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Trujillo
logra el cometido que no había podido alcanzarse a pesar de
los múltiples esfuerzos, reafirma la identidad nacional a partir
de la oposición de “lo dominicano” al crisol de
calamidades y degeneración que cunde en la parte occidental
de la Isla:
Insiste
en que todos los esfuerzos por lograr el desarrollo y el progreso
nacional resultarían insuficientes si no se daba una lucha
frontal contra las “hordas” de inmigrantes “indeseables”
que representaban el peligro y la constante obsesión haitiana
de la indivisibilidad de la Isla[27].
En
este empeño Trujillo decide poner remedio definitivo a la constante
penetración de nacionales haitianos a Dominicana. Por vez primera,
traza y delimita firmemente la línea divisoria entre los dos
países para frenar la presión de unos vecinos que, acorralados
por la pobreza, la erosión de los suelos y el analfabetismo
amenazaban con “imponer el gourde haitiano, el animismo africano
de la peor extracción”. En vastas zonas del país
(como ya acontecía con las zonas fronterizas), estos haitianos
“cargados de hijos y enfermedades contagiosas, como la malaria,
la tuberculosis o la sífilis”, con sus “siniestras”
prácticas de vudú y “costumbres contra
natura como el incesto”, implicaban un retorno a un estado de
oscurantismo y salvajismo que se antojaba insoportable para una “nación
de origen hispánico, de puro abolengo español, de tradición
cristiana”[28]: Con
este objetivo en 1933 se dicta una Ley de Inmigración para
reforzar los impedimentos de entrada a todos aquellos que no pasaran
la prueba de blancura. Así: “Los individuos de
raza mongólica y los naturales del continente africano, que
no sean de raza caucásica, pagarán los siguientes impuestos:
Estas
leyes frenaron relativamente la “penetración indeseable”,[30]
pero la amenaza de la “africanización “[31]
de las regiones fronterizas continuaba, y se idea una solución
tajante como respuesta a esta “invasión silenciosa”:
en octubre de 1937 se lleva a cabo la “Operación El
Corte”. En un par de días, de 15´000 a 20´000
haitianos[32] son asesinados a machetazos
por militares vestidos de civil, como una manera de enmascarar una
operación oficial con visos de descontento popular ante la
presencia haitiana. Como nota macabra, se dice que para distinguir
entre una población mayoritariamente negra a los dominicanos
de los haitianos, se le pedía a todo negro “sospechoso”que
pronunciara la palabra “perejil”, término
que se consideraba difícil de pronunciar para todo aquel que
tenía el créole como lengua materna. El
genocidio detuvo la migración, pero eso no fue suficiente:
había que exterminar los últimos reductos de negritud
en un país en que el negro “sólo” era el
haitiano y los demás eran “indios” de las más
diversas tonalidades. La oportunidad de fomentar una migración
de”razas aptas” se presenta en 1938, cuando en medio de
las reuniones de Evian, con la intención de solucionar la precaria
situación de los refugiados judíos de la Europa ocupada
por los nazis, Trujillo [33] ofrece
recibir 100´000 refugiados europeos. Los
refugiados judíos se asentaron en Sosúa, la costa norte
del país, donde Trujillo donó 26´685 acres de terreno.
El asentamiento era reducido[34],
pero el constante apoyo económico proveniente de los Estados
Unidos le permitió la construcción de casas, carreteras...
Sin embargo, el origen urbano de la mayoría de los refugiados,
aunado a los rumores de espías nazis infiltrados en la zona,
fueron propiciando su paulatina salida rumbo a los Estados Unidos. Los
demás refugiados que arribaron al país entre 1939 y
1940 correspondían al exilio español[35].
Gran parte de ellos salían de los campos de concentración
franceses a las antiguas colonias españolas que ahora prodigaban
amparo. De la tripulación de los primeros barcos muchos pudieron
ubicarse en el ámbito académico, sin embargo el resto
fueron enviados de los puertos directamente a las diversas colonias
agrícolas donde las inclemencias del tiempo, la miseria y el
aislamiento de los hicieron aprovechar cualquier posibilidad de partir
con dirección a México, Venezuela o el Ecuador. Ante
el fracaso de la migración posterior a la Guerra Civil española,
Trujillo implementa un ambicioso plan para traer nuevamente españoles
a la Isla, e insiste y privilegia este tipo de migración porque:
El
primer indicio de esta desnacionalización lo constituye la
decadencia étnica progresiva de la población dominicana.
Pero la disminución de sus caracteres somáticos primitivos
es sólo el signo más visible de la desnacionalización
del país que va perdiendo poco a poco su fisonomía española”.[36] Y
para cumplir este cometido Trujillo firma con su homólogo Francisco
Franco el Convenio de Emigración Hispano-Dominicana[37]
para llevar a la República Dominicana campesinos españoles.
