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Trujillo: mito y emblemática de una dictadura
por Paola Torres de la Cruz



Trujillo logra el cometido que no había podido alcanzarse a pesar de los múltiples esfuerzos, reafirma la identidad nacional a partir de la oposición de “lo dominicano” al crisol de calamidades y degeneración que cunde en la parte occidental de la Isla:

“La consigna de Trujillo era unir por las fuerzas de la solidaridad, integrar la nacionalidad por obra de una exaltación del sentimiento de confraternidad entre todos los dominicanos, inculcándoles la conciencia de un destino unitario no sólo en cuanto a las posibilidades, día a día logradas, de un futuro mejor, sino también despertando en ellos un sentido de permanencia histórica de la dominicanidad por medio del culto de las hazañas de las generaciones pasadas”. (Y[26] entre estas hazañas la independencia dominicana con respecto a Haití desempeñaba el papel protagónico)


Insiste en que todos los esfuerzos por lograr el desarrollo y el progreso nacional resultarían insuficientes si no se daba una lucha frontal contra las “hordas” de inmigrantes “indeseables” que representaban el peligro y la constante obsesión haitiana de la indivisibilidad de la Isla[27].

En este empeño Trujillo decide poner remedio definitivo a la constante penetración de nacionales haitianos a Dominicana. Por vez primera, traza y delimita firmemente la línea divisoria entre los dos países para frenar la presión de unos vecinos que, acorralados por la pobreza, la erosión de los suelos y el analfabetismo amenazaban con “imponer el gourde haitiano, el animismo africano de la peor extracción”. En vastas zonas del país (como ya acontecía con las zonas fronterizas), estos haitianos “cargados de hijos y enfermedades contagiosas, como la malaria, la tuberculosis o la sífilis”, con sus “siniestras” prácticas de vudú y “costumbres contra natura como el incesto”, implicaban un retorno a un estado de oscurantismo y salvajismo que se antojaba insoportable para una “nación de origen hispánico, de puro abolengo español, de tradición cristiana”[28]:

Con este objetivo en 1933 se dicta una Ley de Inmigración para reforzar los impedimentos de entrada a todos aquellos que no pasaran la prueba de blancura. Así: “Los individuos de raza mongólica y los naturales del continente africano, que no sean de raza caucásica, pagarán los siguientes impuestos:

      1. Permiso para entrar en el territorio de la República Dominicana $300.00 dls.
      2. Permiso para permanecer en el territorio $100.00 dls.”[29] (Impuesto que fue elevado a $500.00 dls. en 1940)

Estas leyes frenaron relativamente la “penetración indeseable”,[30] pero la amenaza de la “africanización “[31] de las regiones fronterizas continuaba, y se idea una solución tajante como respuesta a esta “invasión silenciosa”: en octubre de 1937 se lleva a cabo la “Operación El Corte”. En un par de días, de 15´000 a 20´000 haitianos[32] son asesinados a machetazos por militares vestidos de civil, como una manera de enmascarar una operación oficial con visos de descontento popular ante la presencia haitiana. Como nota macabra, se dice que para distinguir entre una población mayoritariamente negra a los dominicanos de los haitianos, se le pedía a todo negro “sospechoso”que pronunciara la palabra “perejil”, término que se consideraba difícil de pronunciar para todo aquel que tenía el créole como lengua materna.

El genocidio detuvo la migración, pero eso no fue suficiente: había que exterminar los últimos reductos de negritud en un país en que el negro “sólo” era el haitiano y los demás eran “indios” de las más diversas tonalidades. La oportunidad de fomentar una migración de”razas aptas” se presenta en 1938, cuando en medio de las reuniones de Evian, con la intención de solucionar la precaria situación de los refugiados judíos de la Europa ocupada por los nazis, Trujillo [33] ofrece recibir 100´000 refugiados europeos.

Los refugiados judíos se asentaron en Sosúa, la costa norte del país, donde Trujillo donó 26´685 acres de terreno. El asentamiento era reducido[34], pero el constante apoyo económico proveniente de los Estados Unidos le permitió la construcción de casas, carreteras... Sin embargo, el origen urbano de la mayoría de los refugiados, aunado a los rumores de espías nazis infiltrados en la zona, fueron propiciando su paulatina salida rumbo a los Estados Unidos.

Los demás refugiados que arribaron al país entre 1939 y 1940 correspondían al exilio español[35]. Gran parte de ellos salían de los campos de concentración franceses a las antiguas colonias españolas que ahora prodigaban amparo. De la tripulación de los primeros barcos muchos pudieron ubicarse en el ámbito académico, sin embargo el resto fueron enviados de los puertos directamente a las diversas colonias agrícolas donde las inclemencias del tiempo, la miseria y el aislamiento de los hicieron aprovechar cualquier posibilidad de partir con dirección a México, Venezuela o el Ecuador.

