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RELIGION, SOCIEDAD CIVIL E INCREMENTO DEL CAMPO RELIGIOSO CUBANO EN LOS 90
por Dr. Jorge Ramírez Calzadilla
Departamento de Estudios Sociorreligiosos
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)
La Habana, agosto de 2000



El análisis de la religión y su movimiento en diferentes momentos históricos y sociedades concretas, permite constatar una diversidad no sólo de formas en el fenómeno sino en particular de intensidad e importancia en la vida social y en la cotidianeidad de los individuos. Es común en algunos autores señalar que en ciertas circunstancias que repercutan negativamente en la población, especialmente en períodos de crisis social, bien sea por procesos emergentes, cambios bruscos en la organización económica o estatal, por situaciones de guerra o grandes calamidades naturales, se produce como regularidad un incremento de la intensidad e importancia de la religión. En el mundo contemporáneo, por otra parte, es frecuente encontrar criterios de que se asiste a una crisis generalizada que parte de una crisis de la racionalidad, de paradigmas y de valores sociales. Algunos concluyen que ello impulsa a una vuelta a la religión y una necesidad de mística (Betto 1991 y Boff 1993).

Específicamente respecto a la sociedad cubana de los años 90, al ritmo de una profunda crisis económica de notables repercusiones, es opinión generalizada que se ha verificado una explosión religiosa. Un primer examen de esta realidad revela de inmediato un conjunto de datos que conducen a considerar efectivamente un reactivamiento religioso respecto al momento inmediato anterior y a otros precedentes.

Pero en estos incrementos hay que considerar también la relatividad determinada por el punto de partida, es decir, cuál es la importancia que en situaciones "normales" adquiere la religión en una sociedad determinada, además de las formas religiosas que se incrementan considerando el conjunto de expresiones religiosas existentes y las modalidades que adquiere el fenómeno.

Delimitar si efectivamente existe un aumento de la significación religiosa y cuál es el grado que alcanza, implica partir de las características del fenómeno religioso en su conjunto y en las formas con que se manifiesta, de sus relaciones con otros factores de la sociedad y asociar todo ello a sus raíces. Pero se trata no sólo de describir lo que acontece, es más importante aún intentar explicarlo, encontrar por tanto las razones y los mecanismos que intervienen, es sobre todo una cuestión metodológica.

En este punto no puede desconocerse la diversidad de fenómenos en interrelación. La religión, como las demás formas de conciencia es heterogénea y multideterminada, por lo que no puede ser interpretada desde un único ángulo ni por un reducido grupo de factores y menos aun por uno solo, sino por un conjunto que opera en sistema. Un análisis de tal naturaleza debe tener en la objetividad su premisa metodológica; significa ajustarse con rigor a los hechos, no partir de prejuicios ni asumir la defensa a toda costa de ideas no constatadas en la realidad social concreta.

Sobre la religión en Cuba abunda una literatura que preferencia el enfoque político y tiende generalmente a deducir el curso religioso, principalmente las relaciones Iglesia-Estado, desde una óptica cristianocentrista como si la significación de la religión en su conjunto dependiese del estado en que la Iglesia Católica se encuentra en la sociedad. Por otra parte, es frecuente que se mida el desarrollo de la sociedad civil cubana a partir principal y hasta exclusivamente del nivel y capacidad de acción de las iglesias, a las que incluso se las ubica en un papel de oposición política frente al proyecto social como única opción de reafirmación de la sociedad civil dentro de la que estas instituciones se sitúan. El análisis cuidadoso y la propia práctica social permiten comprobar lo erróneo de ambas aseveraciones.

Cabe entonces preguntarse ¿cuál es el tipo de religiosidad prevaleciente en Cuba?, ¿es el religioso un fenómeno sometible a voluntarismos?, ¿cuál es en realidad la significación social de la religión en la sociedad cubana y por qué?.

Ante el reactivamiento actual que es el tema central de este trabajo, en tanto hecho sociológicamente abordable, se derivan tres cuestionamientos principales:

  1. ¿Ocurre realmente un incremento religioso, es demostrable?.

  2. De comprobarse, ¿qué factores intervienen en la generación de ese incremento?.

  3. ¿Cuáles serían las probables derivaciones de tal fenómeno?.

Al primer problema puede responderse afirmativamente. Existe un conjunto de indicadores, cuantitativos y cualitativos, que demuestran un incremento religioso, por cierto notable, en la sociedad cubana al concluir la década de los ochenta y a lo largo de la siguiente, en especial en su primera mitad.

.El propósito principal aquí consiste entonces en examinar el comportamiento del campo religioso en la década de los 90, realmente más bien a partir de 1989, con la caída del Muro de Berlín y la debacle del campo socialista con que se inauguraba el llamado período especial. Nos proponemos comprobar el reavivamiento religioso a través de un conjunto de indicadores, intentar caracterizarlo y evaluar repercusiones.

Para este estudio nos hemos apoyado en varias investigaciones desarrolladas por el equipo del Departamento de Estudios Sociorreligiosos (DESR) del CIPS, los resultados de aplicaciones de observaciones, entrevistas -estructuradas, semiestructuradas y no estructuradas- conteos, análisis de documentos. Una importante fuente lo ha constituido el contacto directo con el medio religioso en diferentes actividades.

Por distintas razones no hemos abarcado toda la década en estudio. Los años que restan siguen sometidos a investigaciones y en ocasión posterior daremos oportunamente los resultados en los que examinaremos el curso del fenómeno que ahora hemos llamado reavivamiento, determinando en qué aspectos continúa o si recesa finalmente buscando estabilidad como parece está ahora ocurriendo según podremos ver con lo que a continuación se expone.


El contexto social, las condiciones del período especial

Los años 90 transcurridos han estado dominados en la sociedad cubana por las condiciones de una situación crítica, básicamente en la economía pero con diversas repercusiones en otros campos, tanto en las relaciones materiales como en la vida espiritual.

Cuba llega a esta década con un conjunto variado de indicadores de signo negativo respecto al desarrollo social que ya comenzaba a expresarse y cuyo agravamiento no era difícil pronosticar finalizando los ‘80, cuando ya el discurso oficial incluía conceptos como “opción cero” y “período especial en tiempo de paz”. El país empezaba a prepararse para enfrentar una difícil situación que entonces se preveía aunque a escala social no en todo su alcance como es lógico.

Se iniciaba un nuevo período en la etapa revolucionaria que estimamos, con toda la relatividad que comporta establecer periodizaciones, tiene en 1989 su año inicial. Desde poco antes, la dirección política había llamado al proceso de “rectificación” ante deficiencias que se hicieron evidentes. El campo socialista empezaba a desintegrarse desde antes de la caída del muro de Berlin y con la orientación que se advertía en la perestroika soviética se desmoronaba el socialismo con su consiguiente amenaza no tan sólo económica sino también de generar un vacío en el modelo referente, por cierto idealizado en la conciencia social.

La crisis cubana se hace efectiva al desaparecer la posibilidad del mercado externo en un 85% con la relativa seguridad que significaron las relaciones con el CAME.

El incremento de las agresiones norteamericanas en el bloqueo con la Ley Torricelli primero y la Helms Burtton después agravaron aun más la situación. Cuba debía lanzarse al mercado internacional con una estructura que conservaba la monoproducción y una industria no azucarera con cierta infraestructura creada pero dependiente en combustible, materias primas y tecnología desde el exterior, a lo que se sumaban los costos en fletes, los altos intereses de financiamiento en caso de poderse obtener y la compra de alimentos y medicamentos obstaculizada por el bloqueo.

La crisis tocó fondo en 1993 y 1994 produciéndose situaciones conflictivas como intentos de salida ilegal del país con empleo de la violencia y la de los “balseros” –que llevó a acuerdos migratorios entre Cuba y Estados Unidos- y los sucesos de Agosto en Ciudad de La Habana. En 1995 y 1996 comienza a detenerse el empeoramiento y a aparecer indicios de recuperación. Es sabido que desde inicios de los ´90 el país comenzó a adoptar un grupo de medidas encaminadas a evitar consecuencias mayores e intentar recuperación. La Dra. Mayra Espina (Espina 1998) las sintetiza y agrupa textualmente del siguiente modo:

  • Rediseño del sistema de propiedad: aparición del sector de economía mixta y de capital extranjero; ampliación de la pequeña producción urbana y rural; extensión y diversificación del sector agropecuario; decrecimiento del sector estatal.

  • Modificación del papel del estado en la economía: ampliación del rol de los mecanismos de mercado y potenciación de la planificación estratégica.

  • Reforma empresarial que incluye modificaciones en las formas de estimulación por el trabajo.

  • Reestructuración de las de empleo y las fuentes de ingreso.

  • Potenciación de nuevos sectores económicos como el turismo y la biotecnología.

  • Legalización de la tenencia de divisas y dualidad monetaria.

Las medidas han tenido repercusiones en diversos campos de la sociedad y en marcos menos amplios, como la construcción de estrategias de supervivencia familiar y personal; pero las consecuencias de la crisis económica generan riesgos lo mismo en la vida material que en la espiritualidad, muy comentadas en la literatura cubana y sobre Cuba. Entre otros están: surgimiento de diferencias sociales con los consiguientes sentimientos de desigualdad después de un período largo tendiente a la homogeneización; tendencias consumistas sobre todo en los sectores más favorecidos; prácticas antisociales y delictivas emergentes o ampliadas; individualismos, corrientes de pensamiento y actitudes ajenas a la rectora y de desaliento, frustración y evasión.

Un aspecto muy discutido, de particular interés a los efectos de lo que estamos examinando, es si se está verificando una crisis de valores. Lo cierto es que hay modificaciones en el conjunto de valores construidos o estimulados en los años precedentes; de modo que algunos se reducen, crecen o cambian de sentido y surgen o resurgen otros incluso tradicionalmente tenidos por antivalores. Este es un aspecto que merece un estudio a profundidad.

En estas circunstancias es que se producen modificaciones dentro del campo religioso cubano y en el lugar de las organizaciones religiosas respecto al conjunto que conforma la sociedad civil en los marcos del referido incremento.

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