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RERELACION RELIGION-POBREZA EN LAS CONDICIONES DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE
Incremento religioso y crisis económica. El caso cubano
por Dr. Jorge Ramírez Calzadilla
Departamento de Estudios Sociorreligiosos
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)



Particularmente en Cuba, muy temprano en los '60, surge un pensamiento teológico que con sus especificidades se inscribe en similar línea liberacionista. Se trata de lo que Juana Berges ha denominado la "Nueva Teología Cubana"(6), de un notorio compromiso político con el pueblo que protagonizaba un novedoso movimiento de transformaciones sociales. Además de su surgimiento anterior al del continente, dos rasgos, sin distanciarlo, lo diferencian de éste: se genera en medios protestantes y ecuménicos, y se desarrolla sobre la base de un contexto social diferente, lo que determina que uno de sus principales autores lo identifique como "Teología en Revolución"(7)

En sus análisis de la realidad histórica y social contemporánea, los teólogos de la liberación latinoamericanos se apoyaron en las ciencias sociales, incluso utilizando categorías marxistas y al marxismo en general en tanto instrumento de análisis, creando con ello, según los propios autores, un nuevo modo de hacer teología. Asumiendo como punto de partida la opción por los pobres -no una opción preferencial como se advierte en el discurso jerárquico- o los "empobrecidos" al ser despojados por los ricos, como prefieren algunos de estos teólogos, se aspira alcanzar una nueva sociedad exenta de injustas desigualdades, llámese Reino de Dios o socialismo, cuya construcción se concibe en la tierra y no en un momento escatológico.

Contra la Teología de la Liberación reaccionó la jerarquía vaticana en un conjunto variado de medidas, teóricas en unos casos, como los documentos de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe "Libertatis Contientia", de 1984, y "Libertatis Nuntius", de 1986, pero también prácticas como imposición de silencio a teólogos de la liberación, nombramientos de obispos seleccionados entre lo más conservador del clero y otras. Las objeciones del magisterio se fundamentaban en que se producía una excesiva y radical politización, se aceptaba el marxismo, había una parcialización (hacia los pobres y explotados) y otros argumentos similares que revelan una oposición desde una perspectiva política más que propiamente religiosa, aun cuando se la valoraba de incompletitud teológica. Es por ello que Frey Betto acusó: "Desconfían de nosotros por razones materiales y no por preocupaciones doctrinales"(8).

La ofensiva vaticana unida a la respuesta represiva de los gobiernos latinoamericanos, no sólo contra la Teología de la Liberación, sino también contra sus derivaciones prácticas en las Comunidades Eclesiales de Base, inspiradas en el pensamiento liberacionista y a su vez, según los teólogos, fuente de generación teológica, han determinado una cierta recesión, pero no una desaparición.

Con variaciones en las temáticas -como la marginación del indio, el negro y la mujer, los problemas ecológicos, más recientemente la globalización y el neoliberalismo- y en los énfasis, se sigue produciendo en algunos autores y otros nuevos, un modo de enfocar la realidad sobre bases cristianas orientado al cambio social. La situación latinoamericana denunciada por los teólogos de la liberación no ha cambiado, y mientras esto sea así es obvio que esta teología mantendrá vigencia.


Incremento religioso cubano en condiciones de crisis

Específicamente respecto a la sociedad cubana de los años 90, la que atraviesa por una profunda crisis económica de notables repercusiones, es opinión generalizada que se verificó una explosión religiosa. Un primer examen de esta realidad revela de inmediato un conjunto de datos que conducen a considerar efectivamente un reactivamiento religioso respecto al momento inmediato anterior y a otros precedentes.

Existe un conjunto de indicadores, cuantitativos y cualitativos, que demuestran un incremento religioso, por cierto notable, en la sociedad cubana al concluir la década de los ochenta y a lo largo de la siguiente, en especial en su primera mitad.

Este fenómeno se advierte principalmente en:

  • Un aumento de la asistencia a ceremonias religiosas.
  • Un crecimiento de las membresías de iglesias cristianas.
  • Una mayor cantidad de ciertos locales de culto
  • Un crecimiento del número de bautizos.
  • Una amplia solicitud de otros servicios religiosos
  • Cifras más altas de participantes en las festividades más concurridas.
  • Una mayor utilización de signos religiosos visibles.
  • Una presencia más notable de lo religioso en el arte.
  • Una notable significación de la religión en el creyente.

La crisis se hace efectiva al desaparecer la posibilidad del mercado externo en un 85% con la relativa seguridad que significaron las relaciones con el campo socialista. El incremento de las agresiones norteamericanas en el bloqueo, con la Ley Torricelli primero y la Helms Burtton después, agravó aun más la situación. Cuba debía lanzarse al mercado internacional con una estructura que conservaba la monoproducción y una industria no azucarera con cierta infraestructura creada pero dependiente en combustible, materias primas y tecnología desde el exterior, a lo que se sumaban los costos en fletes, los altos intereses de financiamiento en caso de poderse obtener y la compra de alimentos y medicamentos obstaculizada por el bloqueo.