Ante el fracaso de la migración posterior a la Guerra Civil española, Trujillo implementa un ambicioso plan para traer nuevamente españoles a la Isla, e insiste y privilegia este tipo de migración porque:

“La desnacionalización de Santo Domingo, persistentemente realizada desde hace más de un siglo por el comercio con lo peor de la población haitiana ha hecho progresos preocupantes. Nuestro origen racial y nuestra tradición de pueblo hispánico, no nos deben impedir reconocer que la nacionalidad se halla en peligro de desintegrarse si no se emplean remedios drásticos para la amenaza que se deriva para ella de la vecindad del pueblo haitiano.

El primer indicio de esta desnacionalización lo constituye la decadencia étnica progresiva de la población dominicana. Pero la disminución de sus caracteres somáticos primitivos es sólo el signo más visible de la desnacionalización del país que va perdiendo poco a poco su fisonomía española”.[36]

Y para cumplir este cometido Trujillo firma con su homólogo Francisco Franco el Convenio de Emigración Hispano-Dominicana[37] para llevar a la República Dominicana campesinos españoles. Entre 1955 y 1956 llegan 4’131 “agricultores” que son ubicados en 14 colonias agrícolas; estos inmigrantes permitirían borrar el “desagradable” paso de los intelectuales anarcos, socialistas y comunistas del ´39. En el primer contingente llegaron familias[38] pero el segundo grupo que arriba el 4 de junio del ´55 se caracteriza de manera notoria por la gran cantidad de solteros que reclutados en España vendrían a relacionarse con las dominicanas.

Esta vez Trujillo desembolsa una fuerte suma de dinero en la habilitación de parcelas, carreteras, escuelas, viviendas, sistemas de regadío y en pagos de pasajes de ida y vuelta, por sí las inclemencias del tiempo o las diferencias culturales impedían la adaptación. Medida preventiva que le serviría de mucho -en contra de sus deseos- cuando esta nueva emigración resultó un fracaso: más del 50 % de los españoles fueron repatriados obedeciendo las cláusulas del Convenio, sólo en marzo de 1957 se embarcaron de vuelta a España 1´369.

El objetivo principal de la política migratoria, estimular los casamientos entre españoles y nativas alcanzó logros muy reducidos a pesar del estímulo de 150 dólares por cada matrimonio mixto. Los españoles en su gran mayoría no se relacionaron con las mujeres de estas comunidades sumidas en la pobreza donde “es fácil ver a niñas de doce y catorce años en estado, niños que abusan del ron, padres y hermanos que viven juntos en la misma habitación, niñas y jóvenes fumando a todas horas; se desconocen el plato y la cuchara, hasta el extremo que el arroz, el plátano y la yuca, base de la alimentación de la gente del campo, son servidos en hojas, y se toman aquel cereal con los dedos. Las viviendas no reúnen las condiciones precisas para que pueda vivir el español. Por la noche se nota mucho frío en ellas, y por el día un gran calor. Les dan tan sólo 60 centavos por persona (25 pesetas) y con eso tienen que comer y vivir. La vida esta cara, lo único barato es el café, el ron y el tabaco”.[39]

Ante el desastre, Trujillo idea la llegada de otros colonos: 1´500 agricultores japoneses asentados en terrenos baldíos de las zonas fronterizas y colonias agrícolas productoras de verduras y hortalizas en la región montañosa del centro del país. Estos inmigrantes constituyeron el grupo que mejor se adaptó a las nuevas condiciones a pesar de las evidentes diferencias culturales. [40]

La insistencia del dictador en fomentar la migración de “razas aptas” se fue sumando a su interés cada vez más marcado en luchar contra el comunismo internacional, en noviembre de 1949 llegan a Ciudad Trujillo un total de 190 refugiados, 180 judíos rusos blancos y 10 chinos, que habían residido en Shangai[41]. De esta migración sólo permanecieron 7 personas en el país[42].

Asimismo, un grupo de 588 húngaros fue recibido en 1957 después de la rebelión comunista de Otoño. Este grupo conformado por técnicos, obreros, oficinistas y campesinos fue alojado en Duvergé, una zona fronteriza caliente, salitrosa y seca, situada por debajo del mar, ante estas condiciones el grupo fue abandonando el país de manera paulatina[43].

Su defensa del asilo humanitario a favor de los judíos perseguidos tras la “cortina de hierro”, los húngaros desplazados por las huestes soviéticas y los coreanos que huían del recién implantado gobierno comunista (política de asilo que se quedo como mero ofrecimiento), le permitieron construir en torno a su persona la imagen de pleno “defensor de la democracia y los derechos humanos” y enarbolar una bien orquestada estrategia publicitaria que le valió no pocos bonos con el gobierno estadounidense.

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[26] Herrera Báez, Porfirio. “Génesis y trayectoria de la política anticomunista del Generalísimo Trujillo”. En: La Era de Trujillo. Coord. Abelardo Nanita. Colección La Era de Trujillo. 25 años de Historia Dominicana. Impresora Dominicana. Ciudad Trujillo, 1955. Tomo I, # 7. Pág. 210

[27] Uno de los permanentes conflictos entre la República Dominicana y Haití, ha sido la idea presente en un determinado sector de la población haitiana de la “idea de la indivisibilidad de la Isla” que motivó desde principios del Siglo XIX varias incursiones de las tropas haitianas a la zona española, invasión que finalmente se materializa en la ocupación haitiana de 1822 a 1844.

