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Artigos
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En
el siguiente párrafo se da un salto del pasado original al
presente para mostrar la continuidad y la validez de su cosmovisión
y su sistema de vida en el momento actual: “Nuestra
propuesta es cosmo-céntrica. Decimos: todo tiene vida y todo
genera vida, porque la vida es energía.” Podemos
ver que en esta primera parte la memoria histórica rescatada
se remite a los pueblos indígenas y no se menciona la cosmovisión
de los pueblos africanos, que son excluidos del Nosotros, por lo
que podemos sacar la deducción de que quienes escribieron
el documento fueron indígenas. Claro que se puede decir que
los pueblos africanos aún no llegaban a América, pero
existían en otra región del planeta y también
tienen su propia historia.
Se puede ver una concepción dualista de la realidad traducida
en el manejo de oposiciones y complementariedades de la relación
abstracto-concreto, vida-muerte, todo-partes, orden-desorden. La
repetición constante de la palabra vida en la última
parte de este primer apartado, tiene como finalidad asociarla a
los pueblos originarios y enfrentarla más adelante con la
muerte que implicó la llegada de los colonizadores, de los
extranjeros. Es interesante observar que el presente es vinculado
con el pasado también a través del uso del copretérito
o imperfecto. Se refieren a "mantenía" y no mantuvo, "imperaban"
y no imperaron, "traducía" y no tradujo. Esta estrategia
narrrativa también se presenta en el texto de Guamán
Poma Nueva Corónica y Buen Gobierno, analizado por
Rolena Adorno, quien recupera a Benveniste para analizar el concepto
del "presente en el pasado", en el que "Gracias al uso del tiempo
imperfecto, el hablante crea la ilusión de traer a su propio
marco de intervención, acciones que se iniciaron en el tiempo
pasado"[13].
Podríamos señalar también que el uso del tiempo
imperfecto sitúa al pasado en el presente, lo actualiza a
través del emisor del discurso que se asume desde el presente
como parte de ese pasado colectivo. El autor o autores del texto,
con el uso del tiempo imperfecto se situan en un tiempo y un espacio
potencial, para luego establecer un punto de unión entre
pasado y presente. El
vínculo temporal se evidencia mas claramente cuando señalan
"nuestra propuesta es cosmocéntrica", declaracion que también
remite a una actualización de la memoria indígena.
Pero además, cuando establecen el vínculo entre un
pasado y un presente potencial, buscan conjurar la fragmentación
provocada por la colonización En
el texto observamos la recuperación del pasado en función
de las necesidades del presente. Se destaca lo que se considera
vital para reafirmar su identidad, mostrar que son los legítimos
habitantes de Abya Yala, demostrar que fueron capaces de desarrollar
un sistema de vida armónico y de mantener el equilibrio hombre-sociedad-naturaleza
con la finalidad de presentarse como opción potencial de
salvación del planeta frente a la depredación occidental.
Al actualizar o fundir el pasado en el presente y presentar un mundo
en equilibrio y perfecto tambien hay una reiteración de la
cosmogonía y una fundación del orden original, pero
situado en un proceso histórico y proyectado hacia el futuro.
Senala
Rafael Perez Taylor que: Cuando
en las formas tradicionales de interpretar el pasado, la oralidad
aparece como la forma auricular de transmitir el conocimiento, ésta,
siempre que sea contada bajo la forma de un mito, de un cuento,
de una leyenda o de una historia, contará con tantas versiones
como veces sea narrada, pues sólo la memoria puede recordar
y olvidar acontecimientos según sean las circunstancias.