Entre 1955 y 1956 llegan 4’131 “agricultores” que
son ubicados en 14 colonias agrícolas; estos inmigrantes permitirían
borrar el “desagradable” paso de los intelectuales anarcos,
socialistas y comunistas del ´39. En el primer contingente llegaron
familias[38] pero el segundo grupo
que arriba el 4 de junio del ´55 se caracteriza de manera notoria
por la gran cantidad de solteros que reclutados en España vendrían
a relacionarse con las dominicanas. Esta
vez Trujillo desembolsa una fuerte suma de dinero en la habilitación
de parcelas, carreteras, escuelas, viviendas, sistemas de regadío
y en pagos de pasajes de ida y vuelta, por sí las inclemencias
del tiempo o las diferencias culturales impedían la adaptación.
Medida preventiva que le serviría de mucho -en contra de sus
deseos- cuando esta nueva emigración resultó un fracaso:
más del 50 % de los españoles fueron repatriados obedeciendo
las cláusulas del Convenio, sólo en marzo de 1957 se
embarcaron de vuelta a España 1´369. El
objetivo principal de la política migratoria, estimular los
casamientos entre españoles y nativas alcanzó logros
muy reducidos a pesar del estímulo de 150 dólares por
cada matrimonio mixto. Los españoles en su gran mayoría
no se relacionaron con las mujeres de estas comunidades sumidas en
la pobreza donde “es fácil ver a niñas de doce
y catorce años en estado, niños que abusan del ron,
padres y hermanos que viven juntos en la misma habitación,
niñas y jóvenes fumando a todas horas; se desconocen
el plato y la cuchara, hasta el extremo que el arroz, el plátano
y la yuca, base de la alimentación de la gente del campo, son
servidos en hojas, y se toman aquel cereal con los dedos. Las
viviendas no reúnen las condiciones precisas para que pueda
vivir el español. Por la noche se nota mucho frío en
ellas, y por el día un gran calor. Les dan tan sólo
60 centavos por persona (25 pesetas) y con eso tienen que comer y
vivir. La vida esta cara, lo único barato es el café,
el ron y el tabaco”.[39] Ante
el desastre, Trujillo idea la llegada de otros colonos: 1´500
agricultores japoneses asentados en terrenos baldíos de las
zonas fronterizas y colonias agrícolas productoras de verduras
y hortalizas en la región montañosa del centro del país.
Estos inmigrantes constituyeron el grupo que mejor se adaptó
a las nuevas condiciones a pesar de las evidentes diferencias culturales.
[40] La
insistencia del dictador en fomentar la migración de “razas
aptas” se fue sumando a su interés cada vez más
marcado en luchar contra el comunismo internacional, en noviembre
de 1949 llegan a Ciudad Trujillo un total de 190 refugiados, 180 judíos
rusos blancos y 10 chinos, que habían residido en Shangai[41].
De esta migración sólo permanecieron 7 personas en el
país[42]. Asimismo,
un grupo de 588 húngaros fue recibido en 1957 después
de la rebelión comunista de Otoño. Este grupo conformado
por técnicos, obreros, oficinistas y campesinos fue alojado
en Duvergé, una zona fronteriza caliente, salitrosa y seca,
situada por debajo del mar, ante estas condiciones el grupo fue abandonando
el país de manera paulatina[43]. Su
defensa del asilo humanitario a favor de los judíos perseguidos
tras la “cortina de hierro”, los húngaros desplazados
por las huestes soviéticas y los coreanos que huían
del recién implantado gobierno comunista (política de
asilo que se quedo como mero ofrecimiento), le permitieron construir
en torno a su persona la imagen de pleno “defensor de la democracia
y los derechos humanos” y enarbolar una bien orquestada estrategia
publicitaria que le valió no pocos bonos con el gobierno estadounidense. [26]
Herrera Báez, Porfirio. “Génesis y trayectoria
de la política anticomunista del Generalísimo Trujillo”.