[28] González Blanco, Pedro. Trujillo o la Restauración de un Pueblo. Ediciones Luis Sánchez Andujar. Ciudad Trujillo, República Dominicana, 1946. Pág. 52

[29] Colección de Leyes de la República Dominicana, año 1933. Pp.: 381-382.

[30] González Blanco, Pedro. Trujillo o la Restauración de un Pueblo. Ediciones Luis Sánchez Andujar. Ciudad Trujillo, República Dominicana, 1946. Pág. 52

[31] Término utilizado por Manuel Arturo Peña Batlle, (uno de los intelectuales más destacados al interior del trujillismo), para definir la situación de las zonas fronterizas pobladas por nacionales haitianos y/o sus descendientes.

[32] Nunca se ha establecido una cifra precisa de los haitianos asesinados en los pocos días que duro la operación, pero la cantidad estimada de haitianos asesinados en territorio dominicano oscila entre 10´000 y 25´000.

Arias Núñez, Luis. La Política Exterior en la Era de Trujillo. PUCMM, Santiago, 1991. Pág. 108

[33] La Conferencia de Evian se realizó en 1938, bajo el auspicio del gobierno de Roosevelt, con el objetivo de buscar soluciones a los miles de judíos expulsados de la Alemania nazi. Durante esta reunión, a manera de atenuante al escándalo internacional provocado por la matanza indiscriminada de nacionales haitianos en Dominicana, Trujillo se ofreció para recibir en el país unos 100´000 refugiados que serían ubicados en comunas agrícolas a las que se apoyaría con aperos de labranza, semillas, servicios sanitarios, escuelas y viviendas.

[34] La colonia judía de Sosúa se caracterizó por lo exigua de su ocupación:
otoño de 1940 - 170 colonos
octubre 1942 - 571
enero 1944 - 476

Gardiner, Harvey. La Política de Inmigración del Dictador Trujillo. Estudio sobre la creación de una imagen humanitaria. UNPHU, Santo Domingo, 1979. Págs. 109, 125, 127

[35] Llegada de refugiados españoles a la República Dominicana:
Nov. – Dic. 1939 - 1´218
Enero –mayo 1940 - 1´858
Total aprox. - 3´076
Ídem. Pág. 36.

No se conoce la cifra exacta de los refugiados españoles llegados a Dominicana, los datos anteriores corresponden los que arribaban por barcos procedentes de Francia, sin embargo muchos españoles llegaron de manera independiente. (Algunos autores como Vicente Llorens considera que 5´000 exiliados españoles fueron recibidos en el país)

[36] Es de destacar que estos son los argumentos que se esgrimen durante la Era de Trujillo para fomentar la inmigración española a la República Dominicana, sin embargo esta cita corresponde a Joaquín Balaguer y aparece en su texto “La isla al revés. Haití y el destino dominicano”, quien ha sido presidente de la República Dominicana en varias ocasiones (1960-1961, 1966-1978, 1986-1994, 1994-1996)

Editora Corripio, Santo Domingo. Novena edición, 1995. Pág. 44

[37] Convenio firmado durante la visita de Trujillo a España en 1954.

[38] 756 emigrantes españoles arribaron a Dominicana a bordo del barco “España”, el 8 de enero de 1955.
Periódico El Caribe, Ciudad Trujillo, 9 de enero de 1955.

[39] Informe Secretaría General del Ministerio de Información y Turismo de España, con motivo de la repatriación de los españoles desde Dominicana (1956)

[40] El Gobierno Dominicano había establecido que apoyaría a los japoneses dotaciones de tierra, exención de impuestos, construcción de viviendas, centros médicos y escuelas, mientras que los colonos se harían cargo de los gastos que generarían su traslado a la isla caribeña. A pesar de la generalizada apreciación de ser la migración más exitosa durante la “Era”, un importante grupo de japoneses regresó a su país de origen y denunciaron las condiciones de vida a que estuvieron sometidos en “campos vigilados por soldados armados y obligados a realizar trabajos forzados”.

Periódico Última Hora, Santo Domingo, República Dominicana/ 19 de diciembre del 2000.

[41] Las negociaciones se llevaron a cabo a través de la Organización Internacional de Refugiados (IRO), que había sustituido en junio de 1947 al Comité Intergubernamental sobre Refugiados (IGCR)

Gardiner, Harvey. La Política de Inmigración del Dictador Trujillo. Estudio sobre la creación de una imagen humanitaria. UNPHU, Santo Domingo, 1979. Pág. 168

[42] Entre julio de 1947 y diciembre de 1951 llegaron 413 refugiados de las más diversas nacionalidades (húngaros, rusos, polacos, ucranianos, rumanos, entre otros)

Idem. Pág. 176

[43] Periódico El Caribe, Ciudad Trujillo, 6 de mayo de 1957.

 
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