![]() |
|
|
![]() |
|
||
| |
||||||
|
Artigos
e Publicações
|
|
|
|
Paralelamente
el incremento del turismo ha favorecido los intentos por crear en Cuba
agrupaciones religiosas de corte pentecostal, carismáticas o de
otro tipo, dentro de los llamados nuevos movimientos religiosos, o simplemente
"las sectas", con una acentuada orientación escapista
en lo social y políticamente muy conservadora, de consecuencias
negativas en la experiencia latinoamericana, como han denunciado sectores
religiosos del continente. Otro
riesgo está en la politización del campo religioso bajo
nuevas modalidades. Principalmente desde el extranjero se insiste en presentar
y promover un modelo de sociedad civil, priorizando las iglesias, ante
todo hostil al gobierno y oposicionista respecto al proyecto revolucionario.
Algunos líderes religiosos ceden a la tentación de construir
un conjunto de propuestas y demandas que, aparte de las lógicas
para el funcionamiento institucional de las iglesias y demás agrupaciones
y de las que responden a tradiciones culturales, de hecho puede asumirse
en calidad de programa político también oposicionista bajo
criterios matizados por lo religioso. En
los momentos en que el llamado período especial alcanzó
su mayor nivel crítico, el discurso jerárquico católico
adquirió un carácter políticamente agresivo al sistema.
Ello se concreta con más evidencia en el comunicado de la Conferencia
de Obispos Católicos de Cuba (COCC) de septiembre de 1993 titulado
"El amor todo lo espera". Posteriormente el tono se ha ido moderando
y desde la preparación de la visita de Juan Pablo II a Cuba, la
comunicación entre autoridades eclesiásticas y autoridades
políticas ha mejorado. La estancia en el país por cinco
días del Papa es un hecho importante en la vida religiosa cubana
de fines del siglo que sobrepasa los marcos eclesiales católicos.
Un análisis al respecto sería muy extenso a los efectos
de este trabajo, máxime cuando hay ya publicaciones que lo abordan
con diferentes enfoques(28). Desde
otro ángulo, la revaloración e incremento de expresiones
de origen africano está traduciéndose en una tendencia a
desarrollar la teorización del sistema doctrinal y sistematizar
la mitología en específico en la Regla Ocha o santería,
al tiempo que en intelectuales babalawos se insiste en una vuelta a las
raíces en el sentido de una yorubización de la religión,
lo que ha despertado reacciones ante lo que se considera un alejamiento
de la doctrina cubana y del modo con que se manifiesta en sus practicantes(29).
En dirigentes de culto de estas expresiones y del espiritismo por su lado,
hay en la actualidad una proyección no exenta de contradicciones
a constituir estructuras que aúnen y organicen a los grupos dispersos
e incluso constituir organismos centrales. Todo ello revela, a nuestro
juicio, que las formas religiosas largamente discriminadas han encontrado
mejores condiciones para su evolución y atraviesan por situaciones
que pudieran calificarse de crisis de crecimiento. Es
significativo que en estos mismos años se va extendiendo el carismatismo,
alcanzando a iglesias tradicionales. Un hecho cierto es que con su ritual
movido e irregular, su búsqueda de la experimentación, sus
coros fáciles de repetir, sus palmadas y música viva, sus
propuestas de curaciones mediante la sanidad divina, el trance, la gesticulación,
esta modalidad se acerca al estilo con que el cubano está acostumbrado
a exteriorizar su religiosidad. El escapismo de lo social, considerado
mundano, es también un modo de enfrentar las dificultades cotidianas
en especial cuando estas se acentúan; no obstante, no siempre el
corte pentecostal conduce a formas evasivas supuestamente apolitizadas,
en Cuba hay una experiencia de compromiso social con el cambio revolucionario
entre partidarios y grupos de esta expresión. Concurriendo
con el reavivamiento religioso, al punto que en el criterio de algunos
observadores constituye un factor causal, en la sociedad hay una gradual
desaparición del prejuicio sobre lo religioso y una forma de concebirlo
y valorarlo más objetiva. Esto es así en la vida social
en general y en la actitud y posiciones oficiales. En
estos años se han producido diferentes hechos de diversa significación
en la vida religiosa cubana, como son, entre otros: la anteriormente referida
participación de las iglesias en proyectos sociales concretos,
la también mencionada visita de Juan Pablo II, el nombramiento
en 1994 del segundo cardenal cubano, la creación de nuevas diócesis,
las celebraciones en plazas y lugares públicos de misas y procesiones
después de más de 30 años interrumpidas por razones
políticas(30), el
aumento de publicaciones religiosas, la publicación de artículos
sobre la temática en revistas oficiales, las caravanas de solidaridad
auspiciadas por "Pastores por la Paz" y otros grupos religiosos,
el reconocimiento oficial de instituciones como el Centro Memorial Martin
Luther King, la eliminación de un anticomunismo doctrinal en la
propaganda de los Testigos de Jehová, la creación de la
Sociedad Cultural Yoruba que ha celebrado tres eventos sobre la cultura
yoruba en Cuba, la constitución de la Organización de Unidad
Abakuá, y otros más que no es posible relacionarlos aquí.
