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El discurso de los lideres espirituales de Abya Yala (América)
por Gloria Alicia Caudillo Félix
Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos
Universidad de Guadalajara - México



Introducción

El Encuentro Mundial de Embajadores religiosos celebrado en La Paz, Bolivia, del 19 al 23 de junio de 1992, se inscribe en un proceso de revitalización religiosa de los pueblos indígenas, en el que han desempeñado un papel importante los líderes tradicionales. Su liderazgo -como señala Ricardo Melgar Bao- trasciende las fronteras étnicas al extender su influencia a otros sectores de la sociedad y se refuerza en encuentros y reuniones nacionales y continentales en los que han participado durante los últimos años

La circularidad de ideas y solidaridades de estos tradicionales intelectuales indígenas ha trascendido las fronteras nacionales tanto en la región andina como mesoamericana.[1]

El resurgimiento de la religiosidad indígena, manifestada en la creciente influencia de los líderes religiosos, se deja sentir de manera más fuerte en el área mesoamericana, entre los Mayas y Otomíes de México y los Mayas de Guatemala. En el área andina también se observa la revitalización de la religiosidad indígena, manifestándose en una influencia creciente de los chamanes y curanderos entre la población mestiza y en la reconstrucción de la Iglesia Andina de Perú y Bolivia. En Ecuador, líderes como Alberto Taxso, además de cumplir un papel espiritual tradicional, irrumpen en la sociedad nacional para impugnar el orden opresor, y en el Cono Sur los mapuches, en el Consejo de Todas las Tierras, buscan revitalizar su cultura, al otorgar un papel primordial a los líderes tradicionales

En lo general, esta generación de intelectuales indígenas que ejercen liderazgos de diverso alcance sabe que la politicidad de sus pueblos multiplica sus espacios de acción en los campos festivos y de lucha y aún en los escindidos ámbitos religiosos.[2]

La cercanía del Quinto Centenario también operó como un detonador de la religiosidad indígena, y a través de sus especialistas religiosos reavivó tradiciones ancestrales con la finalidad de reafirmar su identidad ante la escalada festiva que, con motivo de los 500 años desató España en interacción con los gobiernos latinoamericanos.

De esta manera, a la acción de las organizaciones políticas indígenas que implementaron la campaña Quinientos años de resistencia indígena y popular, se sumó la valoración de sus culturas ancestrales reafirmadas y reavivadas a través de la tradición oral por sus líderes espirituales. El 12 de octubre de 1990, en el marco organizativo de la Campaña para oponerse a la celebración del Quinto Centenario, en Iximché, Guatemala, se reunieron más de cuatro mil indígenas para compartir, dice Rigoberta Menchú, "no sólo el sufrimiento, sino también la alegría"

Llegaron 300 sacerdotes mayas muy respetados, pues en ellos se concentra conocimiento, experiencia y autoridad -con el común objetivo de reivindicar nuestra cultura, costumbres y luchas. Mientras alguien danzaba cargando a Santo Tomás (el patrono de Chichicastenango), las velas encendidas eran regadas con cuxa(aguardiente) y los asistentes conversaban sobre religión y la situación del país. Fue una manifestación del orgullo de ser indígena.[3]

En las culturas indígenas, los líderes religiosos son depositarios de un poder basado, como señala Colombres, en "una proximidad a lo sobrenatural, y en un conocimiento de las fuerzas mágicas que rigen el universo"[4]. Son los intermediarios entre el mundo sagrado y el profano y buscan restablecer el equilibrio entre el bien y el mal. Señala William F. Hanks que en el mundo maya

Los chamanes son seres misteriosos y están rodeados por un aura de potencialidades que nunca se revelan pero que siempre están presentes en la posibilidad de que ocurran hechos extraños.[5]

