebraciones festivas de los esclavos y agrupaciones como los cabildos que bajo la representación de figuras católicas ocultaban formas religiosas tradicionales africanas.

En las condiciones sociales de Cuba, las expresiones religiosas de origen africano fueron modificándose, apartándose de las formas originales, aunque conservando los aspectos comunes y esenciales que los identifican entre sí. Ese doble proceso de continuidad y discontinuidad se ha prolongado hasta nuestros días. En el mismo han incidido las distancias epocales y geográficas y la no existencia de textos que recojan sistematizadamente la teoría doctrinal, ni de instituciones centrales que preserven la homogeneidad de las ideas y representaciones ni en las prácticas cultuales. La espontaneidad consiguiente, la diversidad de interpretaciones y formas de culto individuales, conjuntamente con el secreto ritual, son factores que, además, obstaculizan el trabajo investigativo y originan diferentes apreciaciones entre los estudiosos.

La referida continuidad de estas expresiones religiosas en Cuba, se advierte en un conjunto de elementos generales dentro de la conciencia religiosa, la que se expresa con un marcado componente emotivo en referencia particularmente a la vida cotidiana, y sobre todo en el culto de antepasados, espíritus y deidades. Conjuntamente, se observa la persistencia de exteriorizaciones en lo concreto sensible, la funcionalidad de una lengua ritual, la oralidad, los tipos de ceremonias (de iniciación, jerarquización, funerarias, propiciatorias y de adivinación).

La discontinuidad, por su parte, se manifiesta principalmente en las actividades religiosas, en específico en sus formas de aplicación, de interpretación de los mitos, en las adaptaciones dentro de las ceremonias, normas de conducta, objetos y artículos destinados al ceremonial y en especial en la personificación de fuerzas sociales en deidades, que, como advirtiera Jesús Guanche (Guanche, l983: 373-376), han ido asimilando atributos de la vida social cubana en la medida en que se apartaban de la personificación de fuerzas naturales, especialmente de lugares, ríos, montañas, animales específicos de Africa, desconocidos por los practicantes cubanos.

Un cambio importante en estas expresiones religiosas es la reducción o pérdida de los ritos agrarios de fertilidad, característicos de las religiones africanas. Ello es una consecuencia de las condiciones de vida a la que fue sometido el esclavo separado de los resultados de su trabajo, por lo que prefirió, con seguridad de forma inconsciente, los cultos orientados a su protección y no a la abundancia de su cosecha de la que no se beneficiaba. Hipotéticamente puede afirmarse que este rasgo establece una diferencia con la religiosidad en algunas partes de América Latina donde existe influencia de religiones de los pueblos aborígenes, sometidos a un régimen de servidumbre durante la conquista y colonización, conservándose tradicionales ritos agrarios y una sacralización tanto de la tierra como, en mayor medida que en Cuba, de símbolos y funciones.

Otra modificación significativa dentro de estas expresiones religiosas, lo constituyen las variaciones raciales operadas en la composición de miembros de los grupos y seguidores no iniciados. Primeramente practicadas por "negros de nación" y posteriormente, como se ha dicho, entre sus descendientes negros y mestizos, por último extendidas al resto de la población, han sobrepasado los limites étnicos y finalmente raciales, dejando de ser en la actualidad, según demuestra la práctica investigativa, "religiones de negros" como las calificara Fernando Ortiz a principios del siglo. Es decir, han evolucionado en correspondencia con la conformación de la unidad étnica que conforma al cubano, desaparecidas las diferencias étnicas iniciales y por el mestizaje.

Factores concurrentes en la conservación de las religiones de origen africano en Cuba

Condicionantes socioeconómicas, ideológicas, políticas y culturales, junto a deficiencias en el trabajo del clero, pero más aún el hecho que la evangelización, en tanto proceso de conversión religiosa, tropezó con dificultades objetivas que limitaron su efectividad, determinaron que primase una cierta tolerancia práctica por encima de disposiciones formales y se verificase una temprana sincretización entre elementos del santoral católico y de las mitologías africanas; otras se producirían después.

Aunque difundidas en la población, las expresiones de origen africano no podían constituirse en la religión característica del cubano. Otros factores actuaron sobre las restantes formas religiosas organizadas con semejantes resultados. En las de raíces africanas intervino la ausencia de estructuras organizativas y estandarizadoras idóneas, el ser parte de la cultura dominada y las subestimaciones y discriminaciones sobre ellas sostenidas por largo tiempo. No tener en cuenta las profundas diferencias del modelo africano y valorarlo aplicándole criterios occidentales, contribuyeron a prejuicios e incluso la consideración de religiones amorales.