En si, podemos decir que el recuerdo del pasado mediante la oralidad,
presupone que el narrador modificará su historia cada vez
que hable.[14] En
este caso observamos que los autores recurren a la tradicion oral
de sus pueblos para redefinir su memoria, reafirmar su identidad
y mostrar que ellos son sustentadores del equilibrio y la armonía
del mundo. Y al estampar por escrito y en otra lengua su memoria,
establecen un vinculo entre oralidad y escritura y entre cultura
indigena y cultura occidental. Luego
de presentarnos un pasado histórico mitificado en el que
el orden y el equilibrio imperaban, el documento se situa en la
época colonial
Podemos
observar el contraste entre el pasado original armónico y
ordenado y el colonial, caracterizado por la violencia, la imposición
religiosa, la falta de respeto a las diferencias y la negación
de los otros, y que refleja el desorden. Este contraste también
se expresa en la forma de elaborar el discurso o de usar las palabras,
ya que para describir la época anterior el texto era fluido
e interactuante y ahora recurre a palabras fuertes y agresivas que
implican fragmentación y desorden, como "ruptura", "saqueo",
"invasión" o "impuso"con el fin de marcar la oposición
entre una época y otra. El manejo de la paradoja "los que
habitábamos estas sagradas tierras no teníamos alma"
busca invertir el orden y mostrar que el mundo sagrado y de valores
es el de ellos y el profano y sin valores es el de los colonizadores
que irrumpen violentamente en un espacio que no les pertenece. Mediante
la paradoja que elaboran basada en la oposición "sagradas
tierras" y "no teníamos alma" buscan mostrar que se trata
de lo contrario. Porque además, el líder religioso
o chamán es, como señala Mircea Eliade, "el gran especialista
del alma humana: sólo él la "ve", porque conoce su
forma y su destino".[15] Los
colonizadores rompen y fragmentan el sistema de vida indígena,
imponen la religión y no respetan la diferencia. También
observamos que se utiliza el tiempo pasado como "produjo", "impuso",
para referirse a la acción de los colonizadores y se introduce
el pasado imperfecto como "habitábamos"o "teníamos"
para referirse a los indígenas, lo que muestra la ruptura
o fragmentación del poder colonial frente a la continuidad
y potencialidad de las culturas originarias. Pero además
el texto enfrenta implícitamente dos concepciones del pasado:
la del poder dominante que lo ubica como algo lejano y muerto y
la indígena que lo representa como vivo y fusionado con el
presente. El manejo distinto de los tiempos también proyecta
la necesidad de evidenciar la separación que debe haber entre
lo sagrado indígena y lo profano extranjero. Como nos señala
Emile Durkheim El
mundo sagrado sostiene con el mundo profano una relación
de antagonismo. Uno y otro responden a dos formas de vida que se
excluyen, que, cuanto menos, no pueden ser vividas en el mismo momento
con idéntica intensidad.[16] El
texto sigue marcando la dinámica agresiva de la sociedad
colonial para evidenciar la ruptura del orden que implicó
la llegada de los conquistadores Se
ejerció el genocidio y etnocidio, primero por la implantación
de las reducciones, encomiendas, mitas y obrajes, y luego por medio
de la inquisición: al norte con el protestantismo y catolicismo
y al sur con el catolicismo. La
falta de valores y la ideología de los colonizadores se tradujo
en muerte debido al genocidio y etnocidio, por medio de relaciones
económicas de explotación y a través de la
intolerancia religiosa tanto de protestantes como de católicos.
Aquí encontramos que el Nosotros incluye a todos los pueblos
indígenas de América o de Abya Yala, ya que se menciona
el norte y el sur.
Otro elemento que encontramos en el texto es el predominio del discurso
religioso, ya que, aunque en la época colonial se mencionan
relaciones de explotación, éstas se inscriben dentro
de una dinámica religiosa que se expresa en el uso constante
de palabras o frases como "profanación", "Padre Sol", "religión
euroasiática", "sagradas" "alma", "inquisición", "protestantismo"
o "catolicismo". Además, las palabras que remiten a la religión
se relacionan con los lados del mundo: primero aparece el eje Este-Oeste
con la religión euroasiática que llega y luego se
expande al norte y al sur expresada o concretada en el catolicismo
y el protestantismo.
Esta invasión total a través de la religión
rompe y se enfrenta con el orden cósmico-religioso que existía
antes de la Colonia. Y aunque en la primera parte del texto hay
una referencia a un sistema de vida y a relaciones hombre-sociedad-naturaleza,
éstas se inscriben prioritariamente en un orden cósmico
y no se recuperan en la memoria histórica relaciones políticas,
económicas o sociales como en otros documentos de organizaciones
o de intelectuales indígenas. En este texto, la argumentación
se va tejiendo a través de un discurso especializado religioso
que interactúa con otros. Este
cristianismo, al margen de sus valores intrínsecos, sustentado
por países hegemónicos e imperialistas, sirvió
de sustento para consolidar la dominación y explotación. Se
parte del discurso religioso como centro para cuestionar la dominación
económica y política a través de términos
que remiten a un discurso de izquierda latinoamericano. Lo negativo
del cristianismo se asocia con imperialismo y dominación,
pero se le da un valor y esto nos remite por un lado a que los propios
indígenas han incorporado muchos elementos de la religión
cristiana a su cosmovisión y por otro a que en el Encuentro
participan representantes de distintas religiones: Nuestros
recintos sagrados familiares y nuestros centros ceremoniales comunales
fueron profanados, saqueados hasta el punto de construir sobre ellos
sus templos y capillas. Aquí
encontramos ya claramente la oposición sagrado-profano. Lo
sagrado remite a
lo propio, a lo nuestro, al adentro que es profanado por el extraño,
el extranjero, el que llega de fuera y penetra abruptamente para
invertir el orden y dejar abajo lo que estaba arriba. También
penetra para saquear y llevar afuera lo que estaba adentro provocando
una alteración del orden y una mezcla entre lo sagrado y
lo profano que deben estar separados. Es lo impuro, lo insólito,
lo anormal, lo que transgrede las leyes naturales.[17]
La profanación no sólo se remitió a los centros
ceremoniales. Afectó a todo lo que constituía su religiosidad.