Nuestra intención en este capítulo es analizar el documento elaborado por los líderes espirituales en el Encuentro Mundial de Embajadores Religiosos celebrado en Bolivia, con la finalidad de penetrar en la interioridad de su discurso y detectar los elementos conceptuales y simbólicos que elaboran a partir de una determinada cosmovisión y en su papel de intermediarios entre un mundo cultural y otro


Análisis del texto

El documento se titula Declaración de los líderes espirituales de los pueblos de Abya Yala [6] y en el observamos antes que nada el valor de la palabra, de la oralidad. "Líderes espirituales" busca condensar o cohesionar en una frase, las características comunes o la identidad de quienes participan en el evento. "De los pueblos", nos remite por un lado a la necesidad de legitimarse como representantes colectivos y por otro a la búsqueda de un término -pueblos- que defina y de cohesión a los grupos que dicen representar. "De Abya Yala" nos conduce a la pertenencia común a un territorio determinado que es América, pero que es renombrada desde el origen con un nombre indígena (de la lengua kuna de Panamá que significa "tierra de vida"). El término Abya Yala en lugar de América, ha sido asumido por las organizaciones indígenas latinoamericanas para oponerse simbólicamente al nombre oficial o dominante, con la finalidad de legitimarse como pueblos originarios asentados en ese territorio y remite a un espacio y un tiempo originales en estrecha relación con el presente y el futuro.

Una vez expuestos en el título los elementos que les dan unidad o cohesión y les otorgan una identidad común y una potencialidad, los autores del documento se remiten a nombrar específicamente a los que participan, con el fin de mostrar su diversidad y en ese sentido relacionan el todo con las partes. Pero no se nombra a los líderes de manera individual, sino a las colectividades que representan:

Los representantes de las nacionalidades indígenas: Maya Kacchikel, Maya Quiché, Ñañu-Otomí, Kuna, Náhuatl, Tarahumara, Guaymi, Teribe, Aimara, Quechua, Innu, Cherokee, Chiquitano y de las culturas Afro-Caribeña y Afro-brasileña, con ocasión de la celebración del Año Nuevo en Tiahuanaco, a 500 años de saqueo, profanación e invasión colonial, y reunidos en el Encuentro Mundial de Embajadores Religiosos, exponemos, declaramos y demandamos:

Podemos ver que primero se nombra a los pueblos indígenas, pero ahora asumiéndolos como nacionalidades con el fin de legitimarse como naciones originarias pertenecientes a diferentes culturas y después se menciona a las culturas Afro-caribeña y Afro-brasileña para mostrar la diferencia entre unos pueblos y otros. No es lo mismo ser naciones originarias de un territorio que culturas venidas de otros lugares. Además se nombra primero a los indígenas y después a las culturas africanas. El evento es ubicado, no en las fechas normales en que se realiza, sino en un tiempo y un espacio liminar, el Año Nuevo en Tiahuanaco, que implica el fin de un ciclo y el inicio de otro, pero que también remite al tiempo original, porque en ese lugar surgió el dios creador Tunupa o "Dios de la Puerta".[7]

El ciclo ritual en el que se celebra el evento engarza con los 500 años, medida de tiempo que ha sido funesta y desfavorable porque ha implicado la irrupción del desorden a través de la tríada "saqueo, profanación e invasión colonial". El uso de la palabra profanación es significativa porque en el documento no sólo hay una referencia a la acción depredadora y foránea colonial, lo que nos remite un discurso político propio de los líderes indios, sino un discurso religioso manifestado en la relación implícita que se establece entre lo sagrado y lo profano. El uso de la tríada "saqueo, profanación e invasión" también nos conduce a un desorden cósmico, porque el abajo, el aquí y el arriba fueron invertidos por la acción destructiva foránea o extranjera.

