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Suele
suceder que entre las motivaciones fundamentales que regulan las relaciones
interpersonales aparezca la necesidad de distinción, es decir,
de demostrar y sentir que se es diferente al resto de las personas por
considerarse protegidos por fuerzas sobrenaturales. En dependencia de
disímiles factores la reafirmación del ego puede favorecer
la autosuficiencia o subvaloración de otras personas y, en la misma
medida, puede incentivar el activismo en la solución de los problemas.
(4) A
partir de lo que se deriva de la interrelación Regla Ocha - familia
la personalidad del creyente se ve marcada por la dependencia y predisposición
al tener que regirse por patrones de conducta sobre el deber que se van
más allá de lo meramente moral y se introducen en el campo
de lo afectivo como en el caso de las relaciones de pareja. Según
lo hasta aquí expuesto la familia de Ocha en su vínculo
con la tradicional puede llegar a favorecer la formación de un
creyente confiado, seguro, preocupado por sus problemas, pero dispuesto
a ayudar al otro, dependiente de lo religioso, un creyente que lucha por
vivir mejor, que puede tener prejuicios y que se encuentra en un medio
en el que pudiera cobrar auge el individualismo y la autosuficiencia. De
acuerdo a lo anterior resulta imposible aseverar categóricamente
que la Regla Ocha sea positiva o negativa para el desarrollo de la personalidad.
Para llegar a este tipo de conclusiones no se puede hablar de esta expresión
religiosa en general, sino de las condiciones que rodean a los creyentes
que son las que realmente favorecen o limitan este desarrollo. En mi opinión
este conocimiento permitirá apoyarse en estas creencias para incentivar
desde lo religioso cualidades que se corresponden con el tipo de hombre
que quiere alcanzar la sociedad. Este
análisis debe realizarse cuando se habla de la influencia de grupo
o familia de la Regla Ocha a un nivel social. Durante años ha sido
frecuente escuchar que la Regla Ocha genera delincuencia y machismo y
éste ha sido uno de los argumentos que se ha utilizado para discriminar
a estos creyentes. Penetrar en el mundo de los denominados santeros ayuda
a enfocar la repercusión de la Regla Ocha en la familia y la sociedad
a partir de las dicotomías que encierra toda religión desde
los conceptos contrarios con los que trabaja, las funciones contradictorias
que ejerce, hasta la existencia de interpretaciones contrapuestas de ideas,
símbolos, creencias y prácticas religiosas. La
familia Ocha constituye un espacio social para hacerse reconocer, sentirse
útil y analizar inquietudes, problemas e insatisfacciones que,
en ocasiones, no pueden evacuarse en otros marcos de la sociedad. En la
actualidad cubana, debido a la situación de carencias e insatisfacciones
que se atraviesa, la familia religiosa ha pasado a ocupar un lugar importante
en la búsqueda de sentido, por el sentido adicional que le otorga
a la visión tradicional de familia y por mostrarse como una alternativa
complementaria o no ante los problemas que transcurren dentro y fuera
del seno familiar consanguíneo o ampliado. Con
la visión de lo religioso como compensación y apoyo contribuye
la ayuda y solidaridad que promueve la práctica de la Regla Ocha
como una vía de preocupación y apoyo al otro. Esta ayuda
se revierte directa o indirectamente en la familia y la sociedad en su
conjunto y según se ha podido conocer ha servido de móvil
para realizar acciones de beneficio social y fortalecer los lazos familiares. Por
otra parte hay que reconocer que en ocasiones la familia religiosa se
ha sobrevalorado y se han impuesto los principios de defensa de los miembros
del grupo religioso por encima de principios sociales. En algunos casos
esta interpretación de la familia religiosa a devenido en actividades
y conductas justificativas ante actividades ilegales que han realizado
practicantes de la Regla Ocha que acuden a esta religión para evadir
la justicia. De
igual forma en lo que a la ayuda se refiere pude suceder que ésta
se subordine a motivaciones que desvirtúen lo que habitualmente
se ha entendido por ella. Entre estas motivaciones puede mencionarse el
querer alcanzar con la supuesta ayuda la holgura económica. Esta
motivación económica no está generalizada, pero se
ha ido extendiendo y ha generado que la comercialización en la
Regla Ocha ya sea una preocupación para sus practicantes que se
ven afectados no sólo por lo que atañe al prestigio de esta
expresión religiosa, sino por los conflictos que desencadena en
la economía personal y familiar. La
dinámica entre la familia cubana y los grupos de Ocha transcurre
inmersa en los cambios y contradicciones de la sociedad cubana actual.