Nuestros
sabios fueron torturados, perseguidos, masacrados; fueron considerados
brujos idólatras y sacrificadores de vidas humanas, condenándolos
a sobrevivir en la clandestinidad. De igual manera, nuestros libros
sagrados, símbolos y códices, cuando no destruidos,
fueron expropiados y traladados fuera de nuestro Abya Yala. Nuestro
oro, plata y piedras preciosas robadas. Nuestro territorio usurpado. No
sólo los centros ceremoniales fueron desplazados al mundo
de abajo. También los sabios fueron obligados a ocultarse
al ser reprimidos y perseguidos, con lo que se desestructuró
todo el sistema religioso propio. La acción depredadora se
completó con la destrucción y expropiación
de libros, símbolos y códices en los que estaba estampada
su riqueza espiritual. Su riqueza material también fue robada
y la base de su reproducción material y espiritual, que es
el territorio, fue usurpado. Al
referirse a sus templos sagrados, a sus sabios y a sus libros, símbolos
y códices sagrados, quienes redactaron el documento, pretenden
mostrar que ellos contaban con todo un sistema religioso estructurado
con el fin de legitimarlo y oponerlo a otros. También condensan
en la palabra "sabios" a los diferentes líderes religiosos
de los pueblos indígenas de América y les otorgan
potencialidad desde el pasado, ya que no desaparecieron, sino entraron
a la clandestinidad, están en el abajo, en el adentro, con
una potencialidad latente. Al cohesionarse en la palabra sabios,
cuestionan o enfrentan la concepción colonial de que eran
idólatras, hechiceros o brujos. También al señalar
que los sabios fueron torturados, perseguidos y masacrados y al
mismo tiempo calificados de hechiceros, idólatras, brujos
y sacrificadores de vidas, buscan invertir el orden y mostrar a
través de la lucha de palabras, que los sacrificadores de
vidas fueron los españoles y los sacrificados fueron ellos.
Es
interesante observar también que la memoria recuperada de
nuevo se remite a la historia indígena y no aparecen las
condiciones de dominación a que fueron sometidas las culturas
africanas, ni se hace referencia a su religiosidad, por lo que siguen
siendo excluidas del texto y el “nosotros” se remite
sólo a los pueblos indígenas de América o Abya
Yala. En el último punto de esta primera parte, referido
al proceso independentista, el documento se remite a mostrar la
continuidad en las relaciones de dominación y la fragmentación
de sus territorios.