En ese tiempo y espacio potencial que abre un ciclo y empieza otro, se da el Encuentro Mundial de Embajadores Religiosos, en el que la oralidad o el uso de la palabra también tiene una potencialidad para conjurar el desorden, por eso se recurre a la tríada, "exponemos, declaramos y demandamos" y al hacerlo, los líderes espirituales se situan como intermediarios de sus pueblos, se ubican en la zona liminal, en el umbral, para hablarle y exigirle al mundo

El umbral es a la vez el hito, la frontera que distingue y opone dos mundos y el lugar paradójico donde esos mundos se comunican, donde se puede efectuar el tránsito del mundo profano al mundo sagrado.[8]

Un elemento de observación importante en estos primeros párrafos, es que se habla de un Encuentro Mundial y hasta ahora sólo se han referido a los pueblos de Abya Yala en el que se incluyen a los de origen africano. Por otro lado, el hecho de que se mencione primero a los pueblos indígenas y se les ubique como nacionalidades en relación con las culturas africanas, nos hace pensar en una mayor legitimación y en un liderazgo indígena frente a los demás participantes religiosos y que tiene que ver con su ubicación en dos centros espaciales: la pertenencia como pueblos originarios, a un territorio que es Abya Yala y también el espacio sagrado en el que se celebra el evento.

Esta primera parte, es el preámbulo del documento, que está organizado en cuatro partes: La primera se titula "Nuestra Historia", que nos remite al pasado, la segunda nos conduce al presente y se titula "Nuestra realidad", la tercera lleva por título "Nuestro pensamiento" y en ella se vincula pasado y presente y se expone la potencialidad del pensamiento indígena y las acciones a desarrollar para reintegrar en el futuro la armonía cósmica al mundo. En la cuarta y última parte, titulada "Propuestas", se plantean las medidas concretas a implementar a corto plazo.

Es significativo que el documento esté organizado en cuatro partes, ya que este número remite a los cuatro lados del mundo que implica orden, organización y construcción (lo material) pero el centro de la argumentación discursiva está en las tres primeras partes y este número impar implica actividad y dinamismo (lo espiritual)[9] La unión del tres con el cuatro nos remite al siete que implica período o ciclo[10]. Remite también a los cuatro lados del mundo y a los tres niveles cosmológicos: el arriba, el abajo y este mundo y en este sentido el texto está organizado como una mesa ritual de un chamán en la que se delimitan los tres campos y los cuatro rumbos relacionados con un espacio y un tiempo sagrados.[11]

En la primera parte, titulada "1.Nuestra Historia" se hace una revisión del pasado, ubicándolo por etapas: El 1.1 está dedicado al origen, el 1.2 a la colonia y el 1.3 sitúa la época republicana. La parte dedicada al origen señala

1.1 En el proceso histórico, nosotros, habitantes originarios de Abya Yala desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, desarrollamos un sistema de vida y concepción del mundo en donde se mantenía el equilibrio en la relación hombre-sociedad-naturaleza,caracterizado por la reciprocidad y la redistribución.

Observamos que no se habla de un pasado fundante o mítico de manera clara, pero sí hay una referencia al pasado original, que se inscribe en un proceso histórico en el que se busca recuperar, por medio de la memoria o de la tradición oral, lo que es importante para el presente indígena y al mismo tiempo rehacer la historia propia trastrocada por la colonización. Pero esa recuperación de la historia también tiene como intención reivindicarse, dignificarse y mostrar al mundo sus valores culturales. Por eso hay una referencia a la capacidad que tenían para desarrollar un sistema de vida y una visión del mundo en armonía con el universo.

Al referirse al nosotros, son incluidos sólo los pueblos originarios de Abya Yala (América), a quienes se adjudica el haber logrado desarrollar una relación armónica - un orden mitificado y perfecto- entre el hombre, la sociedad y la naturaleza, basados en dos valores principales: la reciprocidad y la redistribución, que implica una relación de equilibrio entre el todo (concentración) y las partes (dispersión).

El siguiente párrafo señala

Nuestra concepción se traducía en una convivencia armónica y en un profundo respeto a las diferencias. El padre sol, la luna y los astros eran parte de una misma totalidad donde el orden y el equilibrio imperaban.