La crisis tocó fondo en 1993 y 1994 produciéndose consecuentes situaciones conflictivas En 1995 y 1996 comienza a detenerse el empeoramiento y a aparecer indicios de recuperación, aunque los dos años sucesivos no reportaron los crecimientos económicos necesarios. La industria azucarera no ha logrado superar producciones reducidas y los ingresos del turismo en aumento todavía están necesitados de un mejoramiento de su rentabilidad.

Es sabido que desde inicios de los ´90 el país comenzó a adoptar un grupo de medidas encaminadas a evitar consecuencias mayores e intentar recuperación. La Dra. Mayra Espina(9) las sintetiza y agrupa en: rediseño del sistema de propiedad; modificación del papel del Estado en la economía; reforma empresarial, reestructuración de las formas de empleo y las fuentes de empleo; potenciación de nuevos sectores económicos; legalización de la tenencia de divisas y dualidad monetaria.

Consecuentemente se producen tendencias en la estructura socioclasista, como la aparición de nuevas formaciones de clases; la fragmentación interior de los grandes componentes socioclasistas precedentes; el reordenamiento de la producción agropecuaria y la polarización de ingresos.

Aunque ha habido una cierta recuperación, se mantienen índices de dificultades en las condiciones de vida de la población, de modo que existen indicadores cercanos a los de países desarrollados, en especial en la salud, la enseñanza, el deporte, las manifestaciones artísticas, la seguridad social, la protección de la infancia, mientras que hay otros de pobreza como en los ingresos per cápita, el transporte, la vivienda, así como el surgimiento de aspectos negativos en cuanto a desigualdades, reaparición de prácticas de prostitución, tendencias consumistas y otros. Las repercusiones se expresan en diversos campos de la sociedad y en marcos menos amplios, como la construcción de estrategias de supervivencia familiar y personal, en las que se hace participar la religión a veces en tanto recurso.

El incremento en cuestión, en diferentes grados, ha alcanzado a todas las formas religiosas existentes en el país. Al respecto es necesario tener en cuenta que la diversidad y heterogeneidad de formas concretas es uno de los rasgos definitorios del campo religioso cubano, lo que no le es exclusivo respecto al resto de la vida espiritual de esta sociedad ni en comparación con otros países, aunque tal vez esté más acusado en Cuba que en varios del continente. Consecuentemente el sincretismo religioso alcanza niveles de consideración, interviniendo en ello, como apunta Fernando Ortiz(10), tres corrientes principales: elementos del ritual, simbolismo y doctrina del catolicismo, expresiones de origen africano, especialmente la santería, derivada de formas yorubas, y el espiritismo. Hay aquí una lógica coincidencia con el comportamiento cultural del cubano y su idiosincrasia.

En la sociedad cubana, en resumen, como es frecuente en el mundo contemporáneo, la religión existe en diferentes formas; unas de ellas, a las que hemos venido llamando expresiones religiosas, adquieren diversos niveles de sistematización, elaboración teórica y de organización hasta en agrupaciones; otras son espontáneas, asistemáticas, con elementales modos organizativos que no llegan a constituir agrupaciones. En estas últimas hacemos coincidir la religiosidad popular -tan abordada en la literatura latinomericana- aun cuando hay expresiones organizadas que por su origen o extensión en sectores populares son formas también popularizadas. Lo peculiar en Cuba es que la religiosidad espontánea es significativamente prevaleciente.

Llamo la atención sobre tres aspectos de importancia respecto al reactivamiento religioso en análisis: a) tal incremento comienza a revelarse como explosión religiosa en modo advertible a partir de 1989; b) tiene su momento de mayor expresión a mediados de la década de los 90, y c) finalizando la misma comienza a observarse un cierto decrecimiento aunque irregularmente(11). De ello puede inferirse la asociación del incremento religioso con el período especial al tener un comienzo similar, alcanzar su manifestación mayor en igual tiempo y comenzar a decrecer a un ritmo próximo. En otras investigaciones hemos constatado la relación entre el movimiento de la sociedad, sus cambios, y variaciones en el modo y contenido de la religiosidad, aunque en modo alguno esto permite establecer dependencias mecánicas y simplistas.

Las razones por las que se produce este reavivamiento son numerosas. Siendo la religión un fenómeno multideterminado, interactuante con diversos aspectos, incidente en muchos campos de la vida social e individual, sus movimientos no pueden ser explicados por un solo factor o un número reducido de ellos, sino por un conjunto o más bien un sistema de factores que se deduce operan en una relación causal. En ausencia de un estudio causal preferimos considerar esos factores, por el momento, en tanto concurrentes con el incremento religioso.

Pero no cabe dudas que insatisfacciones, desorientaciones, sentimientos de desprotección, que caracterizan las crisis sociales, potencian el recurso religioso como explicación, respaldo, esperanza y la búsqueda de protección en lo sobrenatural.

El incremento religioso que se verifica se explica, entre otros factores, por las raíces psicológicas del fenómeno, por la función protectora de lo sobrenatural, por las dificultades en encontrar soluciones dentro de la propia sociedad y, por tanto, la posibilidad de alcanzarlas fuera de ella, en lo "metasocial"(12). Incide la propia crisis de la ideología filosófica basada en el materialismo.

Interviene también la gradual desaparición de concepciones dogmáticas sustentadas oficialmente sobre la base del ateísmo, cuyas expresiones más evidentes son el ingreso de creyentes al Partido, con la consecuente eliminación de condiciones que viabilizaban discriminaciones, la Reforma Constitucional de 1992 que explicitó el derecho a la no discriminación por razones religiosas y definió el carácter laico del Estado. Pese a que es este un proceso que se puede presumir relativamente prolongado, genera un clima de distensión y reducción de innecesarias tensiones en la población, favorable a la exteriorización religiosa y a la aceptación del recurso religioso como alternativa posible.

Por otra parte, las organizaciones religiosas han ampliado su espacio social al intervenir en ayudas humanitarias (en medicamentos, instrumental médico, materiales para la docencia, proyectos de desarrollo comunal e industrial, en algunos casos en cantidades altas en dólares), realizar actividades de captación directa y ceremonias fuera de los templos, aumentar sus publicaciones.

Cuba no está totalmente aislada del mundo y a ella llegan influencias desde el extranjero, corrientes del pensamiento, costumbres y diversas tendencias. Las circunstancias del mundo actual que han provocado rechazos a las bases racionales de la modernidad con su búsqueda de soluciones y utopías, alcanzan a la sociedad cubana y repercuten en diversos campos, incluyendo el religioso.

En este sentido se debate hoy acerca de la llamada crisis de la racionalidad que para algunos conduce a soluciones irreales y para otros revela la necesidad de una mística nueva o renovada. Pero en realidad se trata de una crisis no de la racionalidad en abstracto, lo que sería una absurda negación de un rasgo esencial al hombre, sino de tal racionalidad en concreto, de esa racionalidad sobre la que se ha construido el mundo moderno con sus irracionales atentados al entorno natural, a la vida misma, con el incremento también irracional de individualismos egoístas, de desigualdades e injusticias, de ansias irreflexivas de consumo, de tendencias hegemónicas, todo ello complejizado con un mundo unipolar aparentemente sin alternativas.

En el campo religioso tales modificaciones derivan en cambios principalmente en dos direcciones: una mayor demanda de la religión y un proceso de reconversión, en especial a formas no tradicionales, como lo es el protestantismo en América Latina, corrientes orientalistas y religiones asociadas a la cultura africana en diferentes partes del mundo occidental, mientras se extiende el llamado new age en tanto modalidad de multirreligiosidad. Adviértase que se produce una inclinación hacia lo no tradicional y en especial a alternativas de lo que ha acompañado a la cultura occidental.

El propósito central de la sociedad debe ser crear las condiciones suficientes y necesarias, tanto espirituales y cognitivas como materiales para que la población, en particular los jóvenes, tengan posibilidades efectivas de ejercer libremente una capacidad de optar por ser creyente y de qué tipo, o ser no creyente, sin presiones externas, como dificultades materiales, conflictos emocionales, tradiciones, desequilibrios educacionales, insuficiencias formativas de la personalidad, y otras motivaciones de ese tenor. En un proyecto de esta naturaleza pueden y deben contribuir lo mismo el ateo convencido que el creyente comprometido con su fe.


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(6) Berges, J. (1990): "El protestantismo histórico en Cuba", en Colectivo de autores: "La religión en la cultura", Editorial Academia, La Habana, pp.56-75.

(7) Arce, S. (s/f): "Teología en Revolución", Centro de Información y Estudio "Augusto Cotto", Matanzas

(8) Betto, F.(1983): "Rumo a nova sociedade", Ediciones Paulinas São Paulo, p. 57.

(9) Espina, M. (1998): "Reforma económica y reestratificación social en la Cuba de los 90", CIPS, La Habana (inédito).

(10) Ortiz, F. (1919): "Las fases de la evolución religiosa", Conferencia pronunciada en el Teatro Payret el 7 de abril de 1914, Tipografía Moderna, La Habana.

(11) Para una mayor información sobre el incremento religioso, puede consultarse, de un colectivo de autores, El incremento en el campo religioso cubano en los '90, reactivamiento y significación social, Departamento de Estudios Sociorreligiosos, La Habana. Octubre de 1999 (inédito).

(12) Así lo denomina F. Houtart en: Sociología de la Religión, Ed. Nicarao, Managua y CEA, La Habana, 1992.

 
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