 |
En el último Encuentro Continental de Escritores en Lenguas indígenas,
octubre de 2000, fue moneda corriente la utilización del término
oralitura en referencia al carácter oral de una literatura practicada
por los escritores indios de diversas nacionalidades. Por ejemplo, Fredy
Romeiro, quechua yanacona de Colombia, señaló: "el
desarrollo de la oralitura es fundamental en (el rescate) de las adivinanzas,
los consejos, los cuentos, la interpretación de los sueños,
las historias inmediatas
"[3]
. Sin embargo, no dejó de extrañarnos la reiteración
de un término que adquiría carta de naturalización
en boca de quichuas y aimaras y aún de mayas. Al respecto, Adolfo
Colombres [4]
dice que el abandonar el concepto "literatura oral" por "oralitura"
es relegar dicha producción en una categoría que difícilmente
será incluida en el terreno artístico. Aun el concepto
Artes verbales propuesto por Walter Ong lo considera limitado. Este
ejemplo baste para un terreno minado en que se mueven a quienes interesa
un campo de la literatura que ha sido excluido o subordinado por castas
literarias.
Es notable la difusión de una literatura india que en otra época
se menospreció y calificó como propia de sociedades ágrafas;
contribuyó, en gran medida, su clasificación como documento
antropológico y su deslinde con lo artístico. El aspecto
medular del rechazo fue su proyección oral, la fugacidad de palabras
que el viento se llevaría, en un medio donde se enalteció
la perennidad de lo escrito. Hoy lo fugaz frente a lo perenne ya no
constituye criterio decisorio de lo literario y aun el perfil etnográfico
se desplaza. Y es precisamente su carácter oral lo que proyecta
y da realce en la actualidad a esta expresión. Sin embargo, son
otros los calificativos que permean su entorno como el llamar a quienes
la practican con el título de culturas emergentes y a la caracterización
de su producción como Reservas culturales de la literatura oral[5].
Veamos algunas de las características de estas reservas culturales
que los franceses ubican en poblaciones africanas, pero que resultan
afines a la producción indígena latinoamericana:
1)
la espontaneidad, vinculada a su carácter popular y en expresiones
de la vida cotidiana;
2) el profesionalismo, donde los célebres griots, recitadores
y rezanderos pertenecientes a una casta, "representan la acción
popular simbólica y unen la literatura oral al orden mágico";
3) la memoria colectiva y su vínculo con el saber tradicional
de la comunidad;
4) la extensión general de las literaturas orales, que rechaza
el prejuicio de la inexistencia literaria en los pueblos africanos.[6]
Los diversos pueblos del planeta se han apropiado de estas manifestaciones
culturales, hechura original de nobles y clases en el poder, las han
recreado y trasmitido. Si bien han existido relatores excepcionales
o cuentistas de oficio que siguen determinadas pautas culturales y que
han sistematizado una forma del contar tradicional sin tergiversar la
forma o estructura del relato que sería como desvirtuar acontecimientos
históricos o religiosos [7],
esta literatura oral es patrimonio colectivo, parte integral de sueños
y promesas, esperanzas y resistencias. "En ella se manifiesta la
concepción de la vida individual y social, es la memoria colectiva.
Puede ser usada para trasmitir su historia tanto legendaria o mítica,
como reciente, para enseñar las normas de comportamiento del
grupo y sus formas de organización social y religiosa, para comprender
la relación del hombre con la naturaleza (...) instrumento para
la continuidad y cohesión de la unidad social..."[8]
Memoria colectiva y espacio fundamental de subsistencia y reproducción
cultural de nuestros pueblos.
Los relatos zapatistas [9],
publicados en diarios, revistas y, posteriormente, en libros, recrean
la tradición de la oralidad. Son textos que, en primera instancia,
considero, se contaron a colectivos y ahí se probaron diversas
fórmulas, suponemos vinculadas a la tradición cultural
del grupo étnico, con una elevada intencionalidad artística.