Para
los autores del texto, las relaciones de dominación colonial
perviven en la época independiente ya que al mismo tiempo
que se concentra el poder, se fragmenta el territorio original con
la conformación de países. La inversión del
orden para quienes elaboraron el documento termina de completarse
ya que implicó no sólo que lo que estaba arriba quedara
abajo, sino que la relación armónica entre el centro
y la periferia terminara de desarticularse, generando una alteración
entre el todo y las partes. Al
referirse al proceso "llamado independentista" y a "lo que hoy se
llaman países", en el texto se hace una crítica a
la concepción histórica y al poder dominante. A "naciones
ancestrales" le oponen la creación artificial de países
que no responden a la delimitación territorial original y
en esta medida impugnan la fragmentación de un todo armónico
articulado originalmente. Al señalar que se "fragmentó
nuestras naciones ancestrales y se dividió nuestra Abya Yala"
también están legitimando y mostrando la pertenencia
a un territorio. En este último párrafo vinculan el
pasado colonial y republicano con el presente cuando señalan
"se impuso fronteras creando lo que hoy se llaman países",
con la finalidad de demostrar la continuidad en un modelo de poder
externo que fragmenta, divide y no responde a las necesidades culturales
de los pueblos indígenas, pero que sigue imperando. Enfrentan
el espacio continuo y armónico de la cosmovisión indígena
con el espacio fragmentado y desestructurado de la dominación
colonial y republicana. Pero
no sólo hubo una fragmentación territorial que rompió
con el orden original y una continuidad y rearticulación
en las relaciones de dominación que se volvieron más
complejas: “La mentalidad de los herederos de los colonizadores
en los países de esta nueva fase histórica fue homogeneizante
y racista.” Desde
la perspectiva del documento, también en el plano ideológico
se tendió a la concentración del poder de una sola
cultura a través de la homogenización, y a la exclusión
a través del racismo, lo que implica desorden, ya que no
hay una relación armónica entre el todo y las partes
a través del respeto a las otras culturas, sino que el poder
se sustenta en el dominio de una sola cultura y la negación
de las demás, a diferencia de la concepción indígena
basada en la "convivencia armónica" y en el "respeto a las
diferencias", como señalan al principio del texto. Podemos
ver en esta primera parte del documento que hay una referencia constante
a un proceso histórico organizado en distintas fases o etapas,
pero ese proceso está inserto en una visión cíclica
del tiempo en el que el pasado es repensado en función de
las necesidades del presente para potenciar el futuro. Por eso,
al exponer el sistema de vida indígena, retoman lo que consideran
es fundamental para sus necesidades presentes. El rescate del equilibrio
entre hombre y naturaleza y la convivencia armónica a través
del respeto a las diferencias tiene como finalidad mostrar la potencialidad
de las culturas indígenas, en un momento histórico
en que la depredación ecológica y la pluriculturalidad
son temas en debate.
Por otro lado, la reflexión sobre el pasado prioriza la espiritualidad,
los elementos religiosos y la relación con el Cosmos, aunque
sin dejar de lado las relaciones de explotación y la dominación
cultural de que fueron objeto. Se observa también la reiteración
constante del nosotros que desde el nuestra remite a la identidad
indígena. La
segunda parte del texto se titula "Nuestra Realidad" y en ella se
sigue manejando el discurso religioso como centro de la argumentación En
nuestra Abya Yala las iglesias católicas y evangélicas
son las predominantes. Nuestras religiones originarias siguen sometidas
a la clandestinidad y amenazadas de ser integradas a las religiones
dominantes. Al
referirse a "nuestra Abya Yala" el documento reitera un territorio
sagrado que les pertenece y en el que, paradójicamente predominan
otras religiones. También plantean la continuidad con el
pasado cuando señalan que sus religiones siguen ocultas y
condenadas a desaparecer bajo el peso de las religiones dominantes.
Hay una búsqueda de autonomía religiosa y al mismo
tiempo la necesidad de salir de la clandestinidad y mostrar sus
potencialidades espirituales ante el mundo. Oponen religiones originarias
a religiones dominantes, para mostrar la legitimidad de unas y la
imposición de las otras, y presentan la paradoja de que las
legítimas son clandestinas o están en el adentro,
mientras las ilegítimas dominan y están en el afuera,
pero lo hacen a través de la imposición y la negación
de la diversidad religiosa Por
las imposiciones sicológicas e ideológicas vigentes,
y por las actitudes paternalistas, la mayoría de los indígenas
son declarados oficialmente católicos o evangélicos.
Muchas veces el accionar de nuestros hermanos indígenas en
el seno de las iglesias y al interior de las religiones es rechazado
y estigmatizado. Aquí
observamos que el nosotros desaparece y hay una referencia externa
a los indígenas, o los nombran hermanos. Quienes elaboraron
el documento se deslindan del grueso de los indígenas, que
son ubicados como católicos o evangélicos o que están
incorporados a esas religiones y en este sentido, al mismo tiempo
que hacen una crítica a la dominación religiosa, se
ubican dentro de un nosotros mucho más restringido frente
a los otros. Pero también pretenden mostrar que la participación
indígena en otras religiones se debe a la imposición
y al paternalismo y no se les permite mostrar su verdadera espiritualidad,
por lo que se situan como rescatadores religiosos de sus pueblos Nosotros
tenemos una potencialidad espiritual cósmica, social y política,
pero no tenemos potencialidad económica a causa de la usurpación,
la explotación y el despojo de nuestras riquezas y de nuestra
identidad. Por eso nos tratan como pueblos que no tenemos cultura
y menos aún civilización. Históricamente hemos
sido obligados a pagar tributos y diezmos a las iglesias. Observamos
que en este párrafo ya aparece el nosotros de nuevo y quienes
escriben se ubican como parte de una colectividad más amplia.
