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En
el imaginario del dictador el comunismo se fue convirtiendo en el
enemigo a vencer, y se fue ganando una “bien ganada”
su fama de acérrimo enemigo del comunismo, porque según
sus propias palabras: no tendría contemporarizaciones
para aniquilar todo brote comunista interno y colaboraré
con toda la decisión y la eficacia de que sea capaz para
desterrarlo de nuestra América... esta no es una actitud
caprichosa ni oportunista, sino efecto de una convicción
profunda de que el comunismo entraña la negación de
los atributos de la personalidad humana, la destrucción de
las raíces de nuestra cultura, el mayor obstáculo
para el avance de nuestra civilización y el más serio
peligro para el tesoro espiritual de que somos herederos los hombres
occidentales. Por eso mi Gobierno estará al lado de los Estados
Unidos y colaborará con él sin reservas para poner
un valladar de voluntades, de pensamientos y de energía pragmática
a la amenaza del comunismo”.[44] Desde
1947 se prohíbe terminantemente el comunismo en la República
Dominicana[45], medida que le sirve
perfectamente para eliminar cualquier individuo que representara
un peligro para el régimen, pues al ser tachado de “rojo”
o “comunista” se convertía automáticamente
en un paria social que era sujeto al abandono de amigos y familiares
(temerosos de correr la misma suerte); alguien a quien nadie empleaba
y era sometido de manera constante al incesante asedio de los miembros
del SIM (Servicio de Inteligencia Militar). En
su megalomanía, la defensa de la moralidad y los valores
cristianos y su lucha contra el comunismo no se circunscribía
a la Dominicana: se extendían a todos aquellos países
que tenían gobiernos perturbadores; así, en 1946 intenta
derribar al presidente venezolano Medina Angarita[46];
en 1945 inicia un ataque sistemático contra el gobierno de
Grau San Martín en Cuba[47];
fustiga a todos aquellos que protegen el incesante flujo de exiliados
políticos dominicanos: el gobierno costarricense de Figueres;
los de Arévalo y Arbenz en Guatemala, que acogen a la mítica
Legión del Caribe, integrada por los veteranos de
la fallida expedición contra Trujillo de Cayo Confites (1947)
y por aventureros liberales e izquierdistas que causaron una constante
preocupación al dictador. Apoya a Somoza en Costa Rica, subvenciona
a Castillo Armas para deponer a Arbenz y aunque mantiene relaciones
formales con Haití, costea un movimiento para eliminar a
Duvalier, porque Jefe en la Isla nada más él. Todas
estas historias entretejidas van conformando el mito trujillista,
mito que sigue jugando un papel fundamental en la vida dominicana.
Ciertas características de su estilo de gobernar siguen presentes
en políticos contemporáneos, como en Joaquín
Balaguer, ese personaje desconcertante y esquivo que ha sido presidente
de la República Dominicana en siete ocasiones y quien, a
pesar de sus 95 años, continua rigiendo sutilmente la vida
política dominicana. Balaguer en su libro autobiográfico
“Memorias de un Cortesano en la Era de Trujillo” define
un régimen que él mismo contribuyó a construir:
La
dictadura de Trujillo sumió al país en un sopor: “lo
peor de aquella época consistió en la aceptación
por todos, o por casi todos, de aquel cataclismo social como un
hecho irremediable”[49].
Pocas eran los personajes que se atrevían a no rendir pleitesía
al “Amo absoluto”. Excepcional es el caso del Dr. Darío
Contreras quien, cuando se disponía a realizar una cirugía
a Trujillo tuvo que responder a la consternada pregunta de un hermano
del dictador, “Doctor ¿ y qué pasa si el Jefe
se muere?, Contreras se limitó a contestar: “Si se
muere hiede a los cinco días”.[50] La
figura de Trujillo ha permanecido con tal fuerza en el imaginario
dominicano que mientras permaneció su cadáver en un
cementerio de París la procesión de los exiliados
dominicanos -producto de las diversas represiones políticas
del pasado siglo- en una suerte de exorcismo coprofílico
terminaban sus fiestas defecando y orinando en la lápida
del “Chivo”. Sin
embargo, estos rituales lejos de borrar la inquietante imagen del
fantasma lo mantienen vivo en la memoria colectiva. Trujillo no
es sólo el sanguinario dictador, el “Benefactor de
la Patria” es recordado por muchos como el primer, y único
presidente que pagó totalmente la deuda externa del país;
sentó las bases de un estado moderno, reprimiendo cualquier
enemigos y eliminando las luchas caudillistas y algunos no dejan
de experimentar un “dejo de nostalgia” por una pasado
época de “Paz, Orden y Progreso”:
¿Por
qué la actualidad del mito de Trujillo? ¿a qué
necesidades obedece que, a pesar de los años transcurridos
su figura mítica siga teniendo un peso específico
en la vida dominicana y sea un constante elemento de referencia? La
fascinación por este personaje sanguinario y contradictorio
sigue presente y aun es eficaz para subyugar a propios y extraños:
La figura de Trujillo genera sentimientos encontrados y ambiguos.
El poder omnímodo que ejerció el dictador es simultáneamente
temido y respetado. Para
un sector de la población la Era de Trujillo significó
una época de esplendor, el momento en que ese pequeño
país caribeño se coloca en el escenario mundial: declara
la guerra a la Alemania nazi[52]
y al fascismo italiano; se enarbolaba como defensor de la democracia
y protector de los perseguidos por razones políticas o religiosas
(aunque seamos conscientes, años después, que las
razones de tal recepción eran muy ajenas al humanitarismo);
logra la independencia económica y soluciona de manera “tajante”
el problema de la inmigración haitiana. Trujillo
se atreve, en su muy personal estilo, a solucionar muchos de los
conflictos latentes en la sociedad dominicana: Ante una “identidad
difusa” refuerza toda una ideología sobre los orígenes
gloriosos de la nación dominicana, mezcla de indígenas
indomables y orgullosos y de españoles de “buena casta”
y probada condición moral. Todos los vicios y peligros sólo
podían atribuirse al pueblo haitiano y toda “degeneración”,
racial o moral, era fruto de las continuas incursiones haitianas
al lado este de la isla. Al
crear un enemigo común fortalece los lazos de solidaridad,
logra una cohesión ante una “alteridad” que amenaza,
confiere al haitiano ese “peligroso otro” que está
contenido en uno mismo. Con la matanza de haitianos, simbólicamente
se eliminaba de tajo lo “negro, salvaje, bárbaro e
ignoto” que se teme descubrir en si mismo. En
el imaginario Trujillo asume, quizás, un papel heroico, dejando
de lado las consideraciones morales sobre el papel del héroe
y considerando la definición de Roger Caillois de que héroe
es aquel que encuentra una solución a los conflictos sea
esta “una salida feliz o desdichada”. Este
“héroe como proyección del propio individuo:
como imagen ideal de compensación que tiñe de grandeza
su alma humillada” [53]-,
puede llevar a cabo el acto tabú y solucionar con la transgresión
los conflictos que a los hombres las prohibiciones sociales y culturales
les impiden resolver[54]. Y
este héroe tiene una doble función: soluciona el conflicto
y carga con las culpas, “de allí su derecho superior,
no tanto al crimen, como a la culpabilidad, siendo la función
de esa culpabilidad la de halagar al individuo que la desea sin
poderla asumir”. Resumo:
O artigo traça o processo de mitificação do
ditador Rafael Leonidas Trujillo que domina com crueldade a Republica
Dominicana por 31 Anos. A criação do mito foi possivel
porque, citando Roger Callois, [ Trujillo] “ é um herói
como projeção do próprio indivíduo,
como imagem ideal de compensação que pinta de grandeza
sua alma humilhada”. Abstract:
This article tracks down the construction of the mythical figure
of Rafael Leonidas Trujillo, the vicious dictator of the Dominican
Republic for the last 31 years. The myth owes its development to
the fact that “[Trujillo] is a hero that functions as a projection
of the individual himself, as an ideal image of compensation that
adorns with grandeur his humiliated soul”.
[45]
Galíndez, Jesús de. La Era de Trujillo.
Editora Cole, Santo Domingo, 1999. Pág. 365 [46]
Ídem. Pág. 188 [47]
Ídem. Pág. 194 [48]
Balaguer, Joaquín. Memorias de un cortesano en la “Era
de Trujillo”. Editora Corripio, Santo Domingo, 1996.
Pág. 65 [49]
Ídem. [50]
Ídem. Pág. 91 [51]
Lora, Ana Mitila. Sepultureros del genocidio. Periódico
Listín Diario, Santo Domingo, República Dominicana,
23 de mayo de 1999. Págs. 14 A – 15 A. [52]
Hitler, ante ésta declaración, se limitó
a hundir el único barco importante de la Marina de Guerra
Dominicana. [53]
Caillois, Roger. El mito y el hombre. Fondo de Cultura
Económica. México, 1993. Pág. 27 [54] Ídem. Págs. 28-29 |
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