Ese probar implicó no sólo suprimir o adicionar anécdotas
o personajes sino recuperar la memoria del grupo en la devolución
de sus relatos. También en el seno del grupo se discutiría
si el producto final, en el papel impreso, funcionaría para un
grupo de lectores mas que de oyentes vinculado a una tradición
letrada. El riesgo de transitar en un medio donde la cultura libresca
y una tradición revolucionaria ortodoxa, que restringía
espacios para la poesía o la creación, implicaba serias
descalificaciones: o se era revolucionario o se era poeta. Zapatista
a tus zapatos.
Los
relatos, con la extrañeza inicial, provocaron un agradable
impacto, sobre todo entre jóvenes memoristas y recitadores.
Relatos con un logro excepcional en un ámbito libresco, conservador
e intolerante para manifestaciones no encuadradas en géneros
literarios existentes: conservan el tono, la frescura, la coloquialidad
de un relator frente a escuchas, indios o no indios. Esta oralidad
fue producida con el efecto de la repetición de aspectos
clave que imponen determinado ritmo y musicalidad. Si bien conserva
una estructura regular en el aspecto formal su contenido cambia
y se adecua a las actuales transformaciones culturales. "Cada
tradición sirve un interés y es portadora de ciertas
estructuras en el conjunto de la cultura (...) si un cambio sobreviene
en la estructura política (por ejemplo) es probable que...
sea adaptado a la estructura así modificada..."[10]
El discurso zapatista, específicamente, los relatos, más
que informar producen una complejidad de símbolos con significaciones
novedosas. Hay una capacidad de recreación en las historias
del viejo Antonio pero siempre con estrecho nexo identitario. Relatos
que surgen del pasado, se ligan con el presente y se proyectan al
futuro. Literatura oral, producto colectivo de varias generaciones
.[11] Producción que los
diversos pueblos han pulido, enriquecido y, en algunos casos, transformado.
Esta literatura hoy se propaga gracias al Ya Basta maya, al Levantamiento
finisecular de los indios zapatistas en enero de 1994, con apropiación
de la escritura hispana y cuyo objetivo pareciera muy diferente
al de sus antepasados. Si bien los indios contemporáneos
rescatan conocimientos ancestrales, cosmogonías, creencias
y costumbres, también redactan manifiestos, proclamas y comunicados
con una elevada intencionalidad política y donde los destinatarios,
amen de la Toñita y el Heriberto -niños zapatistas-
escuchas reales o ficticias, son un público nacional e internacional.
Este hecho, el dirigirse a destinatarios que desconocen las lenguas
indias, corre el riesgo de uniformar los relatos pero, considero,
lo salva la pericia de un mediador excepcional, un traductor no
en sentido primario de la expresión sino el que interpreta
y da cauce a un pensamiento, como el relator Marcos. En el actual
proyecto indígena resulta fundamental el registro escrito
de su tradición oral como señala Gabriela Coronado:
" es una muestra de legitimidad, ante los otros, de la cultura
y la lengua de los grupos étnicos. A su vez, y como reflejo,
es también un elemento de revalorización de lo propio..."
[12]
Los elementos de cultura apropiada son ajenos, en el sentido de
que su producción y/o reproducción no está
bajo el control cultural del grupo, pero este los usa y decide sobre
ellos.
Como ejemplo, la apropiación de grabadoras portátiles,
cassettes, videos, cuyo uso permite difundir música propia,
consignas políticas [13],
entrevistas y testimonios. En el caso de los zapatistas es notable
su habilidad para apropiarse de los medios masivos como su presencia
oportuna y coyuntural en la prensa, el uso de internet.
Una distinción fundamental entre oralidad y escritura literarias
está dada por las circunstancias históricas: la oralidad,
ante la represión sistemática, la salvaguarda del
grupo y la reproducción de su cultura, se manifiesta como
una creación colectiva mientras que la obra escrita es una
manifestación individual o por un especialista en el oficio
de las letras. A la primera se le concibe en el campo artesanal
y producto de sociedades primitivas, ágrafas les llaman,
y las segundas como expresión del genio individual de la
sociedad burguesa.