Son
de peculiar importancia el tratamiento de lo religioso en el IV Congreso
del Partido Comunista de Cuba en 1991 y la aceptación de creyentes
en esa institución, así como la Reforma Constitucional de
1992 explicitando el carácter laico del Estado y la no aceptación
de discriminaciones por razones religiosas. Finalmente,
es de interés subrayar que desde 1996 se viene advirtiendo una
cierta disminución del reavivamiento religioso en la sociedad cubana.
Son indicadores de ello también el testimonio de dirigentes de
culto que valoran una disminución de asistentes a las actividades
religiosas y una estabilización de las membresías, la tendencia
decreciente de peregrinos a San Lázaro (ver tabla en la nota 26
más adelante). Las principales ceremonias posteriores a la visita
papal, como la Semana Santa y procesiones por el día de la Caridad,
fueron concurridas pero no al nivel de algunas expectativas que calculaban
un desborde. Todo ello, y otros datos, inclinan a hipotetizar que el nivel
de significación religiosa está accediendo a una normalización
y estabilización sobrepasando los momentos de mayor auge. El
curso que la religión en su conjunto seguirá en el futuro
inmediato se hace sumamente difícil de pronosticar, y más
aún lo es a largo plazo. Es previsible que los efectos del reavivamiento
actual tenga una cierta perdurabilidad más allá del cese
de las condiciones que lo generaron. Cuando más puede afirmarse
que el modo con que la religiosidad cubana habrá de manifestarse
al iniciarse el actual siglo estará bien diferenciado de las características
que presentaba en su segunda mitad la anterior centuria, una parte de
cuyos últimos años hemos intentado examinar aquí. (28) Entre otros muchos trabajos publicados o no sobre la visita papal a Cuba, puede consultarse el No.1 de "Revista Reflexión y Diálogo", del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD), Cárdenas, 1998, dedicada a ese acontecimiento y en la que aparecen artículos de varios autores (René Cárdenas Medina, Aurelio Alonso Tejada, Juana Berges Curbelo, Jorge Ramírez Calzadilla - todos del Departamento de Estudios Sociorreligiosos del CIPS - y de Enrique López Oliva, de la Universidad de La Habana). En el Segundo Encuentro Internacional de Estudios Sociorreligiosos, celebrado en La Habana del 29 de junio al 3 de julio de 1998, organizado por el DSER con el coauspicio de instituciones cristianas, CEHILA y apoyo de LASA, hubo un panel y un taller dedicado a esa visita con distintas intervenciones de estudiosos cubanos y extranjeros de medios académicos y religiosos. Los materiales de este evento, que de hecho constituye junto al Primer Encuentro de 1995, un hito en la actividad científica especializada en la temática sociorreligiosa, se publicarán en un libro y están a disposición de los interesados. (29)
Un análisis de este fenómeno desde una óptica crítica
lo ofrece la Profesora Lázara Menéndez, de la Universidad
de La Habana, especialista en la temática, en su artículo:
"¿Un cake para Obatalá?, en revista Temas, No.4, oct-dic,
La Habana, 1995, pp. 38-51. (30)
En 1961 la manipulación de actividades religiosas con fines políticos
tuvo un punto culminante con escenificaciones contra el proceso revolucionario,
produciéndose altercados que produjeron un muerto en la procesión
del día de la Caridad en Centro Habana. Desde entonces no se había
autorizado la realización de procesiones ni otras ceremonias fuera
de los templos. |
| |
||