La potencialidad la sitúan primero en su espiritualidad,
pero no dejan de lado la potencialidad social y política
como parte de un todo integrado, del que está exenta la potencialidad
económica por lo que están fragmentados. El uso del
término pueblos aquí no es utilizado como concepto
para legitimar la reivindicación de derechos colectivos como
en otros documentos de organizaciones indígenas, pues lo
hacen con la finalidad de mostrar que son pueblos que pertenecen
a una cultura y constituyen una civilización aunque esté
fragmentada por la dominación. Al
expresar que son negados, afirman que son pueblos con cultura y
civilización. En la negación está implícita
la afirmación, y en este sentido observamos de nuevo el uso
de paradojas en su argumentación. Al hablar de despojo y
de la obligación histórica de pagar tributos y diezmos,
plantean la extracción económica de que han sido objeto
por los colonizadores y por la Iglesia. También plantean
que les han sido extraídas sus riquezas y su identidad. Esta
imagen de extracción o succión, nos recuerda el mito
del nakaq (quechua) o del karisiri (aymará) que atribuye
a extranjeros, autoridades, sacerdotes o terratenientes, la capacidad
de extraer la grasa de los indígenas para emplearla ya sea
en las campanas de la Iglesia, o para pagar la deuda externa, para
usarla en restaurantes de Lima o para engrasar los cohetes que van
a la Luna. Todas estas distintas versiones del mito que circula
por toda el Area Andina, expresan la percepción indígena
de que han sido chupados o succionados históricamente por
los explotadores.[18] Hay
una invasión religiosa actual en los pueblos originarios
y afro-abya-yalenses, utilizando nuestras vestimentas, instrumentos
musicales ancestrales y cantos sagrados en ceremonias religiosas
de iglesias. Observamos
en este párrafo que al hablar de "invasión religiosa"
marcan la continuidad con la época colonial en donde el extranjero
invade un territorio sagrado y expropia o extrae las riquezas espirituales
y materiales del indígena para trasladarlas fuera y utilizarlas
en su beneficio. De nuevo lo sagrado es profanado y utilizado por
extraños. La diferencia es que en la época actual
aparecen incorporadas por primera vez las culturas africanas a quienes
se les otorga la legitimidad de asentarse en un territorio pues
se señala que también son abya-yalenses. Aqui se utiliza
el concepto de pueblos originarios, que se extiende a los afro-abya-yalenses
para argumentar que pertenecen al territorio, al adentro, a lo sagrado,
mientras que las iglesias son externas, son el afuera. El término
afro-abya-yalenses se opone implícitamente al término
afroamericanos, como Abya Yala se opone a América. En
el siguiente párrafo queda más clara la argumentación
que van tejiendo desde un principio en torno a las oposiciones adentro-afuera
y sagrado-profano. En el último párrrafo ya queda
claro que quienes pertenecen al adentro son los pueblos originarios
y afro-abya-yalenses instalados en un territorio sagrado que es
Abya Yala, mientras el afuera corresponde a los colonizadores, los
herederos de los colonizadores y a las iglesias católicas
y protestantes o evangélicas. El término "países"
también es extranjero y se opone a "naciones originarias"
, que remite a lo propio. [13].
Rolena Adorno, Literatura de resistencia en el Perú
Colonial, México, Siglo XXI, 1991,p.176 [14]
Rafael Perez Taylor, Entre la tradicion y la modernidad. Antropologia
de la memoria colectiva.Barcelona, Catalunya, Tesis de Doctorado,
1994, p.29 [15].
Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas
del éxtasis, México, FCE, Tercera reimpresión,
1992,p.24 [16].
Emile Durkheim, Las formas elementales de la vida religiosa,
México, Ediciones Coyoacán, 1995, p.225 [17].
Ver el texto de Jean Cazeneuve titulado Sociología del
rito, Argentina, Buenos Aires, 1972, p.63 [18]. Sobre el nakaq y otros mitos andinos, ver el trabajo de Juan Ansión, El pensamiento mítico en Ayacucho, Lima, Perú, Pontificia Universidad Católica, 1987, o los testimonios recogidos por Abilio Vergara y Freddy Ferrua, en la Revista Quehacer, No. 45, nov-dic de 1987 |
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