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Cuando
inicié este trabajo me asaltó la duda, cómo abordar
un personaje como Trujillo, de quien se ha escrito prácticamente
todo lo posible, incluida la magnífica novela de “La Fiesta
del Chivo” que explora, a partir de personajes ficticios, los
terrenos más tenebrosos, sórdidos y a veces increíbles
de esta dictadura caribeña. La
fascinación que ejerce entre propios y extraños ha generado
decenas de investigaciones, unas cuantas novelas y un par de películas
que han tenido como eje central un dictador que a pesar de su asesinato
hace ya cuarenta años sigue estando presente en el imaginario
colectivo dominicano y permeando la vida política, cultural y
social de la isla. Sin
embargo, esta especie de deslumbramiento no es exclusiva de Dominicana.
En América Latina, que a través de los años ha
tenido que ser testigo y víctima de diversas dictaduras, la fascinación
por el tema ha quedado plasmada en obras que han intentado recrear el
ambiente malsano, la represión, el miedo y el letargo que parecen
acompañar las dictaduras; así “La Novela de Perón”
de Tomás Eloy Martínez, la descripción de la dictadura
guatemalteca de Estrada Cabrera que consigue Miguel Ángel Asturias
en “El Señor Presidente”, “Yo, el supremo”
de Roa Bastos, “El Recurso del Método” de Alejo Carpentier.....
o el delirio total y la soledad que trasudan el dictador de “El
Otoño del Patriarca” de Márquez, son claros ejemplos
del eterno embeleso que parece ejercer este ser omnipotente, megalómano
y despiadado llámese Trujillo, Duvalier, Stroessner o Ubico.
Estos
personajes vienen a ser la materialización del “Mal”,
hecho que nos atrae y repele simultáneamente. Por esto, a pesar
de los años transcurridos puede atrapar al lector la historia
del “Chivo”, éste macho cabrío desbordante
de sexualidad y poder que comandando con mano dura media isla por más
de tres décadas alcanzó fama mundial y logró colarse
entre la más “connotados” tiranos del mundo, por
supuesto con el atractivo que confiere las singularidades y excentricidades
de un déspota caribeño. La
novela es medio idóneo, terreno fértil para retratar y
hacernos sentir el ambiente opresivo, la asfixia y el sin sentido de
la dictadura, agudizado por este “Jonás geográfico”[3]
que entraña la condición insular. Podemos
sentir las miradas y los oídos que acechan en cada esquina y
podemos comprender que una de las razones más poderosas que provoca
que las dictaduras se eternicen es el silencio y el temor que nos va
convirtiendo, consciente o inconscientemente, en cómplices a
cada uno de nosotros. Sin
embargo, en el caso del “Chivo”, la realidad superó
a la ficción, de tal manera que Vargas Llosa obvió muchos
relatos verídicos que ilustran la personalidad de Trujillo y
su familia, por considerar que serían inverosímiles para
la mayoría de nosotros. Porque la parafernalia trujillista fue
construyendo a lo largo de 31 años un personaje mítico,
un ser mesiánico, que por encima de los infortunios de la naturaleza
se erige como el pacificador, el reconstructor de una nación,
a la que ha arrebatado del infortunio para llevarla a las “más
altas cumbres de la vida occidental y la caridad cristiana”. Este
“predestinado”, a decir de su corte, es señalado
desde que nace por la Providencia:
Todas
las historias que se generaban en torno a su persona venían a
robustecer y redondear el mito: Su
capacidad de trabajo se convirtió en algo proverbial: a las 4:00
de la mañana se despertaba y se enteraba de todas las novedades,
desde las noticias internacionales hasta los chismes locales[5].
Metódico y sistemático cada día trabajaba hasta
las siete de la noche y después de cenar visitaba a la “excelsa
matrona” doña Julia y recorría a pie el trayecto
que lo llevaba al malecón. Era el momento en que se discutían
los asuntos y con su trato preferencial o su indiferencia separaba los
afortunados de los que iban cayendo en desgracia. Desconfiado prefería
tener a todos vigilados y controlados, dispuestos a cualquier cosa por
ganarse el favor del Jefe. Impecablemente
vestido soportaba de manera estoica las altas temperaturas y la humedad
enfundado en su traje de etiqueta o en su uniforme militar, que complementaba
en las grandes ocasiones con un barroco bicornio de plumas de avestruz
coronando su testa[6]. Lo que confirmaba
que él, el Generalísimo, contrariamente al resto
de los mortales nunca sudaba. Su
narcisismo era tan acusado que en repetidas ocasiones salía del
baño totalmente desnudo para que la camarilla de aduladores exclamara
con admiración: “¡Qué cuerpo! ¡Qué
blancura de piel! (“Mentira que es mulatón”,
denuncia José Almoina) ¡Qué formas! ¡Qué
musculatura! ¡Así se explica que las mujeres no resistan
al Jefe!”.[7] Trujillo
se maquillaba constantemente en su afán de ocultar los visibles
rasgos negros que debía agradecer a su abuela materna de origen
haitiano[8] Luisa Erciná Chevalier.
Para atenuar tan “desagradable” herencia, sus antecedentes
haitianos quedaron ocultos en un estudio genealógico que remontaba
el origen de su familia a la Casa de Borgoña, del Poitou, de
Flandes, de Bretaña y de Anjou y no al continente africano[9]. Pero
sus proezas físicas no se limitaban a estos aspectos, era un
mujeriego reconocido y probado, que cada semana permanecía 2
ó 3 días en la legendaria Casa de Caoba de su natal
San Cristóbal, ya fuese con prostitutas, desflorando vírgenes
elegidas cuidadosamente para la ocasión, o disfrutando de las
esposas de sus funcionarios más cercanos, por supuesto para “que
todo quedara en familia”. Democrático en sus preferencias
no discriminaba entre señoras de noble alcurnia, niñas
clase-medieras del interior, estudiantes u oficinistas, lo que demostraba
que el Jefe era un “machazo”, un auténtico “Gallo”.
Y a decir de Almoina[10], tampoco despreciaba
los representantes de su propio sexo siendo el más constante
de sus amantes Manuel de Moya, un guapo ex modelo de calzoncillos y
Glostora, que por sus habilidades amatorias había sido elevado
al cargo de distinguido diplomático[11]. El
control del “Jefe” era absoluto, cualquier sospechoso de
conspiración o deslealtad podía terminar de huésped
de “La 40”, “El 9”[12]
o víctima de los más crueles tratos en el manicomio del
Km 28. Unos lograban sobrevivir a las torturas ideadas por Johnny Abbes[13]
y sus secuaces, los que no, eran arrojados a los tiburones en las inmediaciones
del matadero de reses de la Autopista Sánchez. Nadie parecía
escapar a la mirada inquisitiva del Jefe, que mantenía
su régimen de “orden y paz”a través de una
impresionante red de espías que controlaban los movimientos de
todos: el limpiabotas, el vecino o el compañero de trabajo podían
ser pagados por las huestes de Chapita[14].
El temor cobraba formas inusitadas, así durante la estancia de
un grupo de exiliados anarquistas en las colonias agrícolas de
la provincia de San Juan de la Maguana, los campesinos alertan a los
españoles de los peligros que entraña hablar de Trujillo.
No hay hora del día, ni sitio que escape a su control, cuando
la red de caliés[15]
deja de trabajar, los poderes sobrenaturales vienen en su auxilio, pues
el Jefe durante las noches “manda a las brujas” a
escuchar las conversaciones.[16] Cada
día la gente esperaba con ansía el periódico para
revisar con mano temblorosa la sección de “El Foro Público”,
columna que rezumaba el malestar de Trujillo destruyendo reputaciones
y condenando al ostracismo a los que caían de su gracia y pasaban
a engrosar la funesta lista de los “desafectos”[17].
Implacable
con sus enemigos idea la manera de deshacerse de todo aquel que atenta
con sus intereses. En 1956 secuestra a Jesús Galíndez[18]
en Nueva York, a quien, según cuenta la “leyenda”,
le hace comer una por una de las páginas de su tesis doctoral
“La Era de Trujillo”, para después arrojar a los
tiburones la masa informe en que se había convertido su cuerpo.
A Almoina, el español en el que depositó su confianza
y a quien nunca perdonó su traición lo hizo vivir en constante
zozobra en su auto-exilio en México donde finalmente lo asesina
en 1960. La larga lista incluye los dos atentados contra su declarado
enemigo, el presidente venezolano Rómulo Betancourt, al que intenta
asesinar con una jeringa llena de veneno cuando transita por una concurrida
calle de La Habana, y al que finalmente destroza las manos cuando un
coche bomba estalla en Caracas justo cuando el automóvil presidencial
pasaba por el lugar. Esto, sin contar el alucinante episodio orquestado
por Abbes cuando envía a un despistado piloto para inundar las
calles de Caracas con volantes contrarios a Betancourt: El piloto no
encuentra Caracas y deja caer en tierras curazoleñas miles de
papeletas ante la mirada incrédula de los locales. Este
poder absoluto y sin limitaciones aislaba a Trujillo, elevándolo
por encima de los demás, transformado en el “Dios Padre”,
el “Dios Gran Macho”, que encarna el rol de protector, el
“monarca paterno y dominador”[19]
y explica la atmósfera de culto mesiánico que se traducía
en la placa que ostentaban miles de hogares dominicanos con la frase
“Dios y Trujillo”. La
mitificación de Trujillo comienza temprano. Poco después
de ascender al poder, Trujillo debe enfrentar una gran catástrofe
natural, el ciclón de San Zenón[20]
y, con ello, severos daños a los cultivos agrícolas de
las zonas este y sur del país y la destrucción de gran
parte de las construcciones de madera que cubrían los barrios
pobres de la capital . Esta es la oportunidad para que el dictador,
cual “héroe civilizador” permita que el pueblo dominicano
deje de ”ser asistido exclusivamente por Dios para serlo igualmente
por una mano que parece tocada desde el principio de una especie de
predestinación divina: la mano providencial de Trujillo”[21].
El
dictador se convierte en Benefactor de la Patria y Padre de la Patria
Nueva (títulos que se le otorgan en reconocimiento por sus
hazañas) cuando desafía las inclemencias de la Naturaleza
que, “en diabólico aquelarre las aguas y los vientos, Santo
Domingo de Guzmán, como las ciudades de la Escritura ha dejado
de existir”[22]. Ante estas desgracias
casi apocalípticas:
Como
señala Balaguer, la Providencia con el ciclón de 1930
marca un “parte-aguas”, “cierra el ciclo del predominio
en la historia del país de las fuerzas de la naturaleza, para
abrir en cambio el del predominio en la historia de la acción
del hombre que se supera en la energía constructiva y en la voluntad
creadora”.[24] La
obra civilizadora de Trujillo no se limita a la reconstrucción
física del país, su renovación toca todos los órdenes
de la vida nacional: -
Moderniza, construye urbanizaciones, carreteras, escuelas, iglesias,
remoza las ciudades, introduce el agua potable y la electricidad, inicia
un proceso de desarrollo de las principales zonas urbanas, fundamentalmente
de Santo Domingo, que agradecida por su reconstrucción
en 1936 recibe con beneplácito la ley, por supuesto motivada
por la “incesante demanda popular”, estableciendo que establece
desde ese momento la capital del país se llamara Ciudad Trujillo[25]. -
Pacifica un país desolado por las luchas entre caciques locales
y guerrillas (por supuesto logra esta “paz” a partir de
la persecución sistemática y muchas veces la desaparición
física de todo aquel que constituya un estorbo para sus planes). Próxima
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Página [1]
Etnóloga, formada pela Escola Nacional de Antropologia e
História do México, D.F. Trabalha no Conselho Nacional
da Cultura e das Artes (Conaculta ) no México como subdiretora
de atenção a públicos específicos (criação
de programas culturais para este público). Atualmente investiga
a experiência de exilados republicanos espanhóis nas
colônias agrícolas dominicanas (1939-1945) durante
a ditadura de Trujillo. [2]
Cita de José Castellanos. “Trujillo y el pueblo dominicano
en los últimos 25 años”. En: La Era de Trujillo.
Coord. Abelardo Nanita. Colección La Era de Trujillo. 25
años de Historia Dominicana. Impresora Dominicana. Ciudad
Trujillo, 1955. Tomo I, # 7. Pág. 70 [3]
Durand, Gilbert. Las estructuras antropológicas
de lo imaginario. Ed. Taurus, Madrid, 1981. Pág. 228 [4]
Así reseña la familia Logroño el “afortunado”
nacimiento del Generalísimo. Publicado en la primera página
del Diario La Nación del 24 de octubre de 1946. Citado
por José Almoina en: Una Satrapía en el Caribe.
Historia Puntual de la Mala Vida del Déspota Rafael Leonidas
Trujillo. Editora Cole, Santo Domingo, 1999. Pág. 272 [5]
Crassweller, Robert. Trujillo. La trágica aventura
del poder personal. Editora Central del Libro, Santo Domingo,
1996. Pág. 91 [6]
Crassweller, Robert. Trujillo. La trágica aventura
del poder personal. Editora Central del Libro, Santo Domingo,
1996. Pág. 95 [7]
Almoina, José. Una Satrapía en el Caribe. Historia
Puntual de la Mala Vida del Déspota Rafael Leonidas Trujillo.
Editora Cole, Santo Domingo, 1999. Pág. 36 [8]
Luisa Erciná Chevalier, fue hija no reconocida de un oficial
del ejército haitiano y de Dieta Chevalier, haitiana que
había llegada a Dominicana durante los años de la
ocupación (1822-1844) [9]
González-Blanco, Pedro. Genealogía de los apellidos
Trujillo, Molina, Valdés, Monagas y Chevalier. Imprenta
Gráficas Uguina, Madrid, 1956. Pág. 199 [10]
José Almoina, de origen español llega como exiliado
político a la República Dominicana en noviembre de
1939, con su esposa y tres de sus hijos, una cuarta hija nacería
en Ciudad Trujillo. Se inserta en el medio académico imparte
clases en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo
Domingo, es profesor de la Escuela Diplomática y Consular
de la Cancillería dominicana y nombrado en 1942 preceptor
de Ramfis, hijo mayor del Generalísimo. En 1944 se le concede
la ciudadanía privilegiada y en 1945 es designado secretario
particular del dictador, cargo que ostenta hasta su salida a México
en 1947. Trujillo
nunca le perdonará su salida y menos aun la publicación
de “Una satrapía en el Caribe” (editado
en 1949) que, cuyo autor Gregorio Bustamante era un seudónimo
bajo el que se amparaba Almoina para relatar los aspectos íntimos
y menos agradables de Trujillo y su familia. El enojo del dictador
provocó en venganza el asesinato de Almoina el 4 de mayo
de 1960 en la Ciudad de México. Almoina,
José. Una Satrapía en el Caribe. Historia
Puntual de la Mala Vida del Déspota Rafael Leonidas Trujillo.
Editora Cole, Santo Domingo, 1999. [11]
Ídem. Pág. 199 [12]
Conocidos centros de tortura durante la Era de Trujillo. [13]
Jefe de los servicios de seguridad durante los últimos años
de la dictadura trujillista. Abbes organizó el fallido atentado
contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt
(En: Balaguer, Joaquín. Memorias de un cortesano de la
“Era de Trujillo”. Editora Corripio, Santo Domingo,
1996. Págs. 224-226 [14]
Apodo por el que era conocido Trujillo durante su infancia. [15]
Término por el que eran conocidos los espías miembros
del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). [16]
Testimonio de la Sra. Carmen Carbó. Anarquista española
de origen catalán que se exilia en República Dominicana
con su esposo e hija recién nacida. Residen por un período
en la colonia agrícola de San Juan de la Maguana 1941-2.
/ Entrevista realizada por Paola Torres en la Ciudad de México,
enero 2001. [17]
Dentro de la terminología acuñada por los servicios
de inteligencia de Trujillo, había una gama de enemigos del
régimen según el grado de virulencia, los desafectos
activos, que habían sido descubiertos conspirando contra
“El Jefe” (la mayoría de estos era torturados
y asesinados); los desafectos pasivos que a pesar de no demostrársele
participación en complot alguno no comulgaban con la dictadura
(sometidos a constante vigilancia y aislados socialmente) y el nebuloso
grupo de los dudosos o indiferentes, objeto de sospecha por
su constante capacidad de esquivar los compromisos con el Partido
Dominicano y Trujillo, compromisos que ningún dominicano
debía o podía eludir. Vega,
Bernardo. Unos desafectos y otros en desgracia. Sufrimientos
en la dictadura de Trujillo. Fundación Cultural Dominicana,
Santo Domingo, 1986. [18]
Jesús de Galíndez llegó a República
Dominicana como en 1939 refugiado después de que los republicanos
perdieran la Guerra Civil española. A su llegada imparte
clases en la escuela diplomática de la Cancillería
y trabaja en la Secretaría de Trabajo como consultor jurídico,
a pesar de gozar de buenos cargos durante el régimen marcha
hacia los Estados Unidos donde se convierte en representante del
gobierno vasco en el exilio e imparte docencia en la Universidad
de Columbia, y se le asocia con la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) como informante. En Nueva York prepara su tesis doctoral “La
Era de Trujillo”, un exhaustivo estudio sobre la tiranía
con información importante que pudo recopilar durante su
época de funcionario público. El
texto le valió la repulsa de Trujillo y su secuestro el 12
de marzo de 1956, varias de las personas implicadas en la operación
fueron desapareciendo poco después del escándalo internacional. Enciclopedia
Dominicana. Ediciones Enciclopedia Dominicana, S.A., santo Domingo,
1976. Tomo III, Págs.165-166. [19]
Durand, Gilbert. Las estructuras antropológicas de lo
imaginario. Editorial Taurus, Madrid, 1982. Pág. 129 [20]
El 3 de septiembre de 1930 el Ciclón de San Zenón
causó profundos daños en la agricultura y destrozó
unas 4´000 casas de las 7´000 que se encontraban distribuidas
por la Ciudad de Santo Domingo. [21]
Balaguer, Joaquín. “Dios y Trujillo: Una interpretación
realista de la historia dominicana”, en: La Era de Trujillo.
Compilado por Abelardo Nanita. Colección La Era de Trujillo.
25 años de Historia Dominicana. Impresora Dominicana, Ciudad
Trujillo, 1955. Tomo I, Pág. 61 [22]
Logroño, Arturo. “Elogio de la Ley del 11 de enero
de 1936, que dispone el cambio de nombre de la ciudad de Santo Domingo
de Guzmán por el de Ciudad Trujillo”. En: La Era
de Trujillo. Coord. Abelardo Nanita. Colección La Era
de Trujillo. 25 años de Historia Dominicana. Impresora Dominicana.
Ciudad Trujillo, 1955. Tomo II, # 8. Pág. 11 [23]Ídem.
Pág. 12 [24]
Balaguer, Joaquín. “Dios y Trujillo: Una interpretación
realista de la historia dominicana”. En: La Era de Trujillo.
Coordinación de Abelardo Nanita, Colección La Era
de Trujillo. 25 años de Historia Dominicana. Impresora Dominicana.
Ciudad Trujillo, 1955. Tomo I, # 7. Pág. 58 [25] Ley del 11 de enero de 1936. |
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