En: La Era de Trujillo. Coord. Abelardo Nanita. Colección
La Era de Trujillo. 25 años de Historia Dominicana. Impresora
Dominicana. Ciudad Trujillo, 1955. Tomo I, # 7. Pág. 210 [27]
Uno de los permanentes conflictos entre la República Dominicana
y Haití, ha sido la idea presente en un determinado sector
de la población haitiana de la “idea de la indivisibilidad
de la Isla” que motivó desde principios del Siglo XIX
varias incursiones de las tropas haitianas a la zona española,
invasión que finalmente se materializa en la ocupación
haitiana de 1822 a 1844. [28]
González Blanco, Pedro. Trujillo o la Restauración
de un Pueblo. Ediciones Luis Sánchez Andujar. Ciudad
Trujillo, República Dominicana, 1946. Pág. 52 [29]
Colección de Leyes de la República Dominicana,
año 1933. Pp.: 381-382. [30]
González Blanco, Pedro. Trujillo o la Restauración
de un Pueblo. Ediciones Luis Sánchez Andujar. Ciudad
Trujillo, República Dominicana, 1946. Pág. 52 [31]
Término utilizado por Manuel Arturo Peña Batlle, (uno
de los intelectuales más destacados al interior del trujillismo),
para definir la situación de las zonas fronterizas pobladas
por nacionales haitianos y/o sus descendientes. [32]
Nunca se ha establecido una cifra precisa de los haitianos asesinados
en los pocos días que duro la operación, pero la cantidad
estimada de haitianos asesinados en territorio dominicano oscila
entre 10´000 y 25´000. Arias
Núñez, Luis. La Política Exterior en la
Era de Trujillo. PUCMM, Santiago, 1991. Pág. 108 [33]
La Conferencia de Evian se realizó en 1938, bajo el auspicio
del gobierno de Roosevelt, con el objetivo de buscar soluciones
a los miles de judíos expulsados de la Alemania nazi. Durante
esta reunión, a manera de atenuante al escándalo internacional
provocado por la matanza indiscriminada de nacionales haitianos
en Dominicana, Trujillo se ofreció para recibir en el país
unos 100´000 refugiados que serían ubicados en comunas
agrícolas a las que se apoyaría con aperos de labranza,
semillas, servicios sanitarios, escuelas y viviendas. [34]
La colonia judía de Sosúa se caracterizó por
lo exigua de su ocupación: Gardiner,
Harvey. La Política de Inmigración del Dictador
Trujillo. Estudio sobre la creación de una imagen humanitaria.
UNPHU, Santo Domingo, 1979. Págs. 109, 125, 127 [35]
Llegada de refugiados españoles a la República Dominicana: No
se conoce la cifra exacta de los refugiados españoles llegados
a Dominicana, los datos anteriores corresponden los que arribaban
por barcos procedentes de Francia, sin embargo muchos españoles
llegaron de manera independiente. (Algunos autores como Vicente
Llorens considera que 5´000 exiliados españoles fueron
recibidos en el país) [36]
Es de destacar que estos son los argumentos que se esgrimen durante
la Era de Trujillo para fomentar la inmigración española
a la República Dominicana, sin embargo esta cita corresponde
a Joaquín Balaguer y aparece en su texto “La isla al
revés. Haití y el destino dominicano”, quien
ha sido presidente de la República Dominicana en varias ocasiones
(1960-1961, 1966-1978, 1986-1994, 1994-1996) Editora
Corripio, Santo Domingo. Novena edición, 1995. Pág.
44 [37]
Convenio firmado durante la visita de Trujillo a España en
1954. [38]
756 emigrantes españoles arribaron a Dominicana a bordo del
barco “España”, el 8 de enero de 1955. [39]
Informe Secretaría General del Ministerio de Información
y Turismo de España, con motivo de la repatriación
de los españoles desde Dominicana (1956) [40]
El Gobierno Dominicano había establecido que apoyaría
a los japoneses dotaciones de tierra, exención de impuestos,
construcción de viviendas, centros médicos y escuelas,
mientras que los colonos se harían cargo de los gastos que
generarían su traslado a la isla caribeña. A pesar
de la generalizada apreciación de ser la migración
más exitosa durante la “Era”, un importante grupo
de japoneses regresó a su país de origen y denunciaron
las condiciones de vida a que estuvieron sometidos en “campos
vigilados por soldados armados y obligados a realizar trabajos forzados”.
Periódico
Última Hora, Santo Domingo, República Dominicana/
19 de diciembre del 2000. [41]
Las negociaciones se llevaron a cabo a través de la Organización
Internacional de Refugiados (IRO), que había sustituido en
junio de 1947 al Comité Intergubernamental sobre Refugiados
(IGCR) Gardiner,
Harvey. La Política de Inmigración del Dictador
Trujillo. Estudio sobre la creación de una imagen humanitaria.
UNPHU, Santo Domingo, 1979. Pág. 168 [42]
Entre julio de 1947 y diciembre de 1951 llegaron 413 refugiados
de las más diversas nacionalidades (húngaros, rusos,
polacos, ucranianos, rumanos, entre otros) Idem.
Pág. 176 [43] Periódico El Caribe, Ciudad Trujillo, 6 de mayo de 1957. |
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