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Artigos
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Algunos
reportes de investigación en México han registrado
la presencia creciente de imaginarios religiosos que provienen de
una cultura globalizada (ejemplo de ello, son la presencia de imaginarios
creyentes vinculados con tradiciones orientales como la creencia en
la reencarnación, o propiamente New Age, como creer
en Dios bajo la fórmula de una energía cósmica
en las formas en que los mexicanos, en su mayoría católicos,
están renovando el sentido de sus creencias trascendentales)
[2], que en muchas situaciones y dado
el arraigo que el catolicismo tiene en México, se manifiestan
y cobran nuevos sentidos en el seno de las tradiciones populares estrechamente
ligadas al catolicismo popular. Los
nuevos eclecticismos religiosos mexicanos, se manifiestan como síntesis
de un memoria mitológica acumulada que se nutre de saberes
y rituales prehispánicos, símbolos católicos
y una cultura mass-mediada que pone a disposición del
consumo cultural una gama de conocimientos de tipo mágico-esotérico
y que a la vez los conecta con una red planetaria, incluso cósmica,
comúnmente denominado como movimiento New Age. Es una
expresión globalizada de la religiosidad, pero a la vez anclada
en las tradiciones preexistentes, que lejos de diluir las tradiciones
vinculadas a la magia, catolicismo popular, y de salud basada en los
conocimientos herbolarios, las resacralizan.
En México, siendo un país cuya población se manifiesta
mayoritariamente católica (90% de la población mexicana
se define como católica, según los resultados del Censo
Nacional de Población 1990), en contraste con otros países
de Europa y Norte América donde se ha estudiado este fenómeno,[3]
la secularización no tuvo impacto en el abandono o disminución
de las creencias ligadas al cristianismo, ni en los niveles participación
ritual.[4] Tampoco ha afectado de manera
contundente, en la pérdida de influencia de la Iglesia católica,
aunque algunas áreas como la moral sexual se han emancipado
de los valores y dogmas propios del catolicismo, y las costumbres
familiares se han transformado drásticamente. Otro dato interesante
es que el crecimiento de conversiones a iglesias no católicas
(protestantes, evangélicas, pentecostales o paraprotestantes),
si bien es creciente, (y en algunas regiones del país como
la del sureste y la frontera con Estados Unidos ha tenido un incremento
sorprendente), en el panorama nacional siguen siendo minoritarias.
Lo que sí es y ha sido un rasgo característico del fenómeno
religioso en México y Latinoamérica, ha sido la el uso
y la apropiación popular de la religión. Ello en gran
parte se explica por la persistencia y dinamismo que históricamente
ha mostrado la religiosidad popular en México. Como hace algunos
años los señalaron Rostas y Droogers, en la religiosidad
popular se viven permanentemente los procesos de redefinición
y reinterpretación del sentido práctico de la religión;
se negocian y confrontan constantemente las relaciones de poder de
dominación y resistencia, tanto entre la iglesia oficial y
los creyentes, como entre las relaciones de clase:
“Los
usuarios de religiones (populares) están poco preocupados por
el origen de sus creencias y prácticas y sí, en cambio,
por la eficacia de su versión de la religión. Ellos
se apropian de símbolos u los aplican o los reinterpretan en
situaciones particulares con el fin de ayudarse a sí mismo
(a resolver sus dificultades financieras o curarse de alguna enfermedad.
Los usuarios de la religión popular no tienen escrúpulos
acerca de mezclar e incorporar elementos a fin de satisfacer sus necesidades,
independientemente de que ellas sean espirituales o materiales. (Rostas
y Droogers 1995:87). La
nebulosa esotérica: imaginarios globales para sincretismos
populares La
nebulosa esotérica es un rasgo contemporáneo de la religiosidad
popular. Se configura a partir del bricolage de elementos provenientes
de tradiciones y saberes heterogéneos. Son religiosidades hechas
a la carta que, por un lado toman prestado elementos de religiones
y culturas ancestrales (orientales, hindús, africanas, prehispánicas
y cristianas) y los combinan con retazos de las tradiciones gnósticas,
como son el esoterismo, la magia y el espiritismo; también
pueden estar influenciados por movimientos de orientación psicoterapéutica
o de Potencial Humano, contacto con extraterrestres, grupos ecologistas,
indígenas y de salud alternativa que proporcionan caminos místicos
de experiencias sagradas y trascendentes (Gutiérrez 1998: 333).
Este
tipo de fenómeno se manifiesta como un rasgo de la religiosidad
contemporánea en los tiempos de la globalización y el
consumo, a lo largo y ancho del mundo, como la posibilidad de un sincretismo
que vincula saberes de oriente con occidente, tendencias modernas
basadas en la ciencia, la tecnología y la cultura de masas
con conocimientos ancestrales basados en los conocimientos mágicos,
la medicina herbolaria, en las deidades prehispánicas y en
los mitos sobre la presencia de fuerzas sobrenaturales. Se le ha denominado
a través de distintos conceptos de uso común como lo
son New Age (Heelas 1996, Melton 1990 y Ellwood 1992) Nuevos
Movimientos Religiosos (Barker 1992), religiosidades a la carta, nueva
nebulosa esotérica (Hervieu-Léger y Champion 1990),
religión posmoderna (Mardones 1994). Estas formas de nombrar
el fenómeno describen, sobre todo, una lógica de funcionamiento
general, que tiene más que ver con una suerte de operaciones
basadas en el consumo individualizado de la religiosidad, que con
contenidos y estructuras de sentido precisas. La geografía
y ubicación de estas nuevas formas de resignificar, usar y
practicar la religiosidad es difícil de ubicar, ya que están
asociadas con el consumo de mercancías de bienes y servicios
relacionados con la salud, la música, la nutrición,
la literatura esotérica y de auto superación, los productos
ecológicos y de medicina alternativa. Preferimos
llamarles religiosidades que conforman una nebulosa místico-esotérica
(Champion 1995 y Mardones 1994), debido a su carácter flexible
y fluctuante, no institucionalizado. No se ubican en las clasificaciones
tradicionales de las religiones, como las iglesias o las sectas, sino
que operan mediante una amplia red flexible de intercambios. Una red
de redes: "una religiosidad abierta, que rastrea lo sagrado y el misterio
por todos los vericuetos de la realidad" (Mardones 1994: 162).
La nebulosa esotérica funciona mediante un sistema de consumo
de “religiosidad a la carta”, con lo cual se rechaza la
regulación y normatividad de las instituciones religiosas sobre
las prácticas y las creencias en beneficio del principio de
soberanía individual (Champion 1995:717). Pero, por otro lado,
en el contexto latinoamericano el mantener la adscripción al
catolicismo tiene que ver con la necesidad de transmitir una referencia
de identidad con el paso de las generaciones: la pertenencia religiosa
constituye un punto de relación histórica y una herencia
familiar que hay que transmitir. Para Hervieu-Léger la referencia
a la autoridad legitimadora de una tradición funciona en dos
planos: tanto como principio de identificación social por incorporación
a una comunidad creyente, como de diferenciación con aquellos
que no forman parte de dicho linaje (Hervieu-Léger 1996:38-39). [1]
Una primera versión de este artículo fue presentado
en el IV Encvuentro de Investifadores del Fenómeno Religioso
en el Centro Occidente de México realizado en el ITESO,
Guadalajara, Mex. 22 y 23 de marzo del 2001. [2]
Los datos del la Encuesta Internacional de Valores, muestra
la incorporación de imaginarios no católicos entre
los mexicanos, en el alto índice de creencia en la Reencarnación
(45.%), siendo el más alto entre los 22 países
encuestados. (Campbell y Curtis 1994). En un estudio similar
realizado en 1996 en la ciudad de Guadalajara, esta tendencia
aparece también reflejada una tercera parte de la muestra
se imagina a Dios como fuerza vital y energía y una esta
parte se representa la vida del más allá como
reencarnación (véase Fortuny et al 2000). [3]
Datos de Inglaterra, España, Francia, EUA [4] Los resultados de la investigación World Values Survey, aplicada entre 1981 y 1983, donde se comparan 22 países del mundo, confirman que en México, siendo un país mayoritariamente católico, el catolicismo no es meramente nominal sino practicante: el índice de participación en servicios religiosos es muy alto, ocupando el segundo lugar, sólo después de Irlanda (54% asiste semanalmente a misa y 75% lo hace mensualmente. (Cambell y Curtis 1994). |
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