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Específicamente respecto a la sociedad cubana de los años
90, al ritmo de una profunda crisis económica de notables repercusiones,
es opinión generalizada que se ha verificado una explosión
religiosa. Un primer examen de esta realidad revela de inmediato un
conjunto de datos que conducen a considerar efectivamente un reactivamiento
religioso respecto al momento inmediato anterior y a otros precedentes.
Pero en estos incrementos hay que considerar también la relatividad
determinada por el punto de partida, es decir, cuál es la importancia
que en situaciones "normales" adquiere la religión en una sociedad
determinada, además de las formas religiosas que se incrementan
considerando el conjunto de expresiones religiosas existentes y las
modalidades que adquiere el fenómeno.
Delimitar si efectivamente existe un aumento de la significación
religiosa y cuál es el grado que alcanza, implica partir de las
características del fenómeno religioso en su conjunto
y en las formas con que se manifiesta, de sus relaciones con otros factores
de la sociedad y asociar todo ello a sus raíces. Pero se trata
no sólo de describir lo que acontece, es más importante
aún intentar explicarlo, encontrar por tanto las razones y los
mecanismos que intervienen, es sobre todo una cuestión metodológica.
En este punto no puede desconocerse la diversidad de fenómenos
en interrelación. La religión, como las demás formas
de conciencia es heterogénea y multideterminada, por lo que no
puede ser interpretada desde un único ángulo ni por un
reducido grupo de factores y menos aun por uno solo, sino por un conjunto
que opera en sistema. Un análisis de tal naturaleza debe tener
en la objetividad su premisa metodológica; significa ajustarse
con rigor a los hechos, no partir de prejuicios ni asumir la defensa
a toda costa de ideas no constatadas en la realidad social concreta.
Sobre la religión en Cuba abunda una literatura que preferencia
el enfoque político y tiende generalmente a deducir el curso
religioso, principalmente las relaciones Iglesia-Estado, desde una óptica
cristianocentrista como si la significación de la religión
en su conjunto dependiese del estado en que la Iglesia Católica
se encuentra en la sociedad. Por otra parte, es frecuente que se mida
el desarrollo de la sociedad civil cubana a partir principal y hasta
exclusivamente del nivel y capacidad de acción de las iglesias,
a las que incluso se las ubica en un papel de oposición política
frente al proyecto social como única opción de reafirmación
de la sociedad civil dentro de la que estas instituciones se sitúan.
El análisis cuidadoso y la propia práctica social permiten
comprobar lo erróneo de ambas aseveraciones. Cabe
entonces preguntarse ¿cuál es el tipo de religiosidad prevaleciente
en Cuba?, ¿es el religioso un fenómeno sometible a voluntarismos?,
¿cuál es en realidad la significación social de la
religión en la sociedad cubana y por qué?. Ante el reactivamiento actual que es el tema central de este trabajo, en tanto hecho sociológicamente abordable, se derivan tres cuestionamientos principales:
Al
primer problema puede responderse afirmativamente. Existe un conjunto
de indicadores, cuantitativos y cualitativos, que demuestran un incremento
religioso, por cierto notable, en la sociedad cubana al concluir la
década de los ochenta y a lo largo de la siguiente, en especial
en su primera mitad. .El
propósito principal aquí consiste entonces en examinar
el comportamiento del campo religioso en la década de los 90,
realmente más bien a partir de 1989, con la caída del
Muro de Berlín y la debacle del campo socialista con que se inauguraba
el llamado período especial. Nos proponemos comprobar el reavivamiento
religioso a través de un conjunto de indicadores, intentar caracterizarlo
y evaluar repercusiones. Para
este estudio nos hemos apoyado en varias investigaciones desarrolladas
por el equipo del Departamento de Estudios Sociorreligiosos (DESR) del
CIPS, los resultados de aplicaciones de observaciones, entrevistas -estructuradas,
semiestructuradas y no estructuradas- conteos, análisis de documentos.
Una importante fuente lo ha constituido el contacto directo con el medio
religioso en diferentes actividades. Por
distintas razones no hemos abarcado toda la década en estudio.