La zapatista, es una propuesta que no rechaza lengua y cultura dominantes
a favor de las lenguas autóctonas sino que abre la perspectiva
del bilingüismo entre los pueblos. Es, en los hechos, un proyecto
que atiende más a la resistencia secular que a la confrontación.
Se concibe como "práctica cotidiana en la reproducción
de los espacios socioculturales propios del grupo, espacios donde
se garantiza la reproducción lingüística sin
hacerse evidente, sin mostrarse, sin provocar, en el silencio, reforzando
y trasmitiendo junto con la lengua los espacios de reproducción
de los patrones culturales, la cohesión y la continuidad
del grupo" [14]. Es así
como en el pasado ceden espacios públicos, iglesia y escuela,
a cambio de obtener "privacidad", por ejemplo, en las
labores domésticas donde las mujeres, mediante la salvaguarda
de lengua y tradición, serán el eje productor y reproductor
de su cultura.
El vínculo entre literatura oral y escrita hoy se materializa
y alcanza una difusión nuca antes vista en México.
Poetas, narradores, cuentistas indios proyectan su obra en español
y en los diversos idiomas autóctonos que, por desgracia,
algunos intelectuales califican de anacronismo en un mundo globalizado
y donde lo pertinente sería, de acuerdo a este criterio,
escribir en español y traducir al inglés, al alemán
etcétera. Tal opinión atiende a la vieja consigna
de una "literatura nacional" que hacia caso omiso de creadores
zapotecos o nahuas. La proyección de la literatura indígena,
Carlos Montemayor la califica como uno de los acontecimientos relevantes
en el México del S. XX, ha tenido su propio dinamismo y alcances
gracias al nexo entre intelectuales indígenas y mestizos
que a través de talleres, círculos de creación
y becas gubernamentales han avanzado en su proyecto. Sin embargo,
la dimensión política y cultural del movimiento zapatista
ha propiciado un clima aún más favorable para el conocimiento
de los creadores indios. Si bien la oral es una creación
colectiva fuertemente unida a la historia y con funciones en la
reproducción de las etnias, la escrita, aún en demérito
de las lenguas vernáculas, ha permitido ganar amplios espacios
sociales en una sociedad que ha pecado de intolerante y racista.
Próxima
Página • Última
Página
[1]
La primera versión de este texto fue leída en el III
Coloquio José Ma. Arguedas en la ENAH el 5 de marzo de 2001.
[2]
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana,
plantel Azcapotzalco, México.
[3]
Entrevista inédita de Carlos Huamán a Fredy Romeiro
en el Segundo Encuentro Continental de Escritores en Lenguas Indígenas,
en Chetumal, Quintana Roo, México, 12-14 de octubre de 2000.
[4]
Adolfo Colombres. Celebración del lenguaje. Bs. As. Argentina,
Ediciones del sol, 1997. P.70-71.
[5]
Stéphane Santerres-Sarkany. ¿Qué sé?
Teoría de la literatura. México, Presses Universitaires
de France- Publicaciones Cruz, 1992. P. 46.
[6]
Ibid, P. 47-48.
[7]
Vid. Carlos Montemayor. Arte y trama en el cuento indígena.
México, FCE,1998. P.15.
[8]
Gabriela Coronado Suzan "La literatura indígena: una
mirada desde fuera" en Situación actual y perspectivas
de la literatura en lenguas indígenas. México, Conaculta,
1993. P. 57.
[9]
Subcomandante Insurgente Marcos. Relatos del Viejo Antonio. México,
Centro de Información y Análisis de Chiapas, 1998.
128 pp. Las siguientes citas son tomadas de esta edición
y las insertaré en el texto entre paréntesis.
[12]
Ibidem, p. 61
[13]
Vid, Guillermo Bonfil et al. La cultura popular. México,
Premia editora,1987. P. 80.
[14]
Gabriela Coronado S. Op. Cit. p.68
|