Su capacidad de abstracción se concretaba en una relación armónica entre el todo y las partes tanto entre los hombres como con el Cosmos. Al destacar el respeto a las diferencias que se daba entre los pueblos originarios, los autores buscan jalar desde el pasado características culturales que consideran útiles para las necesidades del presente y al mismo tiempo enfrentar el orden original con el desorden actual. Al señalar que había un "profundo respeto a las diferencias" polemizan en el pasado con el presente Occidental que trata de imponer su cultura al mundo entero. Incorporan también valores y principios básicos de los pueblos indios, como la reciprocidad y la redistribución y los enfrentan implícitamente al egoísmo individualista y la concentración de la riqueza occidentales.

Nuestro respeto a la vida y a la muerte, como el ciclo vital, era igual para las aves, los peces, las estrellas, los lagos, los cerros, los volcanes, las montañas, las lagunas, los ríos, las rocas, el viento y la vegetación de todo tipo.

El orden y equilibrio logrado por los pueblos indígenas estaba basado según el documento en el respeto a la vida y a la muerte inscrita en una visión cíclica y traducida en el respeto a todo ser vivo. Observamos en estos primeros párrafos que se hace una referencia al pasado y al orden y el equilibrio logrado por los pueblos indios, gracias al respeto a las diferencias de todo ser viviente, incluidos los que para nosotros son seres inanimados como las rocas o los cerros. Su inscripción en la vida y la muerte implica que también los lagos, los volcanes y las montañas entran en ese ciclo vital y pueden morir o ser destruidos. La insistencia en el respeto como valor, tiene como objetivo mostrar que en esa época todo el Universo estaba en su lugar y convivía de manera armónica. Todo estaba ordenado. Señala Mircea Eliade que

Instalarse en un territorio viene a ser, en última instancia, el consagrarlo. Cuando la instalación ya no es provisional, como entre los nómadas, sino permanente, como entre los sedentarios, implica una decisión vital que compromete la existencia de la comunidad por entero. "Situarse" en un lugar, organizarlo, habitarlo son acciones que presuponen una elección existencial: la elección del Universo que se está dispuesto a asumir al "crearlo". Ahora bien, este "Universo" es siempre una réplica del universo ejemplar, creado y habitado por los dioses: comparte según eso la santidad de la obra de los dioses.[12]

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[1]. Ricardo Melgar Bao, "Las utopías indígenas en América, lectura de un año nefasto" en Memoria, No. 62, enero de 1994, p.30

[2]. idem.

[3]. Rigoberta Menchú Tum y Comité de Unidad Campesina, El clamor de la tierra. Luchas campesinas en la historia reciente de Guatemala, Hirugarren Prentsa, Gipuskoa, 1992, p.122

[4]. Adolfo Colombres, La hora del bárbaro. (Bases para una antropología social de apoyo), México, Premiá, 1982, p.304

[5]. William F. Hanks. "Copresencia y alteridad en la práctica ritual maya" en De palabra y obra en el nuevo mundo. 3 La formación del otro, Madrid, España Siglo XXI, 1993, p.80

[6]. El documento está publicado en el Anuario Indigenista, 1992, VOL XXXI, México, Instituto Indigenista Interamericano, pp.411-417

[7]. Sobre el dios Tunupa o "Dios de la puerta" llamado por los Incas Viracocha, consultar el texto de Geoffrey W Conrad y Arthur A. Demarest, Religión e Imperio, México, CNCA- Alianza Editorial Mexicana, 1990 y el libro de María Rostworowski, Estructuras andinas del poder, Lima, Perú, IEP, tercera edición, 1988.

[8]. Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, México, Labor, Novena Edición, 1994,p.28

[9]. Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de Símbolos, Colombia, Labor, Décima Edición, 1994, p.156

[10]. Ibid.,p.330

[11]. Ver el libro de Douglas Sharon, El Chamán de los cuatro vientos, México, Siglo XXI,Segunda Edición, 1988.

[12]. Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Op.cit.,p.36

 
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