Esta dinámica tiene ver en gran medida con la incidencia del contexto
cubano en el sistema de valores. La idea del grupo religioso como alternativa
lo mismo de relaciones sociales, de cosmovisión, socializador,
formativo, de valores, de rescate de lo que se cree perdido y hasta recreativo
(como lo muestran algunos estudios (7)),
como lo diferente a lo que parece estar cambiando bruscamente o lo que
parece confrontar problemas, es un elemento que contribuye con su connotación
afectiva en la vida del creyente. Los
valores de ayuda y relaciones humanas se identifican hoy en día
por estos creyentes con las relaciones al interior de esa familia de la
que se hablaba.. Valores fortalecidos en este ámbito cuando se
les hacen coincidir fe, creencias y un modo de ver la vida desde lo religioso. En
la búsqueda de la armonía psíquica y física
estos creyentes logran cierta correspondencia entre necesidades e intereses
sobre los que se estructura su sistema de valores y los estatuidos socialmente.
De ahí que los valores religiosos funcionan lo mismo formando parte
de un mecanismo reflejo de la realidad, que como un mecanismo de respuesta
alternativa ante cualquier situación de inestabilidad o conflicto. En
sentido general al analizar la interacción entre los valores religiosos
de la Regla Ocha y la sociedad cubana contemporánea, se tiene que
tener en cuenta que entre las expresiones que conforman el cuadro religioso
en nuestro país, ésta ha sido una de las que, de forma organizada
, no se ha proyectado en contra del proceso revolucionario; por lo que
la dialéctica entre los valores religiosos que esta religión
profesa y los valores de la Revolución, ha sido menos conflictiva
y esto también marca su papel en las transformaciones valorativas
y búsqueda de referenciales en la actualidad. Evidentemente
la pérdida de valores o las limitaciones de funcionamiento de algunos
en la situación de "período especial" no necesariamente
ha desencadenado la extensión del amor en el grupo religioso. Insatisfacciones
y carencias materiales unido a otros precedentes, han afianzado y promovido
el lucro, la ambición y la comercialización religiosa. La
adquisición del poderío económico se erige como un
valor incuestionable para una porción de los practicantes de la
Regla Ocha. Sobre esta base algunos engañan y explotan a los que
reclaman por ayuda y buscan compensación. Esta
tendencia negativa asociada a la alta significación del dinero
y los bienes materiales y la posibilidad de alcanzarlos por medio de la
religión tiene otra cara y no siempre puede asociarse a conductas
deformadas. En ocasiones constituye un estímulo en la búsqueda
de soluciones para enfrentar determinadas situaciones conflictivas. Analizar
los valores que se potencian en la familia religiosa también es
reconocer su contribución a la estabilidad psíquica y material,
importante connotación en lo personal para atenuar los efectos
del período especial (6). Los
valores religiosos de la Regla Ocha pueden desencadenar la constante preocupación
y el esfuerzo por superar las dificultades; el no conformismo con los
problemas, la resistencia ante conflictos; la sensibilidad humana, la
alta valoración de la vida y la familia; el respeto a las personas;
la búsqueda de las buenas relaciones; la fidelidad; a la vez que
la fe religiosa brinda compensación, protección y para algunos
se convierte en vía para lograr la realización personal
a través del reconocimiento social. Todos estos aspectos, siempre
que lleguen a formar parte de la práctica cotidiana de los creyentes
(lo que no siempre sucede), se convierten en mecanismos alternativos en
la búsqueda del equilibrio en un individuo y en la sociedad. Ante
la actual situación del mundo donde prevalecen palabras como crisis
o reorientación de valores se hace necesario promover un enfoque
desprejuiciado de esta religión y en correspondencia dirigir un
trabajo de promoción, rescate y divulgación de valores religiosos
que puedan ser capaces de desarrollar cualidades positivas de la personalidad. A la sociedad no le debe interesar quién promueve los valores, si es la religión o no, o el tipo de expresión religiosa que lo haga, sino cómo esos valores se dirigen o no al desarrollo integral de un hombre culto, justo, solidario, tolerante, activo en la transformación de su propia realidad y preparado para las adversidades del Siglo XXI. Primeira
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Anterior (4) Según estudios de Ferraudy Espino, Heriberto, expuestos en el libro "Yoruba. Un acercamiento a nuestras raíces". Editora Política. La Habana 1993. (6)
Puede profundizarse en el resultado de investigación del Departamento
de Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas
acerca de los impactos del período especial en la familia cubana
(1994). (7)
En la Encuesta Nacional sobre recreación y tiempo libre, realizada
por el Centro de Estudios de la Juventud en 1999, fueron valoradas las
Instituciones religiosas en segundo lugar al compararlas con todas las
Instituciones que en el país ofrecen opciones recreativas. |
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