En las condiciones de la sociedad cubana en las etapas prerrevolucionarias, no obstante, las expresiones religiosas africanas encontraron factores que favorecieron su extensión en la población. Esto se evidencia principalmente en el análisis sobre la situación del esclavo africano y las características de su evangelización.

La Iglesia Católica se identificó con los intereses políticos de la Corona española, a través de las disposiciones contenidas en las bulas papales de la época y el establecimiento del Patronato Regio que en conjunto situaron a esta institución religiosa dentro de la estructura de dominación colonial con una cierta dependencia de los reyes de España. Ello implicó la legitimación sobre bases religiosas del régimen colonial y el sistema esclavista sobre el que descansaba su actividad productiva en Cuba y en otras colonias españolas y portuguesas.

La situación política de la Iglesia Católica, en tanto institución favorecida y hasta hegemónica, no sólo durante la etapa colonial, sino también posteriormente, junto con un débil trabajo de influencia en zonas rurales y en la población humilde urbana, determinó una cierta actitud social que estimuló la búsqueda de alternativas religiosas independientemente de la ortodoxia católica. De este modo, pese a la situación que favorecía al catolicismo y aun cuando algunos de sus concepciones o símbolos y prácticas lograron extenderse entre otros creyentes de un tipo u otro, se abrieron posibilidades para la difusión de expresiones religiosas que no gozaban del apoyo político y social. De ello se beneficiaron también, con diferente suerte, el protestantismo en su diversidad denominacional y el espiritismo, ambos procedentes mayormente de la cultura norteamericana de mediados y fines del siglo décimonono. El primero por largo tiempo se mantuvo alejado de formas popularizadas, el segundo se difundió e incluso intervino en sincretizaciones con las religiones de raíces africanas.

Las disposiciones civiles y eclesiales a lo largo de la etapa colonial establecían normas para la educación cristiana de los africanos sometidos a la esclavitud, para despojarlos de sus viejas tradiciones autóctonas. Las disposiciones del Sínodo Diocesano celebrado en Cuba a finales del siglo XVII, por ejemplo, regulaban entre otros aspectos la evangelización de los esclavos (Torres Cuevas y Reyes, l986). Sin embargo, en la práctica, estas regulaciones quedaron sustancialmente en su expresión formal. En este análisis debe considerarse la contradicción que se presentaba entre los propósitos explicitados de la evangelización y las condiciones socioeconómicas específicas en las que debía materializarse este proyecto.

Las disposiciones de esa legislación debían ser cumplidas por los esclavistas que no encontraban beneficios prácticos en la evangelización, sino más bien un obstáculo a sus intereses económicos, por cuanto evangelizar al esclavo significaba sustraer tiempo de las largas jornadas laborales para dedicarlo al aprendizaje del dogma, las que además se reducirían de cumplirse con los domingos y demás días de precepto.

Hay que considerar, además, que las propias regulaciones civiles tenían trabas por permitir de forma encubierta el trabajo en día de precepto religioso, violando las normas formalmente dirigidas a la catequización de los esclavos. Estas observaciones se recogen por ejemplo en el documento de la Junta del Real Consulado de fecha 25 de septiembre de l798, aprobado con modificaciones por la Junta de Gobierno y en el Reglamento de esclavos de l842, artículo 3. t-1, que autorizaba el trabajo en días de precepto (Archivo Nacional y ver: Pichardo 1971).

Por otra parte, para los esclavistas no era conveniente la unidad religiosa de sus esclavos, sino que les era más provechoso, como recurso contra las sublevaciones de sus dotaciones, conservar la división a partir de diferencias étnicas, lingüísticas y, por tanto, religiosas.

Con respecto al vínculo esclavista-iglesia, ni el esclavista necesitaba la institución religiosa para legitimar específicamente la esclavitud, pues contaba con efectivos y directos métodos de coerción para ejercer su opresión sin apelar al convencimiento y consuelo cristiano, ni el clero, en sentido general, a su vez esclavista, estaba en condiciones de exigir el cumplimiento de disposiciones legales eclesiásticas, no predominaba en él un espíritu estrictamente ético misionero y más bien, en buena parte, debía interesarse por su sostén material. Por ejemplo, Manuel Moreno Fraginals, citando el libro del presbítero Duque de Estrada "Explicación de la doctrina cristiana acomodada a la capacidad de los negros bozales", plantea que este autor reconoce que los capellanes de los ingenios tenían como interés principal "buscar un modesto acomodo que los ponga a cubierto de las escaseces y como objeto secundario y menos principal adoctrinar a los negros". (Moreno l977, t.3: 116 y 117).

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