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RERELACION
RELIGION-POBREZA EN LAS CONDICIONES
DE
AMERICA LATINA Y EL CARIBE |
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En sus análisis de la realidad histórica y social contemporánea,
los teólogos de la liberación latinoamericanos se apoyaron
en las ciencias sociales, incluso utilizando categorías marxistas
y al marxismo en general en tanto instrumento de análisis, creando
con ello, según los propios autores, un nuevo modo de hacer teología.
Asumiendo como punto de partida la opción por los pobres -no una
opción preferencial como se advierte en el discurso jerárquico-
o los "empobrecidos" al ser despojados por los ricos, como prefieren
algunos de estos teólogos, se aspira alcanzar una nueva sociedad
exenta de injustas desigualdades, llámese Reino de Dios o socialismo,
cuya construcción se concibe en la tierra y no en un momento escatológico.
Contra la Teología de la Liberación reaccionó la
jerarquía vaticana en un conjunto variado de medidas, teóricas
en unos casos, como los documentos de la Sagrada Congregación para
la Doctrina de la Fe "Libertatis Contientia", de 1984,
y "Libertatis Nuntius", de 1986, pero también
prácticas como imposición de silencio a teólogos
de la liberación, nombramientos de obispos seleccionados entre
lo más conservador del clero y otras. Las objeciones del magisterio
se fundamentaban en que se producía una excesiva y radical politización,
se aceptaba el marxismo, había una parcialización (hacia
los pobres y explotados) y otros argumentos similares que revelan una
oposición desde una perspectiva política más que
propiamente religiosa, aun cuando se la valoraba de incompletitud teológica.
Es por ello que Frey Betto acusó: "Desconfían de nosotros
por razones materiales y no por preocupaciones doctrinales"(8).
La ofensiva vaticana unida a la respuesta represiva de los gobiernos latinoamericanos,
no sólo contra la Teología de la Liberación, sino
también contra sus derivaciones prácticas en las Comunidades
Eclesiales de Base, inspiradas en el pensamiento liberacionista y a su
vez, según los teólogos, fuente de generación teológica,
han determinado una cierta recesión, pero no una desaparición.
Con variaciones en las temáticas -como la marginación del
indio, el negro y la mujer, los problemas ecológicos, más
recientemente la globalización y el neoliberalismo- y en los énfasis,
se sigue produciendo en algunos autores y otros nuevos, un modo de enfocar
la realidad sobre bases cristianas orientado al cambio social. La situación
latinoamericana denunciada por los teólogos de la liberación
no ha cambiado, y mientras esto sea así es obvio que esta teología
mantendrá vigencia.
Específicamente
respecto a la sociedad cubana de los años 90, la que atraviesa
por una profunda crisis económica de notables repercusiones, es
opinión generalizada que se verificó una explosión
religiosa. Un primer examen de esta realidad revela de inmediato un conjunto
de datos que conducen a considerar efectivamente un reactivamiento religioso
respecto al momento inmediato anterior y a otros precedentes. Existe
un conjunto de indicadores, cuantitativos y cualitativos, que demuestran
un incremento religioso, por cierto notable, en la sociedad cubana al
concluir la década de los ochenta y a lo largo de la siguiente,
en especial en su primera mitad. Este
fenómeno se advierte principalmente en:
La
crisis se hace efectiva al desaparecer la posibilidad del mercado externo
en un 85% con la relativa seguridad que significaron las relaciones con
el campo socialista. El incremento de las agresiones norteamericanas en
el bloqueo, con la Ley Torricelli primero y la Helms Burtton después,
agravó aun más la situación. Cuba debía lanzarse
al mercado internacional con una estructura que conservaba la monoproducción
y una industria no azucarera con cierta infraestructura creada pero dependiente
en combustible, materias primas y tecnología desde el exterior,
a lo que se sumaban los costos en fletes, los altos intereses de financiamiento
en caso de poderse obtener y la compra de alimentos y medicamentos obstaculizada
por el bloqueo. La
crisis tocó fondo en 1993 y 1994 produciéndose consecuentes
situaciones conflictivas En 1995 y 1996 comienza a detenerse el empeoramiento
y a aparecer indicios de recuperación, aunque los dos años
sucesivos no reportaron los crecimientos económicos necesarios.
La industria azucarera no ha logrado superar producciones reducidas y
los ingresos del turismo en aumento todavía están necesitados
de un mejoramiento de su rentabilidad. Es
sabido que desde inicios de los ´90 el país comenzó a adoptar
un grupo de medidas encaminadas a evitar consecuencias mayores e intentar
recuperación. La Dra. Mayra Espina(9)
las sintetiza y agrupa en: rediseño del sistema de propiedad;
modificación del papel del Estado en la economía; reforma
empresarial, reestructuración de las formas de empleo y las fuentes
de empleo; potenciación de nuevos sectores económicos; legalización
de la tenencia de divisas y dualidad monetaria. Consecuentemente
se producen tendencias en la estructura socioclasista, como la aparición
de nuevas formaciones de clases; la fragmentación interior de los
grandes componentes socioclasistas precedentes; el reordenamiento de la
producción agropecuaria y la polarización de ingresos. Aunque
ha habido una cierta recuperación, se mantienen índices
de dificultades en las condiciones de vida de la población, de
modo que existen indicadores cercanos a los de países desarrollados,
en especial en la salud, la enseñanza, el deporte, las manifestaciones
artísticas, la seguridad social, la protección de la infancia,
mientras que hay otros de pobreza como en los ingresos per cápita,
el transporte, la vivienda, así como el surgimiento de aspectos
negativos en cuanto a desigualdades, reaparición de prácticas
de prostitución, tendencias consumistas y otros. Las repercusiones
se expresan en diversos campos de la sociedad y en marcos menos amplios,
como la construcción de estrategias de supervivencia familiar y
personal, en las que se hace participar la religión a veces en
tanto recurso.
El incremento en cuestión, en diferentes grados, ha alcanzado a
todas las formas religiosas existentes en el país. Al respecto
es necesario tener en cuenta que la diversidad y heterogeneidad de formas
concretas es uno de los rasgos definitorios del campo religioso cubano,
lo que no le es exclusivo respecto al resto de la vida espiritual de esta
sociedad ni en comparación con otros países, aunque tal
vez esté más acusado en Cuba que en varios del continente.
Consecuentemente el sincretismo religioso alcanza niveles de consideración,
interviniendo en ello, como apunta Fernando Ortiz(10),
tres corrientes principales: elementos del ritual, simbolismo y doctrina
del catolicismo, expresiones de origen africano, especialmente la santería,
derivada de formas yorubas, y el espiritismo. Hay aquí una lógica
coincidencia con el comportamiento cultural del cubano y su idiosincrasia.
En la sociedad cubana, en resumen, como es frecuente en el mundo contemporáneo,
la religión existe en diferentes formas; unas de ellas, a las que
hemos venido llamando expresiones religiosas, adquieren diversos niveles
de sistematización, elaboración teórica y de organización
hasta en agrupaciones; otras son espontáneas, asistemáticas,
con elementales modos organizativos que no llegan a constituir agrupaciones.
En estas últimas hacemos coincidir la religiosidad popular -tan
abordada en la literatura latinomericana- aun cuando hay expresiones organizadas
que por su origen o extensión en sectores populares son formas
también popularizadas. Lo peculiar en Cuba es que la religiosidad
espontánea es significativamente prevaleciente. Llamo
la atención sobre tres aspectos de importancia respecto al reactivamiento
religioso en análisis: a) tal incremento comienza a revelarse como
explosión religiosa en modo advertible a partir de 1989; b) tiene
su momento de mayor expresión a mediados de la década de
los 90, y c) finalizando la misma comienza a observarse un cierto decrecimiento
aunque irregularmente(11).
De ello puede inferirse la asociación del incremento religioso
con el período especial al tener un comienzo similar, alcanzar
su manifestación mayor en igual tiempo y comenzar a decrecer a
un ritmo próximo. En otras investigaciones hemos constatado la
relación entre el movimiento de la sociedad, sus cambios, y variaciones
en el modo y contenido de la religiosidad, aunque en modo alguno esto
permite establecer dependencias mecánicas y simplistas. Las
razones por las que se produce este reavivamiento son numerosas. Siendo
la religión un fenómeno multideterminado, interactuante
con diversos aspectos, incidente en muchos campos de la vida social e
individual, sus movimientos no pueden ser explicados por un solo factor
o un número reducido de ellos, sino por un conjunto o más
bien un sistema de factores que se deduce operan en una relación
causal. En ausencia de un estudio causal preferimos considerar esos factores,
por el momento, en tanto concurrentes con el incremento religioso.
Pero no cabe dudas que insatisfacciones, desorientaciones, sentimientos
de desprotección, que caracterizan las crisis sociales, potencian
el recurso religioso como explicación, respaldo, esperanza y la
búsqueda de protección en lo sobrenatural.
El incremento religioso que se verifica se explica, entre otros factores,
por las raíces psicológicas del fenómeno, por la
función protectora de lo sobrenatural, por las dificultades en
encontrar soluciones dentro de la propia sociedad y, por tanto, la posibilidad
de alcanzarlas fuera de ella, en lo "metasocial"(12).
Incide la propia crisis de la ideología filosófica basada
en el materialismo.
Interviene también la gradual desaparición de concepciones
dogmáticas sustentadas oficialmente sobre la base del ateísmo,
cuyas expresiones más evidentes son el ingreso de creyentes al
Partido, con la consecuente eliminación de condiciones que viabilizaban
discriminaciones, la Reforma Constitucional de 1992 que explicitó
el derecho a la no discriminación por razones religiosas y definió
el carácter laico del Estado. Pese a que es este un proceso que
se puede presumir relativamente prolongado, genera un clima de distensión
y reducción de innecesarias tensiones en la población, favorable
a la exteriorización religiosa y a la aceptación del recurso
religioso como alternativa posible.
Por otra parte, las organizaciones religiosas han ampliado su espacio
social al intervenir en ayudas humanitarias (en medicamentos, instrumental
médico, materiales para la docencia, proyectos de desarrollo comunal
e industrial, en algunos casos en cantidades altas en dólares),
realizar actividades de captación directa y ceremonias fuera de
los templos, aumentar sus publicaciones.
Cuba no está totalmente aislada del mundo y a ella llegan influencias
desde el extranjero, corrientes del pensamiento, costumbres y diversas
tendencias. Las circunstancias del mundo actual que han provocado rechazos
a las bases racionales de la modernidad con su búsqueda de soluciones
y utopías, alcanzan a la sociedad cubana y repercuten en diversos
campos, incluyendo el religioso.
En este sentido se debate hoy acerca de la llamada crisis de la racionalidad
que para algunos conduce a soluciones irreales y para otros revela la
necesidad de una mística nueva o renovada. Pero en realidad se
trata de una crisis no de la racionalidad en abstracto, lo que sería
una absurda negación de un rasgo esencial al hombre, sino de tal
racionalidad en concreto, de esa racionalidad sobre la que se ha construido
el mundo moderno con sus irracionales atentados al entorno natural, a
la vida misma, con el incremento también irracional de individualismos
egoístas, de desigualdades e injusticias, de ansias irreflexivas
de consumo, de tendencias hegemónicas, todo ello complejizado con
un mundo unipolar aparentemente sin alternativas.
En el campo religioso tales modificaciones derivan en cambios principalmente
en dos direcciones: una mayor demanda de la religión y un proceso
de reconversión, en especial a formas no tradicionales, como lo
es el protestantismo en América Latina, corrientes orientalistas
y religiones asociadas a la cultura africana en diferentes partes del
mundo occidental, mientras se extiende el llamado new age en tanto
modalidad de multirreligiosidad. Adviértase que se produce una
inclinación hacia lo no tradicional y en especial a alternativas
de lo que ha acompañado a la cultura occidental. El propósito central de la sociedad debe ser crear las condiciones suficientes y necesarias, tanto espirituales y cognitivas como materiales para que la población, en particular los jóvenes, tengan posibilidades efectivas de ejercer libremente una capacidad de optar por ser creyente y de qué tipo, o ser no creyente, sin presiones externas, como dificultades materiales, conflictos emocionales, tradiciones, desequilibrios educacionales, insuficiencias formativas de la personalidad, y otras motivaciones de ese tenor. En un proyecto de esta naturaleza pueden y deben contribuir lo mismo el ateo convencido que el creyente comprometido con su fe. (6)
Berges, J. (1990): "El protestantismo histórico en Cuba",
en Colectivo de autores: "La religión en la cultura",
Editorial Academia, La Habana, pp.56-75. (7)
Arce, S. (s/f): "Teología en Revolución", Centro
de Información y Estudio "Augusto Cotto", Matanzas (8)
Betto, F.(1983): "Rumo a nova sociedade", Ediciones Paulinas
São Paulo, p. 57. (9)
Espina, M. (1998): "Reforma económica y reestratificación
social en la Cuba de los 90", CIPS, La Habana (inédito). (10)
Ortiz, F. (1919): "Las fases de la evolución religiosa", Conferencia
pronunciada en el Teatro Payret el 7 de abril de 1914, Tipografía
Moderna, La Habana. (11)
Para una mayor información sobre el incremento religioso, puede
consultarse, de un colectivo de autores, El incremento en el campo
religioso cubano en los '90, reactivamiento y significación social,
Departamento de Estudios Sociorreligiosos, La Habana. Octubre de 1999
(inédito). (12)
Así lo denomina F. Houtart en: Sociología de la Religión,
Ed. Nicarao, Managua y CEA, La Habana, 1992. |
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