Los años que restan siguen sometidos a investigaciones y en ocasión
posterior daremos oportunamente los resultados en los que examinaremos
el curso del fenómeno que ahora hemos llamado reavivamiento,
determinando en qué aspectos continúa o si recesa finalmente
buscando estabilidad como parece está ahora ocurriendo según
podremos ver con lo que a continuación se expone.
El
contexto social, las condiciones del período especial Los
años 90 transcurridos han estado dominados en la sociedad cubana
por las condiciones de una situación crítica, básicamente
en la economía pero con diversas repercusiones en otros campos,
tanto en las relaciones materiales como en la vida espiritual. Cuba
llega a esta década con un conjunto variado de indicadores de
signo negativo respecto al desarrollo social que ya comenzaba a expresarse
y cuyo agravamiento no era difícil pronosticar finalizando los
‘80, cuando ya el discurso oficial incluía conceptos como
“opción cero” y “período especial en
tiempo de paz”. El país empezaba a prepararse para enfrentar
una difícil situación que entonces se preveía aunque
a escala social no en todo su alcance como es lógico. Se
iniciaba un nuevo período en la etapa revolucionaria que estimamos,
con toda la relatividad que comporta establecer periodizaciones, tiene
en 1989 su año inicial. Desde poco antes, la dirección
política había llamado al proceso de “rectificación”
ante deficiencias que se hicieron evidentes. El campo socialista empezaba
a desintegrarse desde antes de la caída del muro de Berlin y
con la orientación que se advertía en la perestroika
soviética se desmoronaba el socialismo con su consiguiente amenaza
no tan sólo económica sino también de generar un
vacío en el modelo referente, por cierto idealizado en la conciencia
social. La
crisis cubana se hace efectiva al desaparecer la posibilidad del mercado
externo en un 85% con la relativa seguridad que significaron las relaciones
con el CAME. El
incremento de las agresiones norteamericanas en el bloqueo con la Ley
Torricelli primero y la Helms Burtton después agravaron aun más
la situación. Cuba debía lanzarse al mercado internacional
con una estructura que conservaba la monoproducción y una industria
no azucarera con cierta infraestructura creada pero dependiente en combustible,
materias primas y tecnología desde el exterior, a lo que se sumaban
los costos en fletes, los altos intereses de financiamiento en caso
de poderse obtener y la compra de alimentos y medicamentos obstaculizada
por el bloqueo. La crisis tocó fondo en 1993 y 1994 produciéndose situaciones conflictivas como intentos de salida ilegal del país con empleo de la violencia y la de los “balseros” –que llevó a acuerdos migratorios entre Cuba y Estados Unidos- y los sucesos de Agosto en Ciudad de La Habana. En 1995 y 1996 comienza a detenerse el empeoramiento y a aparecer indicios de recuperación. Es sabido que desde inicios de los ´90 el país comenzó a adoptar un grupo de medidas encaminadas a evitar consecuencias mayores e intentar recuperación. La Dra. Mayra Espina (Espina 1998) las sintetiza y agrupa textualmente del siguiente modo:
Las
medidas han tenido repercusiones en diversos campos de la sociedad y
en marcos menos amplios, como la construcción de estrategias
de supervivencia familiar y personal; pero las consecuencias de la crisis
económica generan riesgos lo mismo en la vida material que en
la espiritualidad, muy comentadas en la literatura cubana y sobre Cuba.
Entre otros están: surgimiento de diferencias sociales con los
consiguientes sentimientos de desigualdad después de un período
largo tendiente a la homogeneización; tendencias consumistas
sobre todo en los sectores más favorecidos; prácticas
antisociales y delictivas emergentes o ampliadas; individualismos, corrientes
de pensamiento y actitudes ajenas a la rectora y de desaliento, frustración
y evasión. Un
aspecto muy discutido, de particular interés a los efectos de
lo que estamos examinando, es si se está verificando una crisis
de valores. Lo cierto es que hay modificaciones en el conjunto de valores
construidos o estimulados en los años precedentes; de modo que
algunos se reducen, crecen o cambian de sentido y surgen o resurgen
otros incluso tradicionalmente tenidos por antivalores. Este es un aspecto
que merece un estudio a profundidad. En
estas circunstancias es que se producen modificaciones dentro del campo
religioso cubano y en el lugar de las organizaciones religiosas respecto
al conjunto que conforma la sociedad civil en los marcos del referido
incremento. |
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