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Persistencia Religiosa de la Cultura Africana en las condiciones Cubanas
por Dr. Jorge Ramírez Calzadilla
Departamento de Estudios Sociorreligiosos
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)



Reflexiones finales

En resumen, las expresiones religiosas existentes en Cuba que se conformaron de religiones africanas traídas forzosamente por la violencia de una prolongada trata, sometidas a un proceso de sincretización bajo nuevas condiciones sociales que interrumpieron el curso normal de las expresiones originales, en conjunto han sufrido modificaciones que la apartan de estas aunque conservando elementos en las ideas y prácticas que las mantienen próximas a las manifestaciones primigenias. Son realmente cubanas y no propiamente africanas ni tampoco, en sentido estricto, afrocubanas, al menos no con la connotación que tiene para la población negra norteamericana el término afronorteamericano, aun cuando sean de raíces africanas.

Sin contar con una estructura eclesiástica que garantice su uniformidad y desarrollo ideológico, alcanzaron una cierta extensión en la población humilde cubana, por lo que, si bien no llegaron a ser tipificantes del modo de extenderse la religiosidad en general, influyen significativamente en el modo de existencia de la religiosidad más extendida, en la que se observan ideas, representaciones, símbolos, mitos y formas rituales próximas a las características esenciales de esas expresiones religiosas de origen africano. Todo ello es un reflejo particular en la conciencia social de la ascendencia etnocultural en la nacionalidad cubana, donde se advierte como rasgo fundamental un mestizaje cultural y racial.

Respecto a las expresiones de origen africano, también participantes de las raíces culturales por la incorporación temprana de las religiones originales y por su alta difusión en los sectores populares, es necesario destacar dos elementos principales que intervinieron desfavorablemente en su significación social: la relativamente menor elaboración de un pensamiento religioso sistematizado, de lo que se desprende menores niveles de estructuración orgánica, y su ubicación dentro de la cultura dominada, sometida por un largo período a discriminaciones, subvaloraciones y prejuicios.

La conformación de estas expresiones se realizó en un prolongado proceso de transculturación en el que la cultura africana y sus derivaciones fueron situadas en condiciones de resistencia favorecidas en cierto modo por una relativa tolerancia pero, en definitiva, en desventaja respecto a la cultura cristiana. Sólo muy tardíamente en la historia cubana, por parte de las proyecciones sociales revolucionarias, se dio reconocimiento oficial paritario a estas religiones a la vez que se ejecutó una política de rescate de valores folclóricos a los que las mismas se asocian y se creaban las condiciones objetivas para la erradicación de discriminaciones sociales.

Su carácter empírico y por tanto su constante referencia a lo cotidiano, sus características por las que ofrece soluciones mágicas a problemas materiales mediante el control directo de lo sobrenatural; la adivinación y rituales de protección; el atractivo de su ceremonia con empleo de lo festivo e incluso del "misterio" en las mismas y en las leyendas, han constituido condiciones propicias para su extensión en la población. Sin embargo, la menor elaboración ideológica en particular de complejas doctrinas éticas y filosóficas, y la ausencia de estructuras de alto desarrollo institucional, les han impedido tener una participación consciente activa en la vida política, social e ideológica, siendo más notoria su influencia al nivel de conciencia cotidiana.

En el plano político, por tanto, no puede hablarse de una participación en las estructuras de poder de grupos de este tipo ni que dirigentes de culto, en condición de tal, tuviesen posibilidades de decisión política (y en todo caso, de haber existido alguna figura de gobierno principal practicante de la santería u otra, la tendencia hubiera sido ocultar tales creencias). Hubo, no obstante, sucesos eventuales localizados de utilización de creencias abakuá y santeras en algunas campañas electorales de la época republicana. En lo ideológico la función de estas expresiones no pudo ser de legitimación del régimen colonial ni del neocolonial que les eran adversos. La etapa más favorable les ha sido la revolucionaria por lo apuntado y por la elevación del nivel de vida y de posibilidades de ascenso de la población humilde donde se encontraba su potencial humano, aunque subsisten dificultades de otro tipo.

Las relaciones sociales en las que se insertaron y evolucionaron las creencias y prácticas africanas, determinaron cambios importantes en especial en reducir ritos agrarios y de fertilidad y referencias a la naturaleza y, por el contrario, se produjo un acrecentamiento de representaciones de símbolos y mitos y de la protección y adivinación, orientando estas expresiones más al ámbito individual y familiar y a lo concreto que a proyecciones sociales, políticas, éticas y a abstracciones. Recuérdese que el esclavo era enajenado totalmente del resultado de su trabajo y sobre él, como después lo fue en su descendencia y en sectores populares, pesaban condiciones de vida adversas, por lo que la fertilidad y la cosecha, para el esclavo, ni los problemas estructurales de la sociedad en su globalidad, para el común de la mayoría de los practicantes, podían ocupar el centro de las preocupaciones sino ante todo la inmediatez de la supervivencia, reduciendo a la par el nivel de sacralizaciones propias de religiones originales y con ello posibilidades de significación social.

Cambios en las condiciones de vida en la última etapa favorecen, de una parte, una mayor influencia social de estas expresiones religiosas, entre otras razones, como recurso ante dificultades individuales y familiares y, de otra, la tendencia al interior de las mismas a crear estructuras organizativas centrales y el planteamiento de sistematizaciones